jueves, 24 de septiembre de 2026

DÍA 25. EL VERDADERO RELIGIOSO DEBE BUSCAR ESTA HUMILDAD. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DÍA 25

EL VERDADERO RELIGIOSO DEBE BUSCAR ESTA HUMILDAD

 

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 25

EL VERDADERO RELIGIOSO DEBE BUSCAR ESTA HUMILDAD

¡Oh, padres y hermanos míos, los que tratamos de oración y decimos que meditamos y contemplamos dos o tres horas cada día!, mi gran temor es que no nos encontremos en ella con Dios, sino con nosotros mismos y de esa contemplación poco se vea crecer en humildad y en deshacernos y aniquilarnos.

No quiero tratar de las cosas exteriores que uno pueda ofrecer, sino de las ofrendas interiores, de las cuales cada día nos podemos desnudar para ser verdaderamente humildes. Nuestro corazón siempre produce y de él brotan cosas nuevas, y desnudándolo le haríamos mucho provecho, a Dios servicio y a la humildad cortesía. Dios aprecia la pequeñez de nuestros bienes y esos pensamientos pequeños que anidan en nuestro corazón.

Según esto, hermano, corta flores de buenos pensamientos y buenos propósitos. Esto es dar algo y dejar muy poco para tener mucho y poseerlo todo, porque si el humilde de esas pocas cosas se deshace, lo hace tan solo y únicamente para tener propiedad y posesión en el mismo Dios.

¡Oh, qué ciencia y qué gramática es ésta la del humilde! Dice el humilde que no es merecedor de tratar con Dios y, al mismo tiempo, es indigno de tan gran bien, y por ello se arroja en la profundidad y el abismo de la nada; y por allí, no solo no se desvía de Dios, sino que se acerca a él más y más. “Si me acuesto en el abismo, allí te encuentro”: allí halla a Dios. El que por su humildad no lo quiso en la exaltación, lo halló con facilidad en el abatimiento.

Toda esta gramática consiste en saber declinar, dejando de lado nuestro orgullo natural, y en saber adjetivar y juntar nuestra nada con aquel océano de ser y poder de Dios, nuestros pecados con su misericordia, sus méritos con su justicia, nuestra ignorancia con su sabiduría. De esta unión nace saber que de Dios son todas las cosas entre las que está él, y de esa unión entre Dios y todas las cosas nace un amor verdadero. Dios se comunica de modo particular con el humilde, de donde este saca fuerzas para padecer y valentía para invocarlo y llamarlo.

¡Oh, dichosa gramática en la cual, bajando un hombre a su misma nada, se encuentra con Dios y ya nada le falta! Nadie se sienta pobre para con Dios, desnúdese de cuanto tiene. Rompa ese corazón, déselo a pedazos, que ése quiere Su Majestad: “desgarren su corazón y no sus vestiduras”. El corazón roto y contrito bien lo recibirá Dios.

Por ello, cuando el religioso está deshecho debe de sentirse consoladísimo, porque entonces será rehecho; cuanto más bajo esté, más será levantado; cuanto más esclavo se sepa, recibirá mayor trato de rey; cuanto más pobre se sienta, será enormemente enriquecido, incluso hasta hacerse señor del mismo Dios, porque de todo ello es digno cuando uno se hace verdadero siervo de Dios.

Eso tiene el humilde que, alumbrándolo Dios e hiriéndolo con sus rayos como sol de justicia, lo deshace y, deshecho, se hace Dios su siervo y amigo. A todo eso llega la humildad, a convertir a un hombre deshecho y gusano en un Cristo crucificado.

Si el justo se deshace y, deshaciéndose, se hace siervo y esclavo, en medio de esos derretimientos halla el humilde al mismo Dios tan humillado y hecho gusano pisoteado en un madero.

¡Dios mío y todas mis cosas!, que quien todo lo dejó por el mismo Dios, bien es que el mismo Dios, que es todo, todo sea del humilde. Dios, por quien es, nos dé el conocimiento de esta virtud, el procurarla, el tenerla, para que por ese camino alcancemos lo que deseamos.

 

JACULATORIA: El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh Dios, tú no lo desprecias. (Salmo 50, 19)

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.