Viernes de la I semana de Pasión
El concilio que juntaron los pontífices contra Cristo en Jerusalén
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS
DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA
DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DE
TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,
CUARESMA
Y TIEMPO DE PASIÓN
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Viernes de la I semana de Pasión
El concilio que juntaron los pontífices contra Cristo en Jerusalén
Jn 11, 47-54
Viendo los muchos milagros que obraba Cristo y la gente que le seguía, juntaron concilio los pontífices y fariseos para dar traza de atajar este concurso y poner freno a los que iban creyendo en el Salvador; entre los cuales Caifás, como pontífice de aquel año, profetizó que convenía que muriese Cristo por todos.
PUNTO PRIMERO. Considera cómo habiéndose juntado los enemigos del Salvador a calumniar su vida, no hallaron en él otra culpa sino que hacía muchos milagros y que todos creían en él; gózate de tener un Señor y un Maestro de tan grande santidad que todos sus enemigos no puedan hallar otra culpa en Él sino sus virtudes y milagros y que estos le ponen por capítulos; consuélate con su ejemplo si te hallares en algún tiempo perseguido por el bien que hicieres a tus prójimos y por las obras del servicio de Dios; mira cómo sufre el Redentor sus persecuciones, y cómo debes tú llevar las tuyas, y dale gracias porque se ha dignado de darte parte de su Cruz.
PUNTO II. Considera lo que se propone en este concilio, en el cual se dice: ¿qué hacemos? que este hombre hace muchos milagros; sino le atajamos, todos creerán en él. Toma estas palabras para tu provecho, haz un concilio contigo, juntando a él todas tus potencias y sentidos, y di: ¿qué hacemos? porque este Señor hace muchas señales, ¿cómo no corremos a servirle e imitarle? ¿Qué cuenta hemos de dar de tantas maravillas como obra cada día, y tantas señales para atraernos a su servicio? Todos creen en él, y todos le siguen y le sirven sino eres tú. ¡Oh siervo desagradecido y perezoso! despierta y aviva tu voluntad y tus sentidos para servir a este Señor, que te llama con tantas señales.
PUNTO III. Considera cómo estos temieron perder el reino si creían en Cristo, y le perdieron mucho más, no creyéndole y obrando contra su doctrina: esto sucede a los que por respeto de los bienes temporales desamparan el camino de la virtud, que pierden los unos y los otros, no te engañe Satanás ni el amor de lo presente: pon los ojos en lo eterno, y procura alcanzarlo a cualquiera costa, que Dios te dará esto y aquello.
PUNTO IV. Está atento a la determinación de este concilio y a la boca por donde sale, que es la del pontífice de aquel año que, aunque malo por el lugar que tenía, rigió Dios su lengua para que dijese lo que convenia, y fue que Cristo muriese por todos ¡Oh buen Jesús, nosotros pecamos, y se determina que vos paguéis con la vida nuestras culpas! Repara cómo Dios rige las lenguas de los prelados por malos que sean, y que debemos tomar sus palabras como dictadas por Dios, y gobernarnos por ellas. Oye esta sentencia y levanta los ojos al cielo, y considera como la confirma el Eterno Padre, y la da por buena en su justísimo tribunal, pero con diferente intención; porque estos malos ministros la tuvieron de borrar el nombre de Cristo de la tierra; pero el Padre Eterno de salvar el mundo con su muerte, y purificar la tierra con el diluvio de su sangre, no a costa de los hombres como en el primero, sino a costa de su Santísimo Hijo ¡Oh Señor! Bendito seáis mil veces, que tanto nos amasteis, que nos disteis a vuestro Santísimo Hijo para remedio nuestro: séalo, Señor, de mi alma, y no me quede yo manchado, purificando con su sangre a todo el mundo: dadme que le sea perpetuamente agradecido, y que no le deje de servir por ninguna cosa del mundo.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones.