Soberana
Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los
afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu
fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo,
nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor
piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser
durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen
María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan
jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin
de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.
DÍA
21
LA
GLORIA DE LA RESURRECCIÓN
Grandes
fueron los tormentos de Jesús en su dolorosa Pasión, mas todos ellos quedan
compensados en la gloria de su resurrección. ¿Quién podrá describir el triunfo
de Jesús, resucitado de entre los muertos, lleno de majestad y resplandor y
trayendo consigo las almas de los Santos y padres que estaban en el limbo?
Los
judíos, temerosos de que sus discípulos robaran su cuerpo, rogaron a Pilato que
pusiera soldados para guardar el sepulcro. Mas ¡cuál sería el asombro cuando
aquellos soldados se presentaron dando testimonio de la resurrección de Jesús!
Lejos
de arrepentirse los enemigos de Jesús de lo que habían hecho, tuvieron malicia
suficiente para decir a los guardias que les pagarían su silencio y sus
mentiras con dinero. ¡Oh, nunca imaginada impiedad y malicia de los hombres!
***
La
Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la
muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.
Avemaría (x3)
Oración
Final
Reina
del Santísimo Rosario,
esperanza
de los cristianos,
Madre
de Misericordia,
dulzura
de mi vida.
A
ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.
Santa Úrsula y sus compañeras, vírgenes y mártires. —
21 de octubre
(+451)
La
memoria de la gloriosa santa Úrsula y sus compañeras vírgenes y mártires
hallamos en un manuscrito muy antiguo que se conserva en el Vaticano. En él se
dice que santa Úrsula nació en la Gran Bretaña donde la religión cristiana
estaba ya muy floreciente, y que fue hija de Dionot, rey de Cornouaille, y de
Doria, princesa nada inferior a su marido, ni en la nobleza de la sangre, ni en
las cristianas virtudes. Era a la sazón general del emperador Graciano en la
Gran Bretaña el tirano Máximo; el cual habiéndose hecho proclamar emperador,
pasó el mar y desembarcó con todo su poderoso ejército en las costas de aquella
parte de las Galias que se llamaba Armónica y se apoderó de toda ella. Uno de
los generales de Máximo que más se había distinguido en aquella expedición era
cristiano y se llamaba Conán, a éste hizo Máximo gobernador de la Armónica con
título de duque y él puso su residencia en la ciudad de Nantes, dejando en el
país gran parte de las tropas que eran de bretones e ingleses. Envió luego
diputados al rey de Cornouaille pidiéndole a su hija la princesa Úrsula por
mujer, y como casi todos los oficiales y soldados eran también solteros,
encargó a los diputados que trajesen de la isla todas las doncellas que
pudiesen para casarlas con ellos. Parecióle bien al padre de Úrsula, casarla
con aquel príncipe tan noble y cristiano, y habiendo recogido gran número de
doncellas, para formar aquella colonia que se llamó Bretaña menor, salieron con
viento próspero de Inglaterra. Mas una tempestad arrojó toda la escuadra hacia
los mares del Norte, sobre las costas de la Galia Bélgica y habiéndose abrigado
Úrsula y sus compañeras en el puerto de Tiel hacia la embocadura del Rhin,
siguiendo la corriente de este río, navegaron hasta Colonia, teatro del
glorioso triunfo. Porque al saber el emperador Graciano el desembarco de Máximo
en las costas Galias, a falta de tropas con que hacerle resistencia llamó en su
socorro a los hunos, bárbaros de la antigua Marmacia, que se habían derramado
ya por toda Germania y llegado por las márgenes del Rhin hasta la Galia
Bélgica. Luego que descubrieron navíos bretones se apoderaron de ellos y
quedaron sorprendidos al ver en aquella flota una multitud tan grande de
doncellas cristianas. El general de los bárbaros quedó tan ciegamente prendado
de Úrsula, que no perdonó medio para rendirla, pero la santa princesa le habló
con tal resolución y majestad en nombre de todas sus compañeras, que mudada en
furor la brutal pasión de aquellos bárbaros, se arrojaron espada en mano contra
ellas: a unas atravesaron el pecho, a otras degollaron, a otras asaetearon,
pasando todas a aumentar la Corte del Cordero de Dios, con la doble palma de la
virginidad y del martirio.
Reflexión: Con el tiempo se
fundó en la Iglesia una célebre congregación de religiosas, bajo el nombre y la
protección de santa Úrsula, y por eso se llaman Ursulinas, las cuales entienden
en la educación de las niñas inspirándoles una grande estima de todas las virtudes
cristianas. Procuren todas las doncellas imitar en esta virtud a santa Úrsula y
a sus compañeras mártires, teniendo su pureza virginal en mayor aprecio que su
propia vida y conservándola limpia de toda mancha.
Oración: Suplicámoste,
Señor Dios nuestro, la gracia de venerar con incesante devoción los triunfos de
las santas vírgenes y mártires Úrsula y sus compañeras, para que ya que no
podemos honrarlas como merecen, les tributemos al menos humildemente nuestros
frecuentes obsequios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
DE LOS TALENTOS QUE DIOS DA Y LA CUENTA QUE PIDE
DE ELLOS.
MEDITACIONES
DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA
FE,
DE LA VIDA DE CRISTO,
NUESTRO SEÑOR
PARA
EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
ORACIONES PARA COMENZAR
Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS
EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros
enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás
aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón
de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía
Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Martes de la XXI semana después de Pentecostés
DE LOS TALENTOS QUE DIOS DA Y LA CUENTA QUE PIDE
DE ELLOS.
PUNTO PRIMERO. Considera
que el primero a quien pidió cuentas el rey fue a un criado a quien alcanzó en
diez mil talentos; en los cuales, según san Agustín, son significados los diez
preceptos de la ley de Dios y los muchos pecados que los hombres cometen contra
ellos.
Considera cuántas veces has quebrantado sus
preceptos, y si los cargos que Dios te ha de hacer pasarán de diez mil, pues,
como dijimos arriba, cada día le ofendemos muchas veces.
Pasa más adelante un paso y pondera que no tuvo
este con qué satisfacer, ni excusa de su pecado, ni persona que le abonase o
que volviese por él. Mira tú cuál te hallarás en aquel rectísimo tribunal
cuando te haga diez mil cargos, y podrá ser que veinte, treinta, cuarenta mil y
más. ¿Qué responderás, y quién te defenderá, o quién volverá por ti?
Y no mires esto como imposible o que está muy
lejos a larguísimo tiempo, porque sin duda será presto y podrá ser que antes de
mañana, como ha sucedido a muchos; y, a lo más largo, será en breve tiempo,
pues el plazo de la vida es tan corto y tan incierto.
Piensa cómo responderás a todas estas cosas, y
mira lo que te conviene para alcanzar la vida eterna.
PUNTO II- Considera
que, como dice Orígenes, estos talentos de que pidió cuenta el rey a este
criado son los que Dios da a los hombres, naturales y sobrenaturales, para
granjear con ellos y ganar el cielo, aumentando su caudal y haciendo bien a sus
prójimos.
Discurre brevemente por los que Dios te ha dado
de entendimiento, fuerzas, letras, habilidades, ocasiones, auxilios, gracias y
dones espirituales; y mira en qué los has empleado y qué cuenta darás de ellos.
Tantea tu caudal y reconoce si ha crecido o ha
menguado, si has granjeado o has perdido con las habilidades y talentos que
Dios te dio.
Mira qué cuenta has de dar de ellos, y acuérdate
de aquel siervo perezoso que tuvo enterrado el talento que Dios le dio, sin
granjear con él; y, en pena, se le mandó quitar y lanzarle en el infierno.
Pues si por uno solo que tuvo ocioso le dieron a
este tal pena, ¿cuál será la que te espera a ti por tantos como Dios te ha dado
y no has granjeado con ellos?
Riguroso juicio te espera y estrecha cuenta has
de dar de tantas mercedes como has recibido de la mano del Señor. Mira con
tiempo qué responderás a ellas.
PUNTO III. Considera
que, en lugar de servir a Dios con los talentos que te ha dado, los has
empleado en ofenderle con ellos; y que has estado tan lejos de acrecentar tu
caudal, que le has menoscabado y te hallas pobre, miserable y cargado de
deudas.
Mira en qué has empleado la hermosura y las
fuerzas naturales, el entendimiento y las habilidades que Dios te dio, la
hacienda, calidad, el poder y valimiento con los hombres, los puestos y
dignidades en que has estado, los auxilios, inspiraciones y gracias que te ha
dado, y las ocasiones de servirle.
Hallarás que con todas le has ofendido en lugar
de servirle, y que cada día has ido a menos y a peor, en lugar de ir a más y
mejorarte.
Mira también cuán cruel has sido para con tus
hermanos. Habiéndote Dios sufrido y perdonado tanto, tú no has tenido piedad
para perdonar cosas muy pequeñas a tus prójimos, habiéndote con ellos tan
cruelmente como se hubo este siervo mal considerado con su prójimo.
¿Qué puedes esperar el día de la cuenta, sino la
sentencia que cayó sobre este miserable, y que te mande Dios entregar a los
atormentadores para que hagan en ti el castigo conforme a tus pecados?
Abre, pues, ahora los ojos y date prisa a
negociar con los talentos que Dios te ha dado y recuperar en la vida venidera
lo que has perdido en la pasada.
Arrójate con este siervo a los pies de tu Señor
y pídele que se apiade de ti y te dé tiempo; y espera negociar y granjear lo
que has perdido hasta aquí.
PUNTO IV. Considera
el modo que has de tener en negociar en adelante y recuperar lo perdido, que es
el que enseña Cristo en su Evangelio; conviene a saber: perdonando a tus
prójimos las deudas que te deben, para que Dios te perdone las que le debes a
Él; sufriendo con paciencia sus injurias y retornándoles beneficios por
ofensas, con lo cual merecerás ser contado en el número de los hijos de Dios.
Alza los ojos al cielo y contempla a los que han
usado de este medio, y los verás en la gloria, coronados como reyes, en
compañía de Cristo, cuyas pisadas siguieron.
Saca, pues, de todo lo meditado esta conclusión,
y pide a Dios que te dé gracia para ser manso, benigno y piadoso con tus
hermanos, para que Dios lo sea contigo y te perdone las deudas de tus pecados.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos
propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta
meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San
José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.