miércoles, 25 de marzo de 2026

La conversión de santa María Magdalena



Jueves de la I semana de Pasión

La conversión de santa María Magdalena

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

 



MEDITACION

Jueves de la I semana de Pasión

La conversión de santa María Magdalena

Lc 7, 36-50

El Evangelio dice, que sabiendo santa María Magdalena que Cristo era convidado a comer de un fariseo, vino a buscarle y se arrojó a sus pies lavándolos con sus lágrimas, y limpiándolos con sus cabellos, y ungiéndolos con un ungüento oloroso; de lo cual juzgó mal el fariseo y murmuró de ambos en su corazón: pero Cristo defendió a la pecadora arrepentida, y le perdonó sus pecados, y envió en paz a su casa.

PUNTO PRIMERO. Entra en casa de este fariseo con la consideración, y contempla tres convites que se celebran en ella. El primero del fariseo que convidó a Cristo a comer los manjares del cuerpo; pero el Salvador le admitió por darle a él, y santa María Magdalena los del alma; que con esta intención se han de admitir los convites. El segundo es de santa María Magdalena que convida a Cristo y le da por manjar su corazón, sazonado con el fuego de su amor y el arrepentimiento de sus pecados, y por bebida copiosas lágrimas derramadas de las fuentes de sus ojos, y aprende a convidar a Cristo y a rogarle que venga a tu pobre casa, y ofrécele tu corazón con el de santa María Magdalena, sazonado con el fuego de la verdadera contrición y dolor de los pecados. El tercero convite es el que hace Cristo a los dos, retornándoles el manjar de vida y el sustento del alma al fariseo corrigiendo sus yerros y curándole las llagas de su conciencia, y a santa María Magdalena perdonándole sus pecados y enriqueciéndola de tesoros espirituales y dándoles a ambos el pasto de su celestial doctrina. Medita estos tres convites; hállate presente a ellos y saca de cada uno el sustento y provecho de tu alma.

PUNTO II. Considera a santa María Magdalena a los pies del Salvador llorando y callando por la vehemencia del amor y dolor de sus pecados, como dice san Lorenzo Justiniano, y ungiendo con oloroso ungüento los pies de Cristo, limpiándolos con sus cabellos y cosiendo su boca con sus plantas: entra en su pecho y contempla su corazón abrasado en amor y en dolor de haber ofendido a Dios; oye lo que dice, porque callando habla , y enmudecida da voces con las niñas de sus ojos y los arroyos de lágrimas que derrama; mira qué grato servicio hace a Cristo, y acompáñala en su llanto; arrójate a los pies del Salvador callando y llorando, que él admitirá tu contrición y te hará las mercedes que hizo a esta santa pecadora.

PUNTO III. Considera cómo el fariseo sintió mal de Cristo porque se dejaba tocar de esta pecadora, y de ella porque le tocaba condenando en su corazón a los dos, y cómo penetró Cristo lo que juzgaba en su corazón, y le reprendió suavemente volviendo por la honra de los dos, a donde tienes mucho que aprender; lo primero a no murmurar de los servicios que se hacen a Dios, ni de las personas espirituales que se rigen por fines superiores que no se pueden condenar: lo segundo a tener paciencia si te vieres murmurado por las buenas obras que hicieres como santa María Magdalena; persuadiéndote que de todo hay quien diga mal: lo tercero en dejar a Dios tu causa, que él volverá por ella como Cristo volvió por esta santa pecadora: lo cuarto advierte que Dios mira y penetra lo íntimo de tu corazón, y que no se le esconde nada y trata las cosas interiores de tu alma como quien obra en la presencia de Dios.

PUNTO IV. Considera cómo Cristo se volvió a mirar a santa María Magdalena, y premiando su humildad y arrepentimiento, le dijo que le perdonaba sus pecados y que se partiese en paz ¡Oh alma mía! y qué tesoro tienes aquí en que cavar y sacar oro finísimo para enriquecerte de bienes celestiales. Volvió Cristo el rostro a santa María Magdalena y luego le perdonó sus pecados, y con el perdón le comunicó la paz y tranquilidad de su alma; estos son los grados por dónde viene al espíritu la santidad; lo primero mirarle Dios; lo segundo perdonarle y luego darle la paz, que no puede tenerla el que está poseído de sus pecados. Ponte con Magdalena a los pies de Cristo, que por ventura has pecado más que ella, pídele que vuelva los ojos a mirarte y te perdone tus pecados ¡Oh buen Jesús! miradme a mí y tened misericordia de mí; no os dé en rostro la fealdad de mis culpas, más venza vuestra piedad la grandeza de mis pecados; miradme y perdonadme como a esta santa pecadora, que a mí me pesa de haberos ofendido y quisiera tener sus lágrimas y contrición para dolerme y lavarme de mis culpas ¡Oh Señor! Y qué paz y gozo inexplicable disteis a su alma con aquella palabra, tus pecados son perdonados, vete en paz. Óigala yo, Señor, de vuestra boca y dad paz a este pecador, que si vos no me la dais nunca la podré alcanzar.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.