Sábado de la XVII semana después de Pentecostés.
DE LA TERCERA PALABRA: «SANTIFICADO SEA TU NOMBRE».
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Sábado de la XVII semana después de Pentecostés.
DE LA TERCERA PALABRA: «SANTIFICADO SEA TU NOMBRE».
PUNTO PRIMERO. Considera que la primera petición que pone Cristo en esta oración es que sea santificado el nombre de Dios. Éste es su primer deseo, y el que nos pide y quiere que tengamos todos, procurando con todas nuestras fuerzas glorificar el nombre de Dios; no el nuestro, sino el suyo, pretendiendo su gloria y honra, y que sea alabado para siempre.
¡Oh alma mía!, considera lo que Dios te pide y qué mal le obedeces, y cómo antes buscas tu honra que la suya, y glorificar tu nombre y no el suyo. Vuelve la hoja y deja la vanidad del mundo, y no pretendas en todas tus acciones otra cosa alguna más que su gloria y honra, y que sea santificado y glorificado su nombre.
Pondera que no hay hijo que no desee y procure engrandecer el nombre de su padre, y por esto te previno en esta oración que le llamases Padre, para que, como hijo, pusieses todo tu cuidado en santificar su nombre. Duélete de lo mal que has cumplido tu obligación; pídele perdón a Dios y propon la enmienda en adelante.
PUNTO II. Considera que, como dice san Pedro Crisólogo (1), el nombre de Dios es santo y santísimo en sí, a quien nosotros no podemos añadir santidad; pero pide Cristo que, como es santo en sí, lo sea también en nosotros, viviendo tan santamente que todos alaben a Dios y le den mil loores, engrandeciendo y glorificando su nombre, que tales obras hace en los suyos; porque, como dice san Pablo (2), por nuestras malas obras es blasfemado, y por nuestras buenas, alabado.
¡Oh alma mía!, mete la mano en tu pecho, y considera si es alabado o blasfemado por ti; si tus obras son tales que todos por ellas bendigan y glorifiquen a Dios, moviéndose a servirle, o le blasfemen, como hacían los gentiles por la vida de los cristianos, detestando al Dios que adoraban los que de aquella manera vivían. Mira los escándalos que has dado con tu mal ejemplo, y a los que has movido a pecar, y haz penitencia de tus pecados, y empieza una vida santa, con la cual muevas a todos a bendecir a Dios.
PUNTO III. Considera cómo bendicen a Dios y santifican su nombre todas las criaturas, como dice san Pablo: los ángeles en el cielo, los hombres en la tierra y los demonios en el infierno, aunque forzados por el poder de Dios. En todas partes es bendito y venerado el santo nombre de Dios, y todas las criaturas le veneran, honran y alaban continuamente, y mucho más lo debes hacer tú, que tienes mayor obligación. Avergüénzate de ver que todos te llevan el pie adelante en glorificar el nombre de Dios, y pon todo tu conato en alabarle y bendecirle más que todas en adelante.
PUNTO IV. Pon los ojos en Cristo nuestro Señor especialmente, y considera cómo en todo el discurso de su vida, y en todas cuantas obras y palabras dijo, y en todos sus pensamientos y deseos, y en sus acciones así prósperas como adversas, siempre tuvo por blanco la gloria del nombre de Dios (3); y así dijo con toda verdad que le había glorificado con los hombres, y que nunca buscó su gloria, sino la de su Padre celestial.
¡Oh alma creada para glorificarle eternamente en el cielo!, ¡si te impusieras desde luego acá en lo que has de hacer allá! Toma este Maestro, y aprende de tu Redentor a santificar el nombre de tu Dios, alabándole en todo y por todo, como lo hacía el santo Job. Si te diere prosperidad, levanta la voz y con ella el corazón, y di: «Bendito seas tú»; y si adversidades, di: «Sea el nombre de Dios bendito»; si te enviare trabajos, bendícele de corazón; si buenos sucesos, bendícele también, glorificándole por todo, conforme al ejemplo de Cristo nuestro Señor.
(1) Chrisolog. De
Orat. Dom.
(2) Ad Rom. 2.
(3) Joan. 17.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.