jueves, 26 de marzo de 2026

DE LA CORONA DE ESPINAS

 


Viernes de Pasión

DE LA CORONA DE ESPINAS

 

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Viernes de Pasión

DE LA CORONA DE ESPINAS. (Mat. 26. Luc. 22.)

 

PUNTO PRIMERO. Hasta ahora los enemigos de Cristo usaron diferentes medios para atormentarle, unos de afrentas y otros de penas acervísimas; pero su diabólica rabia halló tal invención, con que en uno se juntasen penas, afrentas, ignominias y dolores gravísimos, tomándole por entretenimiento y vistiéndole de púrpura como a rey fingido, coronándole de espinas y poniéndole por cetro una caña en la mano, hincándose de rodillas, mofándole y escupiéndole como a rey de burlas. Ven, alma mía, a ver lo que pasa en el pretorio de Pilatos: pon los ojos en tu santo Esposo, y mírale coronado con la diadema que le coronó su madre la sinagoga en el día de su mayor gozo, cuando redimió con su preciosa sangre al mundo. Levanta los ojos al cielo, y mírale a la diestra del Padre en trono de suma majestad adorado, alabado y obedecido de los ángeles; y luego baja a la tierra, y mírale escarnecido, despreciado, escupido y hecho juego de los hombres; mira si le conoces, y coteja el un trono con el otro, y admira su paciencia, su mansedumbre, su silencio, su humildad y sufrimiento, y no apartes los ojos de mirarle y compadecerte de sus penas, y llorar tus pecados, que tal estrago causaron en tu Salvador.

PUNTO II. Mira cómo le desnudan de sus propias vestiduras, y le ponen una púrpura vieja y rota, y cómo traen las ramas de cambrones y espinas, y las doblan y forman una guirnalda, no de flores sino de espinas y juncos agudísimos, y la ponen en la cabeza del Salvador, y por no punzarse se la clavan con horquillas: atiende al dolor que sentía con tan nuevos tormentos, y cómo le taladrarían las sienes aquellas púas durísimas, y le sacarían la poca sangre que le había quedado en la cabeza, la cual correría por los ojos, por el rostro, la boca y las demás partes del cuerро; у por alivio de estas penas se hincaban de rodillas y le mofaban, dándole con la caña en la cabeza y en el rostro con suma ignominia. ¡Oh Rey de reyes! ¿qué hábito es este y qué corona, y qué obediencia la vuestra, a quién respetan los cielos, la tierra y todas las criaturas? Bendito seáis, que tales afrentas y dolores quisisteis padecer por mí. ¡Oh mi Dios! y quién tuviera virtud para padecer por vos!

PUNTO III. Considera que aquella púrpura significa la caridad de Cristo, que cubrió las llagas que causaron nuestros pecados, escusándonos para con su Eterno Padre; y aquella corona de espinas las que nuestra mala tierra brotó, maldita por el pecado, las cuales quebró en su cabeza el Salvador, y las ablandó con el suave licor de su sangre, para mitigar nuestras penas y suavizar nuestras penitencias. ¡Oh Salvador del mundo! mil gracias te doy, porque a tanta costa tuya quisiste facilitarme el camino del cielo, y quitarme los impedimentos para ir a él; dame gracia que como tú cubriste mis pecados con la grandeza de tu caridad, así cubra yo los de mis prójimos, y sepa escusarlos delante de Dios y de los hombres, y para que sepa tomar sus penas y aliviar sus fatigas, como tú supiste aliviar las mías.

PUNTO IV. Considera cómo debe estar tu cabeza, cuando así estuvo la de Cristo; y que si la adornas con flores y cultura de los cabellos, le pones en la suya otra corona de espinas; nuevas espinas son también los pensamientos vanos, soberbios y sensuales en que te deleitas, que clavan la cabeza del Salvador; y al contrario, los del cielo y su gloria y los de su santo servicio son flores olorosas, que le adornan y mitigan sus tormentos, no los aumentes tú, mas abraza con todas tus fuerzas de templarlos y aliviarlos, procurando siempre su mayor gloria y servicio en todas las cosas que obrares, pensares y dijeres.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.