Lunes Santo
La unción de santa María Magdalena
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Lunes Santo
La unción de santa María Magdalena
Jn 12, 1-9
Escribe el sagrado Evangelista, que seis días antes de la Pascua vino Cristo a Betania, y se hospedó en casa de Simón Leproso y se sentó a la mesa con sus discípulos y Lázaro, a quien había resucitado, y María Magdalena ungió los pies de Cristo con ungüento precioso y los limpió con sus cabellos, de que Judas murmuró, más Cristo volvió por María Magdalena delante de muchos, que vinieron por ver a Lázaro resucitado.
PUNTO PRIMERO. Considera la caridad y amor que el Salvador tenía a sus amigos, a quien había hecho tanto bien, como fueron Lázaro, a quien dio la vida; María, a quien había perdonado sus pecados; Marta, en cuya casa se había hospedado; Simón, a quien había curado de la lepra, y por haberla tenido le llamaban el Leproso; y como llegase el tiempo de su pasión no quiso partirse de este mundo sin despedirse de ellos y darles aquella consolación: entra tú en aquella casa, contempla lo que pasa en ella: mira a Cristo tan benévolo, afable y gustoso para con todos, y aprende a serlo tú con todos; penetra lo interior de su alma, y contempla su amor para con sus amigos y el sentimiento de apartarse de ellos, y del dolor que les había de causar su pasión, y cómo los consuela y sazona para llevarla con paciencia, y aprende a consolar a tus amigos, y pídele al Señor que no se parta sin consolarte a ti también; y pues su caridad es tan crecida, que unas mercedes son empeño para otras, cuéntale las que te ha hecho, y pídele que te haga otras muchas de nuevo, como las hizo a todos los referidos.
PUNTO II. Considera a Lázaro resucitado a la mesa con Cristo y con sus discípulos; el cual, como dice san Agustín, es símbolo del pecador convertido; resucita de la muerte del pecado a la vida de la gracia, el que merece sentarse a la mesa con Cristo: no desprecies a ningún pecador, más ten grande estima de los convertidos ; mira la honra que Dios les hace, hónralos tú también, y cobra una grande confianza en su bondad, viendo de la manera que trata a los pecadores convertidos.
PUNTO III. Considera a santa María Magdalena abrasada de amor del Salvador, postrada a sus pies, ungiéndolos con aquel bálsamo precioso, lavándolos con sus lágrimas y limpiándolos con sus cabellos, y besándolos con su boca, sin apartarse de ellos, y a Cristo tan regalado y gustoso con estos obsequios. Pídele lugar a esta santa y licencia para arrojarte a los pies del Salvador en su compañía a ungir los pies de Cristo, lavarlos con tus lágrimas y limpiarlos con las telas de tu corazón. Entra con el afecto y voluntad a la parte con santa María Magdalena; y pues los pobres representan a Cristo, y son como los pies del cuerpo místico de su Iglesia, úngelos gastando con ellos los preciosos bálsamos de tu casa, y lávalos curándolos y limpiándolos, y emplea en su servicio tus cabellos, cubriéndolos y vistiéndolos con lo que sobra en tu casa, que según san Gregorio, significa los cabellos, que son lo superfluo del cuerpo.
PUNTO IV. Considera cómo murmuraron de María los circunstantes, y cómo la defendió Cristo; porque no hay obra tan santa que no esté sujeta a la censura de los hombres, los cuales como poco sabios juzgan por malo lo que es bueno y lo murmuran: no te turbe la murmuración de los maliciosos, que Dios te defenderá como a María Magdalena. Alza los ojos al cielo, y mira lo que siente Dios de ti, y de lo que haces en su servicio; ten buena intención y Él favorecerá tu obra, ofrécete a su servicio, pídele que te dé esfuerzo y perseverancia, como le dio a esta santa pecadora para seguirle hasta el monte Calvario y después a su sepultura.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.