Miércoles de la II semana de Cuaresma.
DE LA TRAICIÓN DE JUDAS.
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Miércoles de la II semana de Cuaresma.
DE LA TRAICIÓN DE JUDAS.
(Math. 26, Joann. 13.)
PUNTO PRIMERO. Dice el Evangelista que, estando Cristo sentado a la mesa con sus discípulos, se turbó y le vieron todos alterado y dijo: de verdad os digo que uno de vosotros me ha de vender; uno de los que están a la mesa conmigo me ha de entregar hoy: considera el sentimiento de Cristo nuestro Señor en este paso, pues nunca leemos que se turbase cuando trató de su pasión, y se turbó refiriendo la entrega que había de hacer de su persona uno de sus discípulos, en que mostró el vivo sentimiento que le causaba en su espíritu la pérdida de su alma, y el pecado tan enorme que trataba en su corazón, de que mostró más dolor que de toda su pasión. ¡Oh Salvador del mundo, y cómo se descubre en este hecho la fineza de vuestro amor, pues tan vivamente sentís la pérdida de uno de los vuestros! ¡Oh Señor, y qué ocasiones de sentimiento os habré dado yo, que no una vez como Judas os he vendido, sino tantas cuantas he pecado, que son más que los átomos del sol; si de Judas dijisteis: ay de él, mejor le estuviera no haber nacido, también yo digo de mí; ¡ay de mí! mejor me estuviera no haber nacido que haberos ofendido: pésame, Señor, sobre todo cuanto me puede pesar, y de lo que no me pesa: me pesa de haberos ofendido y de no haberos servido como tengo obligación.
PUNTO II. Considera cómo oyendo las palabras de Cristo todos los discípulos se entristecieron, y se les volvió acíbar el bocado que tenían en la boca, y empezaron a temblar y a decir: ¿Por ventura, o por desgracia soy yo? y hasta el mismo Judas lo dijo también; pero no con el sentimiento y dolor que debía tener de su pecado, sino para justificarse y disimular su maldad con los demás discípulos; los cuales conocían de sus conciencias que no les reprendían de tal pecado; pero recelábanse con humildad de su flaqueza no cayesen en él. ¡Oh alma mía! contempla la turbación de los discípulos de caer en aquella traición; y si ellos tiemblan siendo tan santos, cuánto más debes temblar de caer tú por tu flaqueza en semejante pecado. Si un apóstol se perdió, ¿quién se podrá asegurar? Pide a Dios te tenga de su mano y que primero te aniquile que te deje caer en semejante maldad.
PUNTO III. Considera cómo Cristo le leyó el corazón a Judas y le dijo que se diese prisa en lo que hacía, y luego salió a la traición en comulgando con los demás, sin detenerse a dar gracias ni a oír el sermón del Salvador: pondera para tu provecho cómo Dios te lee el corazón, y sabe y conoce todo cuanto pasa en él, y corrige tus pensamientos y ordena tus deseos de manera que no desagraden al Señor: pondera el deseo que tenía Cristo de verse en manos de sus enemigos, pues le daba prisa a Judas, y cuánto daño le vino por no detenerse con los demás a oír la plática de Cristo, pues en aquel mismo tiempo le hizo traición, y escarmienta en su cabeza para no caer en pecado y perder la gracia de Dios.
PUNTO IV. Considera a Judas en lo tenebroso de la noche entrar en la casa de los sacerdotes y fariseos, y tratar de la venta, y regatear con ellos cuánto le habían de dar por Cristo, y concertarse y pedirles soldados y gente armada para prenderle y entregarle: mira a qué extremo de maldad llegó un apóstol, y cuán justo dolor tuvo Cristo de su caída: entra en aquel palacio, y pídele que te le venda a ti y ofrécele mucho más que los sacerdotes, y que si fuere necesario te venderás para comprarle. Duélete del bajo precio en que se vende la joya más preciosa que tiene el cielo y la tierra, y vuelve los ojos a ti mismo y mira cuántas veces le has vendido tú por más barato precio, por un gustillo, por un vil interés, por el viento de un pundonor humano y cosas de menos valor, y vuelve a comprarle y a recuperarle, sin reparar en precio, ni costa, ni trabajo, haciendo digna penitencia de tus pecados.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.