jueves, 26 de marzo de 2026

El concilio que juntaron los pontífices contra Cristo en Jerusalén

 

Viernes de la I semana de Pasión

El concilio que juntaron los pontífices contra Cristo en Jerusalén

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la I semana de Pasión

El concilio que juntaron los pontífices contra Cristo en Jerusalén

Jn 11, 47-54

Viendo los muchos milagros que obraba Cristo y la gente que le seguía, juntaron concilio los pontífices y fariseos para dar traza de atajar este concurso y poner freno a los que iban creyendo en el Salvador; entre los cuales Caifás, como pontífice de aquel año, profetizó que convenía que muriese Cristo por todos.

PUNTO PRIMERO. Considera cómo habiéndose juntado los enemigos del Salvador a calumniar su vida, no hallaron en él otra culpa sino que hacía muchos milagros y que todos creían en él; gózate de tener un Señor y un Maestro de tan grande santidad que todos sus enemigos no puedan hallar otra culpa en Él sino sus virtudes y milagros y que estos le ponen por capítulos; consuélate con su ejemplo si te hallares en algún tiempo perseguido por el bien que hicieres a tus prójimos y por las obras del servicio de Dios; mira cómo sufre el Redentor sus persecuciones, y cómo debes tú llevar las tuyas, y dale gracias porque se ha dignado de darte parte de su Cruz.

PUNTO II. Considera lo que se propone en este concilio, en el cual se dice: ¿qué hacemos? que este hombre hace muchos milagros; sino le atajamos, todos creerán en él. Toma estas palabras para tu provecho, haz un concilio contigo, juntando a él todas tus potencias y sentidos, y di: ¿qué hacemos? porque este Señor hace muchas señales, ¿cómo no corremos a servirle e imitarle? ¿Qué cuenta hemos de dar de tantas maravillas como obra cada día, y tantas señales para atraernos a su servicio? Todos creen en él, y todos le siguen y le sirven sino eres tú. ¡Oh siervo desagradecido y perezoso! despierta y aviva tu voluntad y tus sentidos para servir a este Señor, que te llama con tantas señales.

PUNTO III. Considera cómo estos temieron perder el reino si creían en Cristo, y le perdieron mucho más, no creyéndole y obrando contra su doctrina: esto sucede a los que por respeto de los bienes temporales desamparan el camino de la virtud, que pierden los unos y los otros, no te engañe Satanás ni el amor de lo presente: pon los ojos en lo eterno, y procura alcanzarlo a cualquiera costa, que Dios te dará esto y aquello.

PUNTO IV. Está atento a la determinación de este concilio y a la boca por donde sale, que es la del pontífice de aquel año que, aunque malo por el lugar que tenía, rigió Dios su lengua para que dijese lo que convenia, y fue que Cristo muriese por todos ¡Oh buen Jesús, nosotros pecamos, y se determina que vos paguéis con la vida nuestras culpas! Repara cómo Dios rige las lenguas de los prelados por malos que sean, y que debemos tomar sus palabras como dictadas por Dios, y gobernarnos por ellas. Oye esta sentencia y levanta los ojos al cielo, y considera como la confirma el Eterno Padre, y la da por buena en su justísimo tribunal, pero con diferente intención; porque estos malos ministros la tuvieron de borrar el nombre de Cristo de la tierra; pero el Padre Eterno de salvar el mundo con su muerte, y purificar la tierra con el diluvio de su sangre, no a costa de los hombres como en el primero, sino a costa de su Santísimo Hijo ¡Oh Señor! Bendito seáis mil veces, que tanto nos amasteis, que nos disteis a vuestro Santísimo Hijo para remedio nuestro: séalo, Señor, de mi alma, y no me quede yo manchado, purificando con su sangre a todo el mundo: dadme que le sea perpetuamente agradecido, y que no le deje de servir por ninguna cosa del mundo.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.