sábado, 26 de septiembre de 2026

LA CURACIÓN DEL PARALÍTICO. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 


XVIII domingo después de Pentecostés

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: LA CURACIÓN DEL PARALÍTICO

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

XVIII domingo después de Pentecostés

DE LA DOCTRINA DEL EVANGELIO: LA CURACIÓN DEL PARALÍTICO

El Evangelio es de san Mateo, en el cap. 9, adonde dice que, aportando Cristo a su ciudad, le trajeron un paralítico enfermo en la cama; y atendiendo a la fe de los que le traían, le dio salud, mandóle tomar su cama y volverse a su casa, con admiración del pueblo y espanto de todos.

 

PUNTO PRIMERO. Considera en este paralítico, gafo de pies y manos, sin poderse mover, hecho un retrato de duelos, la miseria del hombre y su flaqueza, y cuál quedó por el pecado, sin fuerzas ni virtud para obra buena; y pide a Dios su gracia para servirle. Humíllate en su acatamiento, reconociendo cómo por ti no tienes fuerzas para nada, y que todo lo bueno te viene de su divina mano, de quien lo has de esperar.

 

PUNTO II. Considera la viva fe de los que trajeron el paralítico a Cristo en su misma cama, con firme confianza de alcanzar la salud de su poderosa mano, como con efecto la alcanzaron; y acusa tu poca fe y muerta esperanza, por la cual no alcanzas lo que pides. Avívala en todas tus peticiones con el ejemplo de éstos, y no descaezcas ni perdones a trabajo o diligencia, que Dios gusta de ello, y que pidas e instes con mucha confianza, para concederte lo que pides.

 

PUNTO III. Considera la liberal benignidad del Salvador, el cual, al punto que llegaron y le rogaron por el enfermo, sin más largas ni dilación se inclinó a su petición y le concedió la salud. Aprende a ser liberal con los pobres y enfermos, y afectuoso con todos, inclinándote a sus ruegos y socorriendo con presteza y liberalidad sus necesidades, mirando en todos a Cristo, a quien representan, y curándolos por su amor, como tú quisieras ser oído y curado de Él.

 

PUNTO IV. Considera la magnificencia de Cristo, la cual fue tan grande en esta ocasión, que pidiéndole la salud del cuerpo para este enfermo, le dio la del cuerpo y la del alma, perdonándole sus pecados. Engrandece su liberalidad, y gózate de tener un Dios y un Señor tan magnífico, que da mil veces más que le sabemos pedir. Ponte en su presencia, y represéntale tus necesidades, y confía en su bondad, que Él te dará más que tú le sepas pedir. Esfuerza tu corazón, y no seas corto en rogarle y suplicarle, que mayor es su liberalidad que tu necesidad, y más voluntad tiene de darte que tú de recibir. Exclama con este pueblo y di con afectos de tu corazón: «Bendito, y alabado, y glorificado sea tal Señor, y el que vino con tal potestad a los hombres para darles salud.»

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.