sábado, 21 de marzo de 2026

La santidad de Cristo

 


I domingo de Pasión

La santidad de Cristo

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

I domingo de Pasión

La santidad de Cristo

Jn 8, 46-59

El Evangelio contiene una pregunta que hizo Cristo en abono suyo a los sacerdotes de la ley, a la cual no respondieron; antes tomaron ocasión de baldonarle, y pasaron tan adelante que quisieron apedrearle; pero el Señor los dejó y se fue del templo.

PUNTO PRIMERO. Considera que siendo Cristo la misma santidad se purifica en la opinión de los hombres de la mancha de pecado, y solo él pudo decirle: ¿quién de vosotros me argüirá de pecado? para que entiendas cuán grave mal es el pecado, pues ni la sombra de él permitió Cristo en su opinión, ni tú la debes permitir en la tuya, cuando menos en tu alma: atiende a las palabras de Cristo y mira si podrás tú decirlas y ponerte a examen de tus enemigos; purifica tu alma de cualquiera pecado; pide al Señor tu gracia para no caer en él, y antes morir mil veces que ofenderle.

PUNTO II. Medita las palabras del Redentor y tómalas como dichas a ti: si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios oye las palabras de Dios, y el que no , no: mira tú conciencia y cuántas verdades te ha dicho Cristo al corazón y cuán pocas has obrado, olvidándolas y despreciándolas como si no las creyeras: pondera para bien tuyo el sentimiento que tendrá el Señor de ti por haberle despreciado y héchote sordo a sus verdades, pídele perdón y dispón tu alma para recibir sus verdades y mostrar que las das crédito poniéndolas por obra, y para decirlas con valor siempre que importare para su santo servicio.

PUNTO III. Considera el efecto que hicieron en estos malos sacerdotes las verdades de Cristo; pues se volvieron contra él, llamándole samaritano y endemoniado, y tomaron piedras para apedrearle ¡Oh malicia grande de los hombres, que volvéis emponzoña la triaca, y las palabras de vida en tósigo de muerte! Escarmienta en su cabeza y ruega a Dios que no sea la malicia de tu corazón como la de estos, que saque ponzoña de las palabras de vida, y que no te vuelvas contra quien te avisa o reprende tus pecados como se volvían estos contra Cristo; sino que aprovechándote de sus palabras obren en ti efectos de vida eterna.

PUNTO IV. Considera con san Gregorio la mansedumbre de Cristo, que siendo maldecido no retornó maldiciones; y siendo afrentado sufrió sus baldones y respondió con igual mansedumbre y humildad: yo no tengo demonio, sino honro y glorifico a mi Padre, y queriendo apedrearle no se defendió ni los ofendió, sino dejólos en el templo quitando la ocasión a sus enemigos de cometer aquel pecado ¡Oh manso Cordero! bendito seáis mil veces por vuestra grande humildad y paciencia: dadme gracia para que yo la imite y sepa ser manso y humilde de corazón, callado y sufrido en mis injurias como vos lo sois en las vuestras.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.