martes, 24 de marzo de 2026

La renovación del templo, a cuya fiesta subió Cristo a Jerusalén

 


Miércoles de la I semana de Pasión

La renovación del templo,

a cuya fiesta subió Cristo a Jerusalén

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la I semana de Pasión

La renovación del templo,

a cuya fiesta subió Cristo a Jerusalén

Jn 2, 1-11

Refiere san Juan que subió Cristo a celebrar la Pascua de la renovación del templo, y que le cercaron los judíos diciéndole que se declarase si era Cristo, a que el Redentor respondió, que sus obras daban bastante testimonio de quién era, y ellos ciegos con la luz tomaron piedras contra él, diciéndole que blasfemaba porque se hacía Hijo de Dios; a que respondió con blandura: creed a mis obras que ellas dan testimonio de quien soy.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo subió Cristo al templo a celebrar la Pascua y hallarse en la solemnidad de aquel día, aunque sabía las calumnias que le habían de oponer los judíos; para enseñarnos a frecuentar los templos y autorizar el culto divino, asistiendo a los divinos oficios y acreditando las solemnidades de la Iglesia, que se ordenan a la gloria y honra de Dios. Aprende a no dejarte vencer de las dificultades que el demonio te opone como no se dejó vencer el Salvador, sino a romperlas con valor, no por faltar al servicio de Dios.

PUNTO II. Considera que como dice san Agustín, esta fiesta de la renovación del templo fue símbolo de la renovación del alma, cuando dejadas las costumbres del viejo Adán se viste y renueva con las de Cristo, el cual subió a aquella renovación, porque siempre viene al alma que se renueva espiritualmente y hace asiento en ella. Pídele su gracia para renovar tu vida y mejorar tus costumbres, mira lo que se ha entibiado en ti el fervor y santidad y deseos de servir a Dios y renueva tus propósitos y fervores, y pídele que venga y haga morada en ti.

PUNTO III. Contempla cómo le cercaron sus enemigos, pidiéndole que se declarase con ellos, no con intención de seguirle, sino de calumniarle, y cómo a las verdades llamaron blasfemias, y pasaron hasta tomar piedras para apedrearle, de lo cual debes sacar para tu aprovechamiento que no todos los que se llegan a Cristo salen aprovechados de su presencia, sino los que se llegan a él con sana intención y verdadero deseo de su bien: duélete de ver cuántos le cercan en el templo, y cuán pocos se aprovechan, porque no van con la intención que deben; y mira si tú llegas con ella. y cómo te aprovechas de su santidad y doctrina. Lo segundo considera cómo estos tomaron ocasión de la verdad para apedrear al Salvador, y calificaron por blasfemia decirles que era Hijo de Dios: tal fue su malicia, y es hoy la de los que se vuelven contra los predicadores y contra los que les dicen la verdad: pide al Señor que te dé su gracia para apreciarla como debes, y para no cobardear en decirla por ningún temor humano.

PUNTO IV. Considera la respuesta de Cristo, que sus obras daban testimonio de quien era, y por ellas le debieran conocer y adorar como a Hijo del Altísimo. Considera las obras del Redentor y reconócele, alábale y bendícele por ellas, y vuelve los ojos a ti mismo, y mira qué testimonio dan las tuyas de ti, y si te conocerán por ellas por hijo suyo y digno de ser uno de sus discípulos, y advierte que están a la mira los cielos y la tierra, y que todos te han de reconocer por tus obras: pídele al Señor gracia para mejorarlas y hacerlas tales, que den testimonio claro de que eres hijo de Dios, y no siervo vendido de Satanás.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.