Lunes de la IV semana de Cuaresma.
DEL CONCILIO QUE JUNTARON LOS ESCRIBAS PARA CONDENAR A CRISTO
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Lunes de la IV semana de Cuaresma.
DEL CONCILIO QUE JUNTARON LOS ESCRIBAS PARA CONDENAR A CRISTO. (Math. 26. Luc. 22.)
PUNTO PRIMERO. Considera cómo luego por la mañana juntaron concilio los sacerdotes, escribas y fariseos, que eran los doctos y estimados del pueblo, y trataron la causa del Salvador para calificar su condenación, naciendo de personas de tanta opinión que fue una de las mayores afrentas que padeció Cristo como se lo dijo Pilatos, alegando que los pontífices y eclesiásticos de su nación, que le habían de mirar como a propio, le habían sentenciado, condenado y entregádosele: compadécete del Salvador, y si padecieres sin causa de los que debieran ampararte, consuélate y esfuérzate con su ejemplo a tener paciencia y confianza en Dios.
PUNTO II. Considera cuán prontos fueron estos para juntarse a condenar a Cristo, y avergüénzate de ver cuán flojo y negligente eres tú para las cosas de su servicio; atiende cómo los que tenían contiendas sobre las dignidades y honores se unieron en uno contra el Salvador del mundo; y mira cuán propio es de los malos agavillarse para la maldad, huye de sus concilios, y ten por sospechosas sus juntas, que todas se ordenan al mal y ninguna mira al bien.
PUNTO III. Entra con la consideración en este concilio y mira a Cristo como reo en pie y atado, y a los escribas sentados como jueces, haciéndole preguntas para calumniarle; oye cómo le preguntan si es Hijo de Dios, y cómo les responde con modestia la verdad, y confiesa que lo es, y por esta confesión le condenan por digno de muerte, sin que haya voto en contrario. ¡Oh injustísimos jueces y consejo adonde preside Satanás! Bien sabía el Salvador lo que había de resultar de su confesión; pero no por eso dejó de decir la verdad, porque aprendieses a no ocultarla ni callarla cuando convenga decirla, y a confesar al Señor aunque sea a costa de la vida: pídele gracia para seguir su ejemplo, y que no te entregue a los juicios de los hombres, pues tan errados son.
PUNTO IV. Considera que entre tantos sabios de la ley no se halló quién defendiese la verdad e inocencia del Salvador, porque la inocencia sin la virtud es como los ojos ciegos con el polvo de la pasión; aprende a estimar en más la verdadera virtud que la mucha opinión cuando se halla sin el espíritu de Dios: todos erraron como ciegos movidos de su envidia, y condenaron a la verdad por mentira, y a la inocencia por pecado.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.