miércoles, 11 de marzo de 2026

La salud que dio Cristo a la suegra de san Pedro

 


Jueves de la III semana de Cuaresma

La salud que dio Cristo a la suegra de san Pedro

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Jueves de la III semana de Cuaresma

La salud que dio Cristo a la suegra de san Pedro

Lc 4, 38-44

Salió Cristo de la Sinagoga y entró en casade san Pedro, cuya suegra estaba enferma; intercedieron por ella los discípulos a Cristo, el cual mandó a la calentura que la dejase, y quedó tan sana que se levantó y los sirvió a la mesa: corrió la voz del milagro y trajeron al Salvador los enfermos y endemoniados de la ciudad, y dióles salud a todos.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo habiendo Cristo enseñado su celestial doctrina a la Sinagoga y no habiéndola recibido, la dejó como a dura e ingrata a sus beneficios, y vino a la casa de san Pedro, que es la Iglesia, y dio la salud a todos los enfermos que hubo en ella. Mira y atiende cuántas mercedes te ha hecho el Señor, y cuántas voces te ha dado, y cuánta luz de doctrina, y cuán mal te has aprovechado de ella, retornándole ofensas por beneficios, como aquella ingrata Sinagoga, y teme no te castigue como a ella, dejándote olvidado, y se pase a la casa de los pobres agradecidos, como san Pedro, y les haga las mercedes que tenía prevenidas para ti; clama y gime tus ofensas pasadas, y pide al Señor que no te deje ni olvide, sino que te espere a penitencia, ofreciéndole la enmienda en lo que te restade vida.

PUNTO II. Considera cómo aunque Cristo vio a la suegra de san Pedro enferma con ardientes ca lenturas, no se movió a sanarla hasta que se lo rogaron sus discípulos, a cuya instancia le dio tan perfecta salud, que se halló fuerte y convalecida, y esto no porque le faltase voluntad al Salvador de sanarla, sino porque quiso que tuviesen parte en esta obra de piedad sus discípulos, y porque supiésemos que aunque conoce nuestras necesidades, espera los ruegos y las oraciones de los buenos para sacarnos de ellas; de lo cual has de sacar dos cosas: la primera es rogar siempre al Señor por las necesidades de tus prójimos, para que los socorra y remedie; la segunda valerte de sus intercesiones en las tuyas para que tenga piedad de ti y te saque de ellas, confiando que como sanó a esta mujer de la enfermedad que padecía por los ruegos de sus discípulos, también se compadecerá de ti por los ruegos de sus siervos, y te hará mercedes.

PUNTO III. Considera cómo luego sin dilación, en hallándose sana esta santa mujer, se levantó y sirvió a la mesa Cristo y a sus discípulos, mostrando su agradecimiento, empleando la salud que Dios le había dado en su santo servicio; para esto te la da a ti, y los talentos que de su mano has recibido. Mira con atención si los empleas en el servicio de Dios o del mundo, y en buscar tus comodidades, intereses y adelantamientos y las vanidades del siglo; vuelve sobre ti y atiende a tu obligación, y ofrécete a tu Dios, dedicándote todo a su servicio con verdadero afecto de servirle.

PUNTO IV. Considera cómo no se limitó la caridad del Salvador a la suegra de san Pedro, sino que se alargó a todos los pobres enfermos y endemoniados de la ciudad; y aprende lo primero a no limitar la tuya a solos los amigos, parientes y conocidos, sino extenderla a todos, y en especial a los más pobres y desamparados; y lo segundo, conociendo tu necesidad y las dolencias de tu alma, suplícale al Señor que venga a tu pobre casa, y que te sane de ellas, como sanó a la suegra de san Pedro.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.