DÍA 28
CRISTO, MAESTRO DE HUMILDAD
TREINTENA
DE LA
HUMILDAD
Adaptación del Tratado de la Humildad
de san Juan Bautista de la Concepción,
reformador de la Orden de la Santísima Trinidad
DÍA 28
CRISTO, MAESTRO DE HUMILDAD
Dos o tres principios tiene la humildad: el conocimiento de Dios, conocimiento de sí propio y conocimiento de que lo poco o mucho que en él hay nace de la majestad y grandeza de Dios, que, usando de su misericordia, quiso comunicar algo de la infinidad de perfecciones que en él hay.
¿Qué hombre, pregunto yo, habría en el mundo que, teniendo solo mil ducados de hacienda, quisiese jactarse de su riqueza delante de otro que esos mil ducados se los regalaría como limosna, o que le debe más de cien mil de renta? ¿Pues qué, si junto con eso este hombre fuese su criado, siervo o esclavo?
Por cualquier parte que la mires, todo lo que él tenía en orden a gloriarse ante los demás le hará llegar a lo más bajo que él se hubiese imaginado.
No le vaya a suceder lo que le pasó al cantinero: un hombre que hizo fortuna aumentando agua al vino que vendía puso un día su bolsa de dinero a la orilla del río. Un villano, creyendo que era un pedazo de carne, se lanzó sobre ella y, al darse cuenta de que no era el manjar que había imaginado, la dejó caer en el río; y así, que con el agua había amasado una fortuna, el agua se llevó lo que era suyo.
Es seria cosa que, siendo el hombre un poco de agua vertida que corre al abismo de la nada, como dijo la sabia mujer a David: «como el agua que se derrama», quiera venderse por vino y, sabiendo su poquedad y nada, con toda su soberbia y presunción pretenda venderse por vino puro.
Esto lo da bien a entender el santo rey David: «Señor, tú me sondeas y me conoces». Tú, Señor, conociste muy bien lo que yo era antes que fuese rey, que era un pobre pastorcillo. Tú sabes si me siento o me levanto; de lejos percibes lo que pienso. No solo conociste lo que yo era y lo mucho a que me has levantado, sino también mis sendas, mis pensamientos, mis inclinaciones y movimientos.
En los versos siguientes David va desmenuzando el conocimiento que Dios tiene de él: de sus palabras, de sus pensamientos y de todo lo que en el hombre se puede imaginar, viejo o nuevo, presente o pasado, antiguo o por venir.
Así como es propio de un alma humilde que, viéndose cargada de bienes recibidos de parte de Dios y delante de tan gran Majestad, busca desesperadamente rincones donde esconderse, deseando únicamente desaparecer en un abismo de la nada, así David dice: «¿A dónde iré lejos de tu Espíritu?» «Si subo al cielo, allí estás tú; si me tiendo en el Abismo, estás presente». «También allí me llevaría tu mano y me sostendría tu derecha».
No habrá lugar donde esconderse de Dios, porque su mano derecha es bien larga y con ella nos tomará y hará retornar. Ni las tinieblas podrán ocultarnos, porque «las tinieblas no serían oscuras para ti y la noche será clara como el día».
JACULATORIA. Los sacó de las sombrías tinieblas, arrancó sus cadenas. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. (Salmo 107, 14-15).
LETANÍAS DE LA HUMILDAD
Venerable Cardenal Merry del Val
Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.
Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.
Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.
Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.
Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.
Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.
Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.
Oración:
Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.
San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.
Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.
Ave María Purísima, sin pecado concebida.