miércoles, 23 de septiembre de 2026

DÍA 24. EL CONOCIMIENTO DE DIOS, PRINCIPIO DE LA HUMILDAD. TREINTENA DE LA HUMILDAD



DÍA 24

EL CONOCIMIENTO DE DIOS, PRINCIPIO DE LA HUMILDAD.

 

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

 

 

DÍA 24

EL CONOCIMIENTO DE DIOS, PRINCIPIO DE LA HUMILDAD.

Contemplemos la visión de Isaías: aquellos serafines que tenían seis alas y estaban delante de Dios: ellos con dos alas se cubrían el rostro, con las otras dos se tapaban los pies y con las otras dos de en medio volaban. Como quien dice: ojos que están en presencia de Dios, tápense y nada vean, cúbranse y oculten los pies, porque delante y en presencia de tanta majestad no pueden parecer bajeza; solo el corazón palpite y se menee con unos pasos compasados, entregándole a Dios solo el deseo de alabarle y bendecirle.

¿Qué otra cosa pudo significar el caer en tierra los tres apóstoles en la transfiguración, cuando oyeron la voz del Padre que dijo: “Este es mi hijo muy amado”, sino arrojarse en tierra, como quien por tierra y nada se confiesa en presencia de tal testimonio y tal hijo?

La contemplación de Dios y su grandeza y majestad es la que humilla a un hombre y le hace reconocer su poquedad y bajeza; y que quien tiene corazón para amar y descubrir quién es Dios, no tiene ojos para mirarse a sí, y su poquedad la considera por tan grande que gusta de taparla, desaparecerla delante de un ser tan infinito.

¿Qué tienen que decir ante esto los soberbios y presuntuosos del mundo, aquellos a los que se les hace estrecho el mundo, aquellos para los que faltan títulos y ningún nombre satisface su soberbia y presunción? A éstos hay que decirles que están y viven lejos de Dios, tienen su ser y su asiento en las tinieblas, que para ellos no ha amanecido para que conozcan y escudriñen los misterios de Dios.

¡Oh, qué bien dijo el Espíritu Santo!: el principio y origen de la soberbia es no conocer a Dios, no escudriñar sus misterios, no penetrar sus secretos, no mirar a Dios sino mirarse a sí.

“Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor”. Sí, que en presencia de tal Señor con quien hablo, todo eso y más se vuelve polvo y ceniza y se deshace entre las manos.

Lo mismo dice Job: “¿Quieres asustar a una hoja que se lleva el viento, perseguir una paja seca?”. Y en otro capítulo: “Recuerda que me hiciste como se amasa el barro, y que al polvo has de devolverme”. Con tener en aquel muladar tantos ojos como llagas, no los tiene para ver en sí más que un poco de lodo.

Lo propio significa cuando David dice: “¿A quién sino a ti tengo yo en el cielo? Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra”. Que ni en la tierra hay nada ni en el cielo algo sino Dios a quien ama y quiere, en cuya comparación y presencia las grandezas del cielo dejan de ser; y las riquezas, reinos, mandos y señorío con todo lo demás que contiene la tierra, no lo estima ni quiere, sino solo a Dios.

 

JACULATORIA: «Señor, dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis años, para que comprenda lo caduco que soy». (Salmo 39,5)

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.