Martes de la IV semana de Cuaresma
La autoridad de la doctrina de Cristo
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Martes de la IV semana de Cuaresma
La autoridad de la doctrina de Cristo
Jn 7, 14-31
Predicando y enseñando Cristo en el templo con admiración de todos, se le opusieron los judíos motejándole de ignorante y diciendo que estaba endemoniado; a que respondió quién era y que su doctrina era de su Eterno Padre; más deslumbrados con la respuesta, le quisieron echar mano, pero no les fue permitido porque no había llegado su hora,
PUNTO PRIMERO. Considera que, predicando Cristo en el templo, se admiraban y no se convertían los que oían, en que multiplicaban su pecado; pues siendo la doctrina admirable, no se rendían con ella, pues poseídos de la envidia le querían quitar la vida; llora la dureza de los hombres y la obstinación en sus pecados, pues vemos hoy en muchos el mismo vicio que en estos, los cuales alaban los sermones que oyen por admirables pero no se convierten con ellos, sino antes se endurecen más en sus pecados; y mira que no seas tú uno de ellos: entra en cuenta contigo y considera cuántos has oído toda la vida y cuán poco te has aprovechado; pide a Dios perdón y gracia para enmendarte.
PUNTO II. Considera lo que dice el Evangelista, que se admiraban de verle tan sabio sin haber estudiado, de lo cual, como dice san Juan Crisóstomo, habían de conocer claramente su divinidad y que su doctrina era de Dios, pues no era adquirida por medios humanos como la de los hombres, sino celestial y divina, y propia de Hijo de Dios; de lo cual debes sacar una grande estima de la doctrina del Salvador, y sumo aprecio de todas sus palabras, conociendo que son de Dios, y su sabiduría, no humana, sino divina; gózate de tener tal maestro, pídele que te enseñe y que te dé luz para entender su doctrina y caminar con sus consejos al cielo.
PUNTO III. Considera aquellas palabras que dijo el Salvador a los que le contradecían: si alguno quisiere hacer mi voluntad (esto es, de mi Padre), entenderá mi doctrina; dándoles a entender, como siente san Crisóstomo, que no la entendían ellos por estar poseídos de sus vicios y no cumplir la voluntad de Dios, sino la suya: medita estas palabras y mira no oscurezca tu corazón la niebla de tus vicios y pasiones no domadas, y el amor propio contrario a la ley del espíritu y a la voluntad de Dios, y por esto no acabas de conocer sus verdades y penetrar el espíritu que encierra su santa doctrina; trabaja con la gracia divina en hacer la voluntad de Dios y en purificar tu alma de vicios, y Dios te dará luz para que limpios los ojos de tu alma puedas entender sus verdades y alcanzar su doctrina.
PUNTO IV. Considera la malicia de los judíos, que ciegos con tanta luz se despeñaron en tan horrendo pecado, como fue quitar la vida al Redentor del mundo: en este vicio caen los que toman ocasión de los sermones para volverse contra los predicadores que hablan en su nombre: ruega a Dios nuestro Señor que te tenga de su mano para no caer en semejante vicio, y no te acobardes si diciendo la verdad fueres perseguido, que Dios estará a tu lado como estuvo al de Cristo, y no permitirá a ninguno extender la mano contra ti.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.