lunes, 21 de septiembre de 2026

DÍA 22. CRISTO, NUESTRO MODELO DE HUMILDAD TREINTENA DE LA HUMILDAD

 



DÍA 22

CRISTO, NUESTRO MODELO DE HUMILDAD

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 22

CRISTO, NUESTRO MODELO DE HUMILDAD

Como Cristo nos remitía para que aprendamos de él sin mostrarnos otro maestro, en él hallamos y hallaremos ejemplos de todo lo que quisiéremos, siendo el más humilde de todos los humildes. Llama manjar, comida y pan floreado a sus trabajos y penas, azotes y muerte de cruz.

Cristo declara el misterio diciendo: “mi comida es hacer la voluntad de mi Padre y el perfeccionar la obra para que me envió”. Esta no se perfeccionó y acabó hasta que, entregando su espíritu en la cruz, dijo: “todo está cumplido”. De manera que la comida y pan que los discípulos traen de Samaría, es pan floreado el padecer por el hombre.

Habiendo caído sobre él tanta lluvia de injurias y afrentas, dice que tiene sed y quiere más y más padecer por el hombre. ¡Oh, santo Dios!, que tus fiestas, tus pascuas, banquetes y comidas los libras y pones en ofensas y trabajos de los que no te ves saciado, por ser el deseo tan grande que tienes de padecer por el hombre que nada te satisface ni llena las medidas de ese amor encendidísimo que arde en tu pecho.

¿Cómo, Señor mío, con tal ejemplo ha de haber pan malo para el humilde y para el que de veras te quiere y desea imitar? ¿Cómo ha de haber ropa o vestido que no le cuadre?

Si quieren tener y encontrar esta humildad, ensanchen el corazón y alarguen el paso para retratar en sus personas a Cristo crucificado, hambriento por padecer, sediento por sufrir. De suerte que, por mucho que los desprecien, riñan o reprendan, sea tan grande su sed y deseo de padecer que nada le llene ni satisfaga.

Siempre pidan más padecer, más sufrir, y estén ciertos que nada llega ni llegará a aquellos premios eternos, como dice el glorioso Pablo: “los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros”.

Alégrense que, si a golpes y a martilladas los engrandecen y ensanchan, como el platero a la plancha de oro, grande es el sayo y vestido que Dios les tiene dispuesto, pues, acabándose en este mundo y en esta vida sus sufrimientos, sus premios durarán por los siglos de los siglos. Amén.

 

JACULATORIA: Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos: lo que tengo que aguantar de las naciones, de cómo afrentan, Señor, tus enemigos, de cómo afrentan las huellas de tu Ungido. ¡Bendito el Señor por siempre! Amén, amén. (Salmo 89, 51-53)

 

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.