Jueves de la VIII semana después de Pentecostés
Del pecado del primer hombre.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Jueves de la VIII semana después de Pentecostés
Del pecado del primer hombre.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo habiendo criado Dios al hombre y enriquecídole de tantos dones como arriba dijimos, añadiendo mercedes a mercedes, crio a la mujer para que le acompañase sacándola de su costilla, y se la dio por compañera para que le ayudase a servir en el gobierno y propagación del mundo; en que tienes mucho que meditar. Lo primero cómo le crio solo para que, como dice san Agustín, cobrase amor a la soledad y se diese sus tiempos a ella. Lo segundo cómo le dio compañía, porque como dice el Espíritu Santo: mejor es estar dos juntos que uno, porque se acudan el uno al otro. Pide a Dios que te dé tal compañía, que te ayude a servirle y no te sea causa de ofenderle como Eva a Adán. Lo tercero pondera cómo sacó a la mujer de la costilla que está junto al corazón, porque se habían de amar. cordialmente ¡Oh si todos estuviésemos unidos y enlazados con el vínculo de perpetua caridad! Ruégale a nuestro Señor que te la dé con todos, y saca propósitos de procurarla y conservarla cuanto fuere de tu parte, y juntamente deseos de ayudar a tus prójimos en todo cuanto pudieres y te hubieren menester, haciendo cuenta que te ha criado Dios en el mundo para compañero y coadjutor suyo, como crio a Eva para coadjutor de Adán.
PUNTO II. Considera el precepto que les puso de no comer del árbol de la ciencia del bien y el mal, dándoles mesa franca de todos los demás; y fueron tan ingratos que solo de este comieron, traspasando el mandato de Dios. Entra en cuenta contigo, y mira si has imitado a tus padres, siendo ingrato a tu Criador y traspasando sus preceptos, por seguir tus antojos y dar paso a tus apetitos. Considera la multitud y grandeza de beneficios que has recibido de su mano, y cuán mal los has pagado, y llora tus ingratitudes y las ofensas que has cometido contra Dios, con amargura de tu alma y contrición de tu corazón.
PUNTO III. Considera la ira que concibió Dios contra los primeros padres por una culpa al parecer no muy grave, y el castigo con que los castigó; pues luego los llamó a juicio, y los oyó y condenó a privación de bienes y destierro del paraíso, y a ellos y a todos sus descendientes echolos juntamente de su gracia. Perdieron la justicia original, el señorío de sus pasiones, la obediencia de las criaturas inferiores, y quedaron sujetos a innumerables miserias y condenados a perpetuo infierno, y todos sus descendientes nacen en enemistad de Dios. Considera la infinidad de trabajos, hambres, pestes, guerras, diluvios, muertes que han venido al mundo por este pecado, y los que están penando en el infierno por él y los que penarán en adelante; y es tal su malicia, que no se da por satisfecha la justicia divina. Pon los ojos en Cristo crucificado y contempla lo que padece, y todo fue por el pecado de Adan y por redimirnos de su culpa. Carga el peso de la consideración en la gravedad y malicia de un solo pecado, y mira qué hará Dios por tantos como tú has cometido, cuando por solo uno da tan grave y continuado castigo. Reconoce la grandeza de la culpa por el peso de la pena, y humíllate en el acatamiento del Señor, pidiéndole perdón de tus pecados y proponiendo firmísimamente no ofenderle en la más mínima cosa por todo cuanto hay o puede haber en el mundo.
PUNTO IV. Considera los pasos por donde pecaron nuestros padres, para que procures evitar los. El primero fue, como dice Ruperto, desenvoltura y libertad en la mujer, asomándose a las cercas del paraíso; que si guardara el recogimiento que pedía su estado, estuviera resguardada de caer en el pecado que cayó. El segundo fue soltura de lengua y curiosidad escusada, poniéndose a hablar con el demonio de la serpiente. El tercero olvido de la muerte, creyendo a la serpiente que no morirían si comían, como se lo había dicho Dios. El cuarto deseo de honra y ambición de ser como Dios, creyendo los silbos engañosos de Satanás. El quinto gula, dando pasto a su apetito, comiendo contra el precepto de Dios. Contempla despacio estos pasos, y pídele gracia a nuestro Señor para desviarte de ellos y seguir los contrarios que enseñó Cristo, para acertar a servirle y alcanzar tu salvación.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones