Lunes de la IV semana de Cuaresma
Expulsión de los vendedores del templo
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la IV semana de Cuaresma
Expulsión de los vendedores del templo
Jn 2, 13-25
Entró Cristo en el templo, y viéndole profana modelos que vendían y compraban los animales para los sacrificios, los lanzó de él, haciendo azote de su cíngulo, diciéndoles que no hiciesen casa de contratación la que era de oración; y aunque se le opusieron algunos, otros muchos creyeron en él, viendo las maravillas que obraba en confirmación de su doctrina.
PUNTO PRIMERO. Considera el respeto que se debe a los templos de Dios, por el sentimiento que Cristo mostró de ver profanado el de Jerusalén, que fue tan grande, que sin dar más plazos trató de purificarle por su propia persona, echando a los que compraban y vendían en él; y mira el respeto que debes tener a los templos del Señor, que son casas de oración, y pídele gracia para reverenciarlos y respetarlos como debes.
PUNTO II. Considera el celo santo de Cristo, que no dudó de castigar por su propia persona a los que profanaban el templo de Dios, echándolos por fuerza de él porque no salían degrado, y con ellos a sus ganados; porque no permite en su casa los que no se le sacrifican, como dice santo Tomás. Aprende de su celo el que debes tener en mirar por la casa de Dios, y pues te ha traído a ella, mira que no viniste a comprar, ni a vender, ni a atesorar riquezas temporales, sino a sacrificarte a su Divina Majestad con todos tus deseos y apetitos. Ofrécete en holocausto en olor de suavidad, y el Señor te recibirá y te conservará en su casa, y si no teme no te castigue como a estos, lanzándote de ella rigurosamente.
PUNTO III. Considera que, como dice el Apóstol, todos somos templos vivos de Dios, en quien puso su imagen, y quiere ser adorado y servido. Entra la mano en tu pecho, y mira si viniera Dios al templo de tu alma, si hallara a quien echar de él, como halló en el templo material de Jerusalén, y no esperes a que tome el azote en la mano y te castigue como a aquellos, sino anticípate tú, purificando tu alma de todo lo que puede desagradará Dios; despídelos cuidados superfluos de las cosas terrenas y no trates más que de las celestiales, vacando a la oración y alabanzas del Señor.
PUNTO IV. Considera que viendo esta acción del Salvador, unos le contradijeron, y otros creyeron en él, porque no te acobardes si hallares contra dicciones en las obras que emprendieres del servicio de Dios; persevera con paciencia, que al cabo experimentarás su gracia, y serán más los que te sigan y ayuden, que fueron los que te hacían contradicción; y pídele al Señor que te dé celo santo de su honra, y gracia para perseverar en su servicio, y no rendirte a las contradicciones de los hombres.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.