domingo, 29 de marzo de 2026

La unción de santa María Magdalena

 


Lunes Santo

La unción de santa María Magdalena

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Lunes Santo

La unción de santa María Magdalena

Jn 12, 1-9

Escribe el sagrado Evangelista, que seis días antes de la Pascua vino Cristo a Betania, y se hospedó en casa de Simón Leproso y se sentó a la mesa con sus discípulos y Lázaro, a quien había resucitado, y María Magdalena ungió los pies de Cristo con ungüento precioso y los limpió con sus cabellos, de que Judas murmuró, más Cristo volvió por María Magdalena delante de muchos, que vinieron por ver a Lázaro resucitado.

PUNTO PRIMERO. Considera la caridad y amor que el Salvador tenía a sus amigos, a quien había hecho tanto bien, como fueron Lázaro, a quien dio la vida; María, a quien había perdonado sus pecados; Marta, en cuya casa se había hospedado; Simón, a quien había curado de la lepra, y por haberla tenido le llamaban el Leproso; y como llegase el tiempo de su pasión no quiso partirse de este mundo sin despedirse de ellos y darles aquella consolación: entra tú en aquella casa, contempla lo que pasa en ella: mira a Cristo tan benévolo, afable y gustoso para con todos, y aprende a serlo tú con todos; penetra lo interior de su alma, y contempla su amor para con sus amigos y el sentimiento de apartarse de ellos, y del dolor que les había de causar su pasión, y cómo los consuela y sazona para llevarla con paciencia, y aprende a consolar a tus amigos, y pídele al Señor que no se parta sin consolarte a ti también; y pues su caridad es tan crecida, que unas mercedes son empeño para otras, cuéntale las que te ha hecho, y pídele que te haga otras muchas de nuevo, como las hizo a todos los referidos.

PUNTO II. Considera a Lázaro resucitado a la mesa con Cristo y con sus discípulos; el cual, como dice san Agustín, es símbolo del pecador convertido; resucita de la muerte del pecado a la vida de la gracia, el que merece sentarse a la mesa con Cristo: no desprecies a ningún pecador, más ten grande estima de los convertidos ; mira la honra que Dios les hace, hónralos tú también, y cobra una grande confianza en su bondad, viendo de la manera que trata a los pecadores convertidos.

PUNTO III. Considera a santa María Magdalena abrasada de amor del Salvador, postrada a sus pies, ungiéndolos con aquel bálsamo precioso, lavándolos con sus lágrimas y limpiándolos con sus cabellos, y besándolos con su boca, sin apartarse de ellos, y a Cristo tan regalado y gustoso con estos obsequios. Pídele lugar a esta santa y licencia para arrojarte a los pies del Salvador en su compañía a ungir los pies de Cristo, lavarlos con tus lágrimas y limpiarlos con las telas de tu corazón. Entra con el afecto y voluntad a la parte con santa María Magdalena; y pues los pobres representan a Cristo, y son como los pies del cuerpo místico de su Iglesia, úngelos gastando con ellos los preciosos bálsamos de tu casa, y lávalos curándolos y limpiándolos, y emplea en su servicio tus cabellos, cubriéndolos y vistiéndolos con lo que sobra en tu casa, que según san Gregorio, significa los cabellos, que son lo superfluo del cuerpo.

PUNTO IV. Considera cómo murmuraron de María los circunstantes, y cómo la defendió Cristo; porque no hay obra tan santa que no esté sujeta a la censura de los hombres, los cuales como poco sabios juzgan por malo lo que es bueno y lo murmuran: no te turbe la murmuración de los maliciosos, que Dios te defenderá como a María Magdalena. Alza los ojos al cielo, y mira lo que siente Dios de ti, y de lo que haces en su servicio; ten buena intención y Él favorecerá tu obra, ofrécete a su servicio, pídele que te dé esfuerzo y perseverancia, como le dio a esta santa pecadora para seguirle hasta el monte Calvario y después a su sepultura.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.