lunes, 9 de marzo de 2026

Corrección fraterna y poder de la oración en común

 


Martes de la III semana de Cuaresma

Corrección fraterna y poder de la oración en común

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Martes de la III semana de Cuaresma

Corrección fraterna y poder de la oración en común

Mt 18, 15-22

Enseña Cristo en el Evangelio el orden que debemos guardar en la corrección fraterna, mirando siempre por el buen nombre de nuestros prójimos, y enseña también que los debemos perdonar cuantas veces pecaren contra nosotros, por muchas que sean, y la fuerza que tiene la oración de muchos concordes y unidos con caridad, que alcanza lo que piden de la Majestad de Dios.

PUNTO PRIMERO. Considera el cuidado que Dios pone en guardar la honra del prójimo, pues ni para corregirle, permite que se divulgue su pecado, sino antes ordena que le amonesten en secreto, para que de esta manera se corrija y no se menoscabe su opinión, y aprende a mirar en todo y por todo por la honra de tus prójimos, como por la tuya propia, pidiendo al Señor gracia para cumplir sus santos consejos.

PUNTO II. Considera que, como dice san Juan Crisóstomo, Cristo dio este consejo para medicina de nuestras llagas, que se curan con la corrección, que nace de verdadera caridad y deseo del bien del prójimo; de lo cual debes sacar dos cosas: la primera amonestar con prudencia y caridad a tus hermanos de sus faltas, para que se enmienden; en especial si te toca como a prelado, o predicador o superior, con quien especialmente habla, como siente san Agustín, y con esta medicina los ganarás para Dios: la segunda recibir tú la corrección cuando te la dieren, como medicina recetada de la mano de Dios nuestro Señor para la salud de tu alma, aceptándola con humildad, rendimiento y deseo de tu enmienda: entra en cuenta contigo, y mira cuantas llagas y malos siniestros perseveran en ti, por no haber usado esta medicina de la fraterna corrección, ni aceptándola como debes; y si recibes la medicina del cuerpo con hacimiento de gracias, mucho más debes recibir la del alma como más importante.

PUNTO III. Considera lo que dice Cristo, que a donde se juntan dos o tres en su nombre, allí está en medio de ellos, y que si oraren con un corazón y sentimiento, alcanzarán cuanto pidieren, en que como enseña san Hilario, encomienda la unión y caridad, y nos da a entender cuánto puede para con Dios, pues pone su silla y hace su morada, como dice el santo, en medio de los que están unidos y concordes, sin enemistades ni disensiones de diferentes pareceres; pídela del Señor, y procura alcanzarla a costa de cualquiera diligencia.

PUNTO IV. Considéralo que dice san Jerónimo, que estos dos, de quien dice el Salvador que si consintieren entre sí en nombre suyo, estará en medio de ellos, son el espíritu y la carne, o puestos desde su principio; los cuales si perdieren esta oposición, y consintiere la carne en todo y por todo con el espíritu, sujetándose a sus leyes y viendo conforme a ellas, vendrá Dios a morar entre los dos; conforme a lo cual pon todo tu estudio en sujetar tu carne al espíritu, y vivir conforme a las leyes de él, mortificándola y macerándola hasta que pierda los bríos y los desordenados apetitos, para que seas digna morada del Señor; pídele su favor para conseguir esta victoria, que él te la dará y vendrá a ti, y te enriquecerá de los bienes celestiales.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.