sábado, 13 de septiembre de 2014

ORACIÓN A NUESTRO SEÑOR CRUCIFCIADO






Oratio ad D. N. I. C. CrucifixumEn ego, o bone et dulcissime Iesu, ante conspectum tuum genibus me provolvo, ac maximo animi ardore te oro atque obtestor, ut meum in cor vividos fidei, spei et caritatis sensus, atque veram peccatorum meorum paenitentiam, eaque emendandi firmissimam voluntatem velis imprimere ; dum magno animi affectu et dolore tua quinque vulnera mecum ipse considero ac mente contemplor, illud prae oculis habens, quod iam in ore ponebat tuo David Propheta de te, o bone Iesu: «Foderunt manus meas et pedes meos: dinumeraverunt omnia ossa mea» (Ps 21, 17-18).

Mírame, oh bueno y dulcísimo JesúsMírame, oh bueno y dulcísimo Jesús: en Tu presencia me postro de rodillas, y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme; mientras con gran afecto y dolor considero y contemplo en mi alma Tus cinco llagas, teniendo ante mis ojos aquello que ya el profeta David ponía en Tus labios acerca de Ti: «Me taladran las manos y los pies, puedo contar todos Mis huesos» (Ps 21, 17-18).

viernes, 12 de septiembre de 2014

ORACIÓN PARA INVOCAR EL NOMBRE DE MARÍA. SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO


¡Madre de Dios y Madre mía María!
Yo no soy digno de pronunciar tu nombre;
pero tú que deseas y quieres mi salvación,
me has de otorgar, aunque mi lengua no es pura,
que pueda llamar en mi socorro
tu santo y poderoso nombre,
que es ayuda en la vida y salvación al morir.

¡Dulce Madre, María!
haz que tu nombre, de hoy en adelante,
sea la respiración de mi vida.
No tardes, Señora, en auxiliarme
cada vez que te llame.
Pues en cada tentación que me combata,
y en cualquier necesidad que experimente,
quiero llamarte sin cesar; ¡María!

Así espero hacerlo en la vida,
y así, sobre todo, en la última hora,
para alabar, siempre en el cielo tu nombre amado:
“¡Oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!”
¡Qué aliento, dulzura y confianza,
qué ternura siento
con sólo nombrarte y pensar en ti!

Doy gracias a nuestro Señor y Dios,
que nos ha dado para nuestro bien,
este nombre tan dulce, tan amable y poderoso.
Señora, no me contento
con sólo pronunciar tu nombre;
quiero que tu amor me recuerde
que debo llamarte a cada instante;
y que pueda exclamar con san Anselmo:
“¡Oh nombre de la Madre de Dios,
tú eres el amor mío!”

Amada María y amado Jesús mío,
que vivan siempre en mi corazón y en el de todos,
vuestros nombres salvadores.
Que se olvide mi mente de cualquier otro nombre,
para acordarme sólo y siempre,
de invocar vuestros nombres adorados.

Jesús, Redentor mío, y Madre mía María,
cuando llegue la hora de dejar esta vida,
concédeme entonces la gracia de deciros:
“Os amo, Jesús y María;
Jesús y María,
os doy el corazón y el alma mía”.

EL DULCE NOMBRE DE MARIA. P. JOSE MEDINA

El nombre de María
Ha sido Lucas en su evangelio quien nos ha dicho el nombre de la doncella que va a ser la Madre de Dios: "Y su nombre era María". El nombre de María, traducido del hebreo "Miriam", significa, Doncella, Señora, Princesa.
Estrella del Mar, feliz Puerta del cielo, como canta el himno “Ave Maris Stella”. El nombre de María está relacionado con el mar pues las tres letras de mar guardan semejanza fonética con María. También tiene relación con "mirra", que proviene de un idioma semita. La mirra es una hierba de África que produce incienso y perfume.
En el Cantar de los Cantares, el esposo visita a la esposa, que le espera con las manos humedecidas por la mirra. "Yo vengo a mi jardín, hermana y novia mía, a recoger el bálsamo y la mirra". "He mezclado la mirra con mis aromas. Me levanté para abrir a mi amado: mis manos gotean perfume de mirra, y mis dedos mirra que fluye por la manilla de la cerradura". 
Los Magos regalan mirra a María como ofrenda de adoración. "Y entrando a la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron y abriendo sus cofres, le ofrecieron oro, incienso y mirra". La mirra, como María, es el símbolo de la unión de los hombres con Dios, que se hace en el seno de María. Maria es pues, el centro de unión de Dios con los hombres. 
Los lingüistas y los biblistas desentrañan las raíces de un nombre tan hermoso como María, que ya llevaba la hermana de Moisés, y muy común en Israel. Y que para los filólogos significa hermosa, señora, princesa, excelsa, calificativos todos bellos y sugerentes.
"El Señor ha hecho vuestro Nombre tan glorioso que no se caerá de la boca de los hombres" (Judith, 13, 25). Sublime elogio que corresponde a María, a la cual todas las generaciones llaman bienaventurada, y Aquel que "hizo en Ella cosas grandes y cuyo Nombre es santo", quiso darle íntima participación de esa misma santidad para consuelo y gozo de quienes invocaren su dulce Nombre. Nombre que ha de ser también loado, "santificado", como el Nombre de Dios, en todo el mundo, porque -repitámoslo una vez más- infunde valor y fortaleza. Bien lo aprendieron los indios mejicanos de boca de los pobres soldados españoles cautivos, que subían al pavoroso "teocalli" invocando: "¡Ay, Santa María!", y con este nombre en los labios expiraban.
María: un nombre que destina a una misión
En la Historia de la Salvación es Dios quien impone o cambia el nombre a los personajes a quienes destina a una misión importante. A Simón, Jesús le dice: "Tú te llamas Simón. En adelante te llamarás Kefá, Pedro, piedra, roca, porque sobre esta roca edificaré mi Iglesia". María venía al mundo con la misión más alta, ser Madre de Dios, y, sin embargo, no le cambia el nombre. Se llamará, simplemente, MARIA, el nombre que tenía, y cumple todos esos significados, pues como Reina y Señora la llamarán todas las generaciones. María, joven, mujer, virgen, ciudadana de su pueblo, esposa y madre, esclava del Señor. 
Dulce mujer que recibe a su niño en las condiciones más pobres, pero que con su calor lo envuelve en pañales y lo acuna. María valiente que no teme huir a Egipto para salvar a su hijo. Compañera del camino, firme en interceder ante su hijo cuando ve el apuro de los novios en Caná, mujer fuerte con el corazón traspasado por la espada del dolor de la Cruz de su Hijo y recibiendo en sus brazos su Cuerpo muerto. Sostén de la Iglesia en sus primeros pasos con su maternidad abierta a toda la humanidad. María, humana. María, decidida y generosa. María, fiel y amiga. María fuerte y confiada. María, Inmaculada, Madre, Estrella de la Evangelización.
Su Nombre, para los que luchamos en el campo de la vida, es lema, escudo y presagio. Lo afirma uno de sus devotos, San Antonio de Padua, con esta comparación: "Así como antiguamente, según cuenta el Libro de los Números, señaló Dios tres ciudades de refugio, a las cuales pudiera acogerse todo aquél que cometiese un homicidio involuntario, así ahora la misericordia divina provee de un refugio seguro, incluso para los homicidas voluntarios: el Nombre de María. Torre fortísima es el Nombre de Nuestra Señora. El pecador se refugiará en ella y se salvará. Es Nombre dulce, Nombre que conforta, Nombre de consoladora esperanza, Nombre tesoro del alma. Nombre amable a los ángeles, terrible a los demonios, saludable a los pecadores y suave a los justos."
Que el sabroso Nombre de Nuestra Madre, unido al de Jesús, selle nuestros labios en el instante supremo y ambos sean la contraseña que nos abra, de par en par, las puertas de la gloria.

jueves, 11 de septiembre de 2014

AMANDO NOS HACEMOS EL BIEN A NOSOTROS MISMO. SAN JUAN CRISÓSTOMO

 
Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que así será más fácil, porque el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. ¿Qué mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que tú mismo te haces con tu acritud?...
Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria. Primeramente mereces –y es lo más importante- el perdón de tus pecados. Además te ejercitas a la paciencia y a la valentía. En tercer lugar, adquieres la dulzura y la caridad, porque el que es incapaz de enfadarse contra los que le han disgustado, será mucho más caritativo aún con los que le aman. En cuarto lugar arrancas de raíz la cólera de tu corazón, lo cual es un bien sin igual. El libera su alma de la cólera, evidentemente arranca de ella la tristeza: no gastará su vida en penas y vanas inquietudes. Así es que, odiando a los otros nos castigamos a nosotros mismos; amándolos nos hacemos el bien a nosotros mismos. Por otra parte, todos te venerarán, incluso tus enemigos, aunque sean los demonios. Mucho mejor, comportándote así ya no tendrás más enemigos.

EL ROSARIO DE HOY POR LAS VOCACIONES


Santo Rosario.
Por la señal...
Señor mío Jesucristo....
Misterios luminosos
1. EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL JORDÁN.
Pidamos a María por todos los bautizados para que, fieles a la llamada  a la santidad suscitada en su bautismo, traduzcamos la santidad de la que ya participamos en gestos concretos de caridad y fraternidad.
2. LA REVELACIÓN DE JESÚS EN LAS BODAS DE CANÁ.
Pidamos a María por los matrimonios para que, al simbolizar la íntima  unión existente entre Cristo y su Iglesia, perseveren en su compromiso de unidad y constituyan en sus hogares auténticas iglesias domésticas.
3. EL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS, INVITACIÓN A LA CONVERSIÓN.
Pidamos a María por los laicos para que, en el ejercicio de sus tareas ordinarias, se empeñen por hacer visible el Reino de Dios entre los hombres y construyan una sociedad cada vez más acorde con sus valores.
4. LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR.
Pidamos a María por los religiosos para que sean testimonio de lo absoluto de Dios entre los cristianos y la humanidad entera; para que sus vidas sean signo elocuente de que Dios es el bien máximo y supremo al que puede aspirar el corazón humano.
5. LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA.
Pidamos a María por los sacerdotes, para que al presidir la celebración de la Eucaristía representando a Cristo y a su Iglesia, encuentren en ella el fundamento de su ministerio y vivan su vocación con un profundo sentido eucarístico.

martes, 9 de septiembre de 2014

EL ROSARIO DE HOY CON EL BEATO PEDRO BONHOMME




Santo Rosario.
Por la Señal…
Monición inicial: Se hace hoy memoria del beato Pedro Bonhomme, sacerdote francés, que se distinguió por las misiones populares y la evangelización de los campesinos, fundando la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora del Monte Calvario, para cuidar a jóvenes, enfermos y necesitados.
Su devoción mariana era tan grande que rezaba: “Mi apoyo, mi todo después de Dios, eres tú, Virgen Santa María”. Con sus pensamientos meditamos los misterios dolorosos del Santo Rosario.
Señor mío Jesucristo…

MISTERIOS DOLOROSOS
1º La oración de Jesús en el huerto
“Dios mío, sed toda mi luz y mi fuerza.”
2º La flagelación
«Mi modelo será Jesucristo y uno se complace en parecerse a quien ama».
3º La coronación de espinas
“Todo por Dios, Dios en todas la cosas; Solo Dios en todo”.
4º Jesús camino del Calvario
“Aquel que camina bajo el peso de la cruz, está cerca del crucificado, sofre amando, ama sufriendo.”
5º La crucifixión y muerte de Jesús
“Mi apoyo, mi todo junto a Dios, eres Tú Santa Virgen María... Pongo mi salvación entre tus manos.”

"BIENAVENTURANZAS" COMENTADAS POR EL BEATO PEDRO BONHOMME



 Primera Bienaventuranza: Dichosos los pobres en el espíritu…
Esta bienaventuranza se opone al mundo que afirma: “Felices los ricos… todo en él obedece al dinero”. En cuanto a vosotros, debéis hacer consistir vuestra felicidad no en poseer, sino en despojarse por amor de Dios… se puede ser pobre por necesidad o  por elección que es vuestro caso… Los que tienen espíritu de pobre, poseen un corazón libre, desapegado… Jesucristo quiso ser pobre en su nacimiento, durante su vida y en su muerte.
Segunda bienaventuranza: Felices los mansos…
Esta bienaventuranza hace frete al mundo, donde las personas gustan de pelear, disputar, para hacer valer su pensamiento y vengar una ofensa. Es necesaria la mansedumbre para evitar los desórdenes, las luchas; toda persona es capaz. Es necesario ser manso porque es ley de Dios, es deber de todo cristiano. Ser manos por amor a Dios, por el deseo de asemejarse a Jesucristo, esta es la verdadera mansedumbre, que vosotros debéis de abrazar. Practiquen la mansedumbre para con todos y en todas las circunstancias y cualquiera que sea la ingratitud de la que pudieran ser objeto.
Tercera bienaventuranza: Felices los que lloran…
Esta bienaventuranza esta en oposición al mundo que sólo amo los placeres. LA persona que vive esta bienaventuranza no es esclava de los elogios, de las adulaciones, sino que es humilde, afable, respetuosa para con todos. Hay lágrimas inútiles derramadas por llorar la pérdida de bienes materiales. Hay lágrimas bendecidas de los que lloran la infidelidad, la incoherencia delante de Dios.
Cuarta Bienaventuranza: Felices los que tiene hambre y sed de justicia…
Esta bienaventuranza se opone al mundo que hace y desea el mal. El hambre y la sed de justicia consiste en hacer y en desear hacer solamente el bien. Su corazón no se apega a los bienes de la tierra, sino que busca la oración, la comunión, el bien del prójimo. Necesitamos dejarnos devorar por el hambre y la sed de justicia conforme al proceder de Jesús cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre.
Quinta bienaventuranza: Felices los misericordiosos…   
Esta bienaventuranza se opone a la insensibilidad, al desprecio y a la injuria del mundo respeto de los infelices. Viven esta bienaventuranza los que no limitan su misericordia ni al tiempo, ni a las personas, y la ejercen siempre sin esperar recompensa. Debemos practicarla con todos los infelices indistintamente y sin otra finalidad que el amor de Dios. Jesús paso por la tierra haciendo el bien.
Sexta bienaventuranza. Felices los puros de corazón…
Esta bienaventuranza se opone al mundo cuyo corazón y espíritu son esclavos del pecado. Necesitamos purificar el espíritu, la memoria, la voluntad, evitando alimentar pensamientos negativos, juicios, conversaciones no constructivas, actitudes que perjudican como el orgullo, la vanidad, la autosuficiencia, el deseo de agradar a los otros y no a Dios. Felices los que tienen esta pureza de corazón, porque todo lo que hacen se vuelve agradable a Dios y los prepara a la comunión con Dios. Cuanto más puro es el corazón, más reflejará la belleza divina.
Séptima bienaventuranza: Felices los pacíficos
Esta bienaventuranza se opone al mundo que presenta la discusión y la discordia como valores. Los pacíficos amar vivir en paz con todos, obedecen con docilidad a Dios y buscan establecer la unión entre los que están divididos por el odio, la envidia o la antipatía. Los pacíficos serán llamados hijos de Dios, a semejanza de Jesús que vino a establecer la paz entre los hombres y a reconciliarlos con el Padre. Mil veces feliz la comunidad que posee religiosas con espíritu pacífico.
Octava bienaventuranza. Felices los que sufren…
Esta bienaventuranza se opone al mundo que no soporta las contradicciones, los sufrimientos, porque esta sediento de elogios, alabanzas, aprobaciones… ser injuriados, escarnecidos, ridiculizados por ser coherente con sus deberes de cristiano, es sufrir por causa de la justicia. Felices son los que pueden comprender que el bien que hacen nunca es mejor recompensado que con las calumnias, los insultos, las ingratitudes y también por la muerte. He aquí la octava y última bienaventuranza. Felices los que consiguen comprender que es más fácil hacer cosas grandes que sufrir la persecución que nos asemeja a Cristo. Feliz la religiosa que comprende y vive esta bienaventuranza. En ella encontrará la felicidad. Para el mismo Jesús fue preciso que el sufriese antes para entrar así en la gloria.