domingo, 8 de marzo de 2026

Ningún profeta es bien recibido en su patria

 


Lunes de la III semana de Cuaresma

Ningún profeta es bien recibido en su patria

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la III semana de Cuaresma

Ningún profeta es bien recibido en su patria

Lc 4, 23-30

Estando Cristo en su patria entró en la sinagoga, y leyó un capítulo de Isaías profeta, que hablaba de su venida, y les declaró a los presentes los cuales indignados de oírle, le echaron con violencia de ella, y sacándole fuera de la ciudad, le quisieron despeñar de un monte abajo: más pasando por en medio de ellos salió libre de sus manos,

PUNTO PRIMERO. Considera cuánta verdad es lo que dice Cristo, que en todas partes es oído y hace provecho el profeta, sino es en su patria, pues el mismo Cristo que le hizo tan grande en todas no le hizo entre los suyos: no te ciegue el amor de los parientes, ni el celo de los amigos, sino retírate de ellos y cree que en ninguna parte aprovechará menos que entre ellos; y que para tu aprovechamiento y el de tus prójimos te conviene el retiro de todo lo que es carne y sangre como lo enseña Cristo.

PUNTO II. Considera aquella sentencia del Salvador, que dice: médico, cúrate a ti mismo ¡Oh qué grande engaño es curar a los otros y no a ti mismo! echar agua en la casa ajena estándose que mando la propia. Toma el consejo del Salvador y mete la mano en tu pecho y mira tus llagas y cuida de curarlas y deja las ajenas, pues tu salud es la primera y la que debes procurar ante todas cosas.

PUNTO III. Considera la ira que engendró la doctrina de Cristo Señor nuestro en los corazones de los fariseos, porque en los de los buenos engendra devoción y santos deseos , y en los de los malos ira, envidia y obstinación por su malicia; atiende a lo que pasa por ti y considera qué efectos causa en tu corazón la palabra del Señor, y cuántas has oído y qué frutos has sacado de ellas, y llora las pérdidas pasadas, y pídele con instancia y humildad, que tenga en ti su divina palabra los efectos que pretende el que la dice y los que tiene en los corazones de los buenos.

PUNTO IV. Considera el poder infinito de Cristo Redentor y Señor nuestro junto con su paciencia y mansedumbre; pues por una parte se dejó atropellar y maltratar, echándole a empellones de la sinagoga, y llevándole a la cumbre del monte para despeñarle; y por otra se libró de sus manos solo con su voluntad, pasando por en medio de ellos: aprende mansedumbre y paciencia en las contradicciones que padecieres de tus enemigos, y grande confianza en el poder infinito de Dios que te librará de todos con suma facilidad, como libró en esta ocasión a su Santísimo hijo, reservándole de la muerte que pretendieron darle sus enemigos.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.