Lunes de la II semana de Cuaresma
Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la II semana de Cuaresma
Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy.
Jn 8, 21-29
El Evangelio contiene un razonamiento que tuvo Cristo con los judíos, a quienes dijo que no le podían seguir, porque estaban en pecados, en los cuales morirían y finalmente que cuando le levantasen de la tierra le conocerían, pues su ceguedad no les daba lugar para que le conociesen entonces.
PUNTO PRIMERO. Considera que, como dice Orígenes, en estas palabras que dijo Cristo a sus enemigos: Yo me voy, les amenazó el mayor castigo que les pudo dar, que fue apartarse de ellos y dejarlos en pena de su dureza, porque habiéndoles predicado tantas veces, no le creyeron. Tiembla de que te dé a ti semejante castigo, mira tu vida, considera cuántas veces te ha predicado, unas por sí mismo hablándote interiormente, y otras por medio de sus predicadores, y cuán duro está tu corazón y que no parece le acabas de creer, y teme no se vaya y te deje como a estos por ingrato y desconocido; clama y detenle, pidiéndole que no te castigue tan rigurosamente; dile con David: no te apartes con ira de tu siervo, no me dejéis Señor, antes me aniquilad que os apartéis de mí.
PUNTO II. Considera lo que dice luego Cristo: que morirían en su pecado, porque así como en poniéndose el sol, todo queda en tinieblas, así retirándose Dios queda el alma en las tinieblas de la culpa, y en el ocaso de la muerte; malo es vivir en pecado, pero la suma desdicha es morir en él; esta pena da el Señor a los que no le reciben cuando viene a ellos ¡Oh alma mía, considera qué pena es esta que no tienen comparación con ella todas cuantas hay criadas! y pide al Señor que no te castigue con tal pena dejándote morir en tu pecado; mira cuál es el que te detiene y sal de esa cadena antes que llegue la muerte y te halle preso en ella.
PUNTO III. Considera lo que el Salvador añade: a donde yo voy, no podéis venir vosotros, no porque les faltase potestad para venir, si quisieran convertirse, sino porque como dice san Agustín, Cristo caminaba a la gloria, a donde ellos no podían ir en pecado, en el cual permanecían por su obstinada voluntad ¡Oh alma mía! Mira no caiga sobre ti esta sentencia: sal de la culpa, si quisieres seguir a Cristo y entrar con Él en su gloria, mira cuánto te importa; pídele que te admita en su gracia, y que te lleve consigo a donde estés siempre con Él.
PUNTO IV. Concluye Cristo diciendo: que le conocerían cuando le levantasen de la tierra, lo cual, como explica san Agustín, dijo por los que habían de creer en él en su Pasión, viéndole morir con tan grande paciencia y conformidad con la voluntad de su Padre, que le dio a conocer por Hijo de Dios a los hombres; dale mil gracias por la luz que nos dio, puesto como antorcha resplandeciente en el candelero de la Cruz; contempla las virtudes que ostentó en ella, por las cuales declaró al mundo que era Hijo de Dios; mira los muchos que por ella se convirtieron, y vuelve los ojos a ti mismo, y mira si das tú testimonio de que eres hijo de Dios por gracia, con la paciencia, humildad, mansedumbre, caridad y conformidad con la voluntad de Dios en todo lo que te sucede. Mira otro sí, si rinden tu corazón a su amor y obediencia tanto número de virtudes como ostentó en aquella cruz por ti, y procura de aquí adelante mirarte en este espejo y corregir tu vida y rendirte a su voluntad, para ser digno discípulo suyo y contado entre los hijos de Dios.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.