martes, 22 de septiembre de 2026

DÍA 23. EL HUMILDE SE SABE NADA Y QUE DIOS ES TODO. TREINTENA DE LA HUMILDAD

 


DÍA 23

EL HUMILDE SE SABE NADA

 Y QUE DIOS ES TODO

TREINTENA
DE LA

HUMILDAD

Adaptación del Tratado de la Humildad

de san Juan Bautista de la Concepción,

 reformador de la Orden de la Santísima Trinidad

 

DÍA 23

EL HUMILDE SE SABE NADA

 Y QUE DIOS ES TODO

El humilde solo tiene ojos para contemplar y meditar la grandeza de Dios, de cuya presencia los saca encandilados para no ver en sí algo que sea de consideración.

El humilde ni tenía palabras para volver por sí, ni ojos para mirar cosa buena que en él estuviese; sin embargo, tiene una y muchas lenguas llenas de palabras para hablar de Dios. Por otro lado, tiene gran amistad con el mismo Dios, que Dios le hace señor de grandes bienes y tesoros, porque con su humildad y conocimiento, sabe muy bien ganarse a Dios.

El humilde tiene cortedad de vista para sí y para ver en sí cosa de la que sus ojos se enamoren. San Francisco gastaba días y noches en llamar a Dios “suyo y todas las cosas”. Porque, si Dios es todas las cosas, argumento lógico es que san Francisco será nada, que lo será todo en Dios, porque Dios es san Francisco, y san Francisco Dios.

Dime glorioso san Francisco, ¿quién eres? Este nos dirá que nada. ¿Por qué o cómo que eres nada? Responderá con verdad que Dios es todas las cosas, y si Dios es la vida, el ser y la perfección de todo cuanto hay, nada hay que sea, valga o tenga ser y perfección que no sea Dios, y las mismas cosas por sí sean nada.

¡Oh, qué casamiento tan alto y espiritual el de san Francisco con Dios! ¡Oh, qué conocimiento de san Francisco sobre quién es Dios!, pues dice que Dios es todas las cosas, y siendo él tan humilde en su consideración y considerándose por nada, esa misma nada la halla en Dios hecha algo y tan algo que dice que Dios es de san Francisco: suyo y todas las cosas.

Quien miraba un abismo de tan infinito ser ¿qué había de hallar cuando se mirase a sí, sino un abismo de no ser? Natural es que del conocimiento de tanta grandeza había de nacer el desprecio de tanta humildad.

Esto es un retrato de lo que san Pablo dice considerando a Cristo en él: “Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”, porque en tal presencia no hay yo porque todo es Cristo. Un hombre apartado de Dios es tinieblas, pero cuando Cristo llega a nosotros, todo lo que era nuestro o tinieblas se deshace o desaparece y solo queda lo que es Dios.

Estando la vista en aquel abismo del infinito ser, en aquella luz inaccesible de la majestad eterna de Dios, quedó de tal manera deslumbrado y encandilado que, cuando volvió los ojos a mirarse a sí mismo, no se halló ni pudo verse y no pudo determinar si llevaba consigo su cuerpo o no.

Esto nos da a entender que, en la presencia de Dios, no hay majestad ni grandeza, no hay coronas ni reinos, no hay lenguas que se atrevan a hablar, ni manos que toquen instrumentos; todo es silencio, todo sumisión y confusión de verse ante tan grande majestad.

 

JACULATORIA: Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine: así quedaré limpio e inocente del gran pecado. (Salmo 19, 14)

 

 

LETANÍAS DE LA HUMILDAD

Venerable Cardenal Merry del Val

 

Jesús manso y humilde de corazón, óyeme.

 

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

 

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

 

Que otros sean más estimados que yo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo. Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda. Jesús, dame la gracia de desearlo.

 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo. Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

Glorioso Patriarca san José, ruega por nosotros.

Santos Ángeles custodios, rogad por nosotros.

San Juan Bautista de la Concepción, ruega por nosotros.

Todos los santos de Dios, rogad por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.