viernes, 24 de julio de 2026

25 de julio. LA PRECIOSA SANGRE Y EL SACERDOCIO. MES A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

 


25 de julio.

LA PRECIOSA SANGRE Y EL SACERDOCIO

 

MES

A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

DE JESÚS

 

ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS

 

Por la señal…

 

ORACIÓN INCIAL

Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.

25 de julio.

LA PRECIOSA SANGRE Y EL SACERDOCIO

 

Con el sacramento del Orden Sagrado son consagrados los sacerdotes cuya tarea principal es consagrar, ofrecer la Hostia Inmaculada, e instruir al pueblo en la doctrina de Cristo. En una palabra: hacer presente a Jesús mismo y su ministerio de salvación en la Iglesia. El sacerdote, por el poder recibido en la ordenación, está por encima de los ángeles.

Jesús instituyó sacerdotes de la nueva alianza a los apóstoles en la Última Cena, cuando, tras instituir la Eucaristía, mandó a los apóstoles que hicieran lo mismo. El confirió el sacerdocio a aquellos hombres sencillos que había elegido para estar con él y enviarlos a predicar.

Desde entonces, nunca ha dejado a su Iglesia sin sacerdotes, para que apliquen sobre todos los hombres los méritos y gracias que él nos ha ganado con su Sangre derramada en la cruz. ¡Ministro de la Sangre de Cristo!, es el sacerdote. ¡Qué grandeza se esconde en la apariencia de un hombre cualquiera! «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.» (2 Co 4,7-10)

En el sacrificio de la Misa, Nuestro Señor Jesucristo continúa ofreciendo, por medio de las manos del sacerdote, su Preciosísima Sangre por los mismos fines por los que la derramó en la cruz: a) para rendir a Dios digna adoración (fin latréutico); b) para agradecerle sus beneficios (fin eucarístico); c) para aplacar la justicia divina (fin expiatorio); d) para obtener las gracias que necesitamos (fin impetratorio).

 

PROPÓSITO

Rezar 3 Avemarías por los sacerdotes a la Reina de los Apóstoles.

 

EJEMPLO

El beato Francisco Lippi de Siena, huérfano desde muy joven, llevó una vida de libertinaje. Dios, que quería salvarlo, lo hirió de ceguera, pero le abrió los ojos del alma. Francisco peregrinó a Santiago de Compostela, en España, y allí sanó. Tras consagrarse a una vida de penitencia, la Virgen María lo invitó a ingresar en la Orden de los Carmelitas como laico.

Un viernes, mientras meditaba sobre la Pasión del Señor, Jesús se le apareció, traspasado en la cruz, con las heridas sangrantes, y le dijo: «Mira, Francisco, cuánto he sufrido por los hombres, ¡y piensa en la ingratitud de estos!». Ante estas palabras, el bienaventurado Francisco se sintió débil. Tomó el látigo y se azotó hasta sangrar para expiar sus pecados y los de los hombres, y desde ese día llevó consigo el crucifijo para recordar siempre los dolores de su Salvador.

 

 

PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS

Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).

Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos:

 

LETANÍAS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO