Lunes de Pasión.
DE CÓMO EXAMINÓ SEGUNDA VEZ PILATOS A CRISTO
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
Lunes de Pasión.
DE CÓMO EXAMINÓ SEGUNDA VEZ PILATOS A CRISTO.
PUNTO PRIMERO. Considera a Cristo delante del presidente con aquella vestidura blanca de loco, reputado por tal y cercado de infinitos enemigos que no cesaban de acusarle con nuevos y falsos testimonios, a que Cristo estuvo mudo como la primera vez que le acusaron; y mirándote en este espejo, aprende la grandeza de virtudes que te enseña, y en especial la confianza en los trabajos y persecuciones; y si te hallares reputado por imprudente y desacertado en tus acciones, y por falto de entendimiento y de talento para las cosas de importancia, sufre y calla; da gracias al Señor porque te da ocasión de imitarle y una parte de su cruz, hallándote infamado sin causa.
PUNTO II. Considera cómo el presidente, oída la respuesta de Herodes y las acusaciones contra Cristo, le volvió a hablar a parte y a preguntarle para que respondiese a ellas; y admirado de su silencio y de que no se defendía le dijo: ¿cómo no me respondes a mí, que puedo librarte o condenarte? A que el Salvador respondió: no tuvieras poder alguno sobre mí, si no te le dieran de arriba. Medita estas palabras de grande enseñanza, en las cuales el Salvador declara cómo todo su corazón estaba puesto en Dios, de cuya mano recibía todo lo que venía por la de los hombres, que eran los instrumentos de que se valía para la ejecución de su voluntad; la cual ejecutaba con sumo gusto, aunque a costa de tantos dolores y afrentas. Considera con mucha atención estas palabras, y advierte que nadie tiene potestad sobre ti si no se la da Dios, y que de su mano y por su orden vienen las afrentas y trabajos que caen sobre ti; recíbelos como dones suyos, sigue el ejemplo de tu Redentor, y hallarás alegría en los trabajos, dulzura en las amarguras y descanso en las fatigas llevadas por su amor.
PUNTO III. Considera al presidente, que en oyendo a Cristo volvió al pueblo, y le dijo que no hallaba causa en él para condenarle, ni Herodes a quien le había remitido, la había hallado. ¿Quién pensára que hallándose el Salvador calificado y tenido por inocente por dos tales personas, no le diera también el pueblo por libre; pues tiene tan grande fuerza la palabra de un rey y la opinión de un presidente? Pero quiso pasar por la tela de los desdichados, para consuelo de los que viéndose a pique de su ventura no les vale; porque la opinión del rey y su palabra le valió al Salvador para ser tenido por loco, porque lo dijo Herodes, y no le valió para darle por libre y no condenarle, aunque dijo que no hallaba en él causa de muerte; ¿quién no pasará con gusto sus trabajos, viendo lo que pasa el Salvador, y cuán sin consuelo ni defensa es condenado con tan grande inocencia? Bendito seáis, Señor, que hasta las desdichas mías quisisteis tomar sobre vos para consuelo y alivio de mis desgracias; dadme gracia para que yo las lleve con la igualdad de ánimo que vos lleváis las vuestras.
PUNTO IV. Considera aquellas palabras que una y muchas veces repitió al pueblo Pilatos: ninguna causa hallo en él. Mira con atención si hallas tú alguna causa en Cristo para morir, y luego vuelve los ojos a ti mismo y mira si la hallas en ti; Pilatos no la halló en Cristo, porque no le conocía; pero si tú le conoces y le contemplas, en lo interior de su pecho hallarás muchas causas para que muera, como son su infinito amor y la inmensa caridad con que te ama, su piedad, misericordia y el deseo encendido que tiene de la salvación de las almas, y en especial de la tuya; y si miras a ti mismo, hallarás en tus pecados tantas causas, cuantos son los que has cometido: todos hemos pecado y necesitamos de la gracia de Cristo, como dice el Apóstol, y de su redención: todas estas causas hallarás, por las cuales debes darle muchas gracias, y dolerte juntamente de haber dado causa de tu parte para su muerte y pasión. ¡Oh Señor! bendígante los ángeles, porque tomaste por causa para morir por mí la infinidad de tu amor. ¡Oh si yo supiera amarte como tú me amaste, para morir por ti como tú moriste por mí! Yo soy el que pequé, yo el que lo debo pagar, la causa es mía, y yo debo satisfacer por ellas.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.