martes, 20 de octubre de 2026

DÍA 21. LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN. MES DE OCTUBRE EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO

 


DÍA 21

LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN

 

MES DE

OCTUBRE

EN HONOR DE LA

SANTÍSIMA VIRGEN

DEL ROSARIO

 

Por la señal de la santa cruz…

 

ORACIÓN INICIAL

Soberana Reina de los cielos, abogada de los pecadores y consuelo de todos los afligidos, que quisiste inspirar al gran Patriarca Santo Domingo de Guzmán, tu fiel siervo, la devoción del Santísimo Rosario. Alcánzanos de tu Divino Hijo, nuestro adorable Redentor, que hagamos este santo ejercicio con la mayor piedad, atención y recogimiento, para que, por este medio, consigamos ser durante toda nuestra vida incansables devotos del Santísimo Rosario. ¡Oh, Virgen María, cuyas gracias y misericordias para con los que te invocan no se agotan jamás! Haz que en estos días participemos de ellas con mayor abundancia, a fin de que podamos cantar tus alabanzas en la gloria por toda una eternidad. Amén.

DÍA 21

LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN

Grandes fueron los tormentos de Jesús en su dolorosa Pasión, mas todos ellos quedan compensados en la gloria de su resurrección. ¿Quién podrá describir el triunfo de Jesús, resucitado de entre los muertos, lleno de majestad y resplandor y trayendo consigo las almas de los Santos y padres que estaban en el limbo?

Los judíos, temerosos de que sus discípulos robaran su cuerpo, rogaron a Pilato que pusiera soldados para guardar el sepulcro. Mas ¡cuál sería el asombro cuando aquellos soldados se presentaron dando testimonio de la resurrección de Jesús!

Lejos de arrepentirse los enemigos de Jesús de lo que habían hecho, tuvieron malicia suficiente para decir a los guardias que les pagarían su silencio y sus mentiras con dinero. ¡Oh, nunca imaginada impiedad y malicia de los hombres!

 

***

La Virgen prometió a Santa Matilde que asistirá en la vida y en la hora de la muerte a quienes recen diariamente tres Avemarías.

Avemaría (x3)

 

Oración Final

Reina del Santísimo Rosario,

esperanza de los cristianos,

Madre de Misericordia,

dulzura de mi vida.

A ti suspiro desterrado en este valle de lágrimas.

Ayúdame, Señora, en mis trabajos;

defiéndeme en los peligros;

esfuérzame en los desmayos,

y haz que por el rezo y meditación de tu Rosario

merezca la gracia para esta vida

y después, de la eterna dicha en el Cielo. Amén.

***

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Ave María Purísima, sin pecado concebida.

 

Santa Úrsula y sus compañeras, vírgenes y mártires. — 21 de octubre

 


Santa Úrsula y sus compañeras, vírgenes y mártires. — 21 de octubre

(+451)

 

La memoria de la gloriosa santa Úrsula y sus compañeras vírgenes y mártires hallamos en un manuscrito muy antiguo que se conserva en el Vaticano. En él se dice que santa Úrsula nació en la Gran Bretaña donde la religión cristiana estaba ya muy floreciente, y que fue hija de Dionot, rey de Cornouaille, y de Doria, princesa nada inferior a su marido, ni en la nobleza de la sangre, ni en las cristianas virtudes. Era a la sazón general del emperador Graciano en la Gran Bretaña el tirano Máximo; el cual habiéndose hecho proclamar emperador, pasó el mar y desembarcó con todo su poderoso ejército en las costas de aquella parte de las Galias que se llamaba Armónica y se apoderó de toda ella. Uno de los generales de Máximo que más se había distinguido en aquella expedición era cristiano y se llamaba Conán, a éste hizo Máximo gobernador de la Armónica con título de duque y él puso su residencia en la ciudad de Nantes, dejando en el país gran parte de las tropas que eran de bretones e ingleses. Envió luego diputados al rey de Cornouaille pidiéndole a su hija la princesa Úrsula por mujer, y como casi todos los oficiales y soldados eran también solteros, encargó a los diputados que trajesen de la isla todas las doncellas que pudiesen para casarlas con ellos. Parecióle bien al padre de Úrsula, casarla con aquel príncipe tan noble y cristiano, y habiendo recogido gran número de doncellas, para formar aquella colonia que se llamó Bretaña menor, salieron con viento próspero de Inglaterra. Mas una tempestad arrojó toda la escuadra hacia los mares del Norte, sobre las costas de la Galia Bélgica y habiéndose abrigado Úrsula y sus compañeras en el puerto de Tiel hacia la embocadura del Rhin, siguiendo la corriente de este río, navegaron hasta Colonia, teatro del glorioso triunfo. Porque al saber el emperador Graciano el desembarco de Máximo en las costas Galias, a falta de tropas con que hacerle resistencia llamó en su socorro a los hunos, bárbaros de la antigua Marmacia, que se habían derramado ya por toda Germania y llegado por las márgenes del Rhin hasta la Galia Bélgica. Luego que descubrieron navíos bretones se apoderaron de ellos y quedaron sorprendidos al ver en aquella flota una multitud tan grande de doncellas cristianas. El general de los bárbaros quedó tan ciegamente prendado de Úrsula, que no perdonó medio para rendirla, pero la santa princesa le habló con tal resolución y majestad en nombre de todas sus compañeras, que mudada en furor la brutal pasión de aquellos bárbaros, se arrojaron espada en mano contra ellas: a unas atravesaron el pecho, a otras degollaron, a otras asaetearon, pasando todas a aumentar la Corte del Cordero de Dios, con la doble palma de la virginidad y del martirio.

 

Reflexión: Con el tiempo se fundó en la Iglesia una célebre congregación de religiosas, bajo el nombre y la protección de santa Úrsula, y por eso se llaman Ursulinas, las cuales entienden en la educación de las niñas inspirándoles una grande estima de todas las virtudes cristianas. Procuren todas las doncellas imitar en esta virtud a santa Úrsula y a sus compañeras mártires, teniendo su pureza virginal en mayor aprecio que su propia vida y conservándola limpia de toda mancha.

 

Oración: Suplicámoste, Señor Dios nuestro, la gracia de venerar con incesante devoción los triunfos de las santas vírgenes y mártires Úrsula y sus compañeras, para que ya que no podemos honrarlas como merecen, les tributemos al menos humildemente nuestros frecuentes obsequios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

lunes, 19 de octubre de 2026

LOS TALENTOS QUE DIOS DA Y LA CUENTA QUE PIDE DE ELLOS. MEDITACIONES DIARIAS DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE

 


Martes de la XXI semana después de Pentecostés

DE LOS TALENTOS QUE DIOS DA Y LA CUENTA QUE PIDE DE ELLOS.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO,

NUESTRO SEÑOR

PARA

EL TIEMPO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

 

ORACIONES PARA COMENZAR

Y TERMINAR TODOS LOS DÍAS

EL EJERCICIO DE LA MEDITACIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Martes de la XXI semana después de Pentecostés

DE LOS TALENTOS QUE DIOS DA Y LA CUENTA QUE PIDE DE ELLOS.

 

PUNTO PRIMERO. Considera que el primero a quien pidió cuentas el rey fue a un criado a quien alcanzó en diez mil talentos; en los cuales, según san Agustín, son significados los diez preceptos de la ley de Dios y los muchos pecados que los hombres cometen contra ellos.

Considera cuántas veces has quebrantado sus preceptos, y si los cargos que Dios te ha de hacer pasarán de diez mil, pues, como dijimos arriba, cada día le ofendemos muchas veces.

Pasa más adelante un paso y pondera que no tuvo este con qué satisfacer, ni excusa de su pecado, ni persona que le abonase o que volviese por él. Mira tú cuál te hallarás en aquel rectísimo tribunal cuando te haga diez mil cargos, y podrá ser que veinte, treinta, cuarenta mil y más. ¿Qué responderás, y quién te defenderá, o quién volverá por ti?

Y no mires esto como imposible o que está muy lejos a larguísimo tiempo, porque sin duda será presto y podrá ser que antes de mañana, como ha sucedido a muchos; y, a lo más largo, será en breve tiempo, pues el plazo de la vida es tan corto y tan incierto.

Piensa cómo responderás a todas estas cosas, y mira lo que te conviene para alcanzar la vida eterna.

 

PUNTO II- Considera que, como dice Orígenes, estos talentos de que pidió cuenta el rey a este criado son los que Dios da a los hombres, naturales y sobrenaturales, para granjear con ellos y ganar el cielo, aumentando su caudal y haciendo bien a sus prójimos.

Discurre brevemente por los que Dios te ha dado de entendimiento, fuerzas, letras, habilidades, ocasiones, auxilios, gracias y dones espirituales; y mira en qué los has empleado y qué cuenta darás de ellos.

Tantea tu caudal y reconoce si ha crecido o ha menguado, si has granjeado o has perdido con las habilidades y talentos que Dios te dio.

Mira qué cuenta has de dar de ellos, y acuérdate de aquel siervo perezoso que tuvo enterrado el talento que Dios le dio, sin granjear con él; y, en pena, se le mandó quitar y lanzarle en el infierno.

Pues si por uno solo que tuvo ocioso le dieron a este tal pena, ¿cuál será la que te espera a ti por tantos como Dios te ha dado y no has granjeado con ellos?

Riguroso juicio te espera y estrecha cuenta has de dar de tantas mercedes como has recibido de la mano del Señor. Mira con tiempo qué responderás a ellas.

PUNTO III. Considera que, en lugar de servir a Dios con los talentos que te ha dado, los has empleado en ofenderle con ellos; y que has estado tan lejos de acrecentar tu caudal, que le has menoscabado y te hallas pobre, miserable y cargado de deudas.

Mira en qué has empleado la hermosura y las fuerzas naturales, el entendimiento y las habilidades que Dios te dio, la hacienda, calidad, el poder y valimiento con los hombres, los puestos y dignidades en que has estado, los auxilios, inspiraciones y gracias que te ha dado, y las ocasiones de servirle.

Hallarás que con todas le has ofendido en lugar de servirle, y que cada día has ido a menos y a peor, en lugar de ir a más y mejorarte.

Mira también cuán cruel has sido para con tus hermanos. Habiéndote Dios sufrido y perdonado tanto, tú no has tenido piedad para perdonar cosas muy pequeñas a tus prójimos, habiéndote con ellos tan cruelmente como se hubo este siervo mal considerado con su prójimo.

¿Qué puedes esperar el día de la cuenta, sino la sentencia que cayó sobre este miserable, y que te mande Dios entregar a los atormentadores para que hagan en ti el castigo conforme a tus pecados?

Abre, pues, ahora los ojos y date prisa a negociar con los talentos que Dios te ha dado y recuperar en la vida venidera lo que has perdido en la pasada.

Arrójate con este siervo a los pies de tu Señor y pídele que se apiade de ti y te dé tiempo; y espera negociar y granjear lo que has perdido hasta aquí.

 

PUNTO IV. Considera el modo que has de tener en negociar en adelante y recuperar lo perdido, que es el que enseña Cristo en su Evangelio; conviene a saber: perdonando a tus prójimos las deudas que te deben, para que Dios te perdone las que le debes a Él; sufriendo con paciencia sus injurias y retornándoles beneficios por ofensas, con lo cual merecerás ser contado en el número de los hijos de Dios.

Alza los ojos al cielo y contempla a los que han usado de este medio, y los verás en la gloria, coronados como reyes, en compañía de Cristo, cuyas pisadas siguieron.

Saca, pues, de todo lo meditado esta conclusión, y pide a Dios que te dé gracia para ser manso, benigno y piadoso con tus hermanos, para que Dios lo sea contigo y te perdone las deudas de tus pecados.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.