IV domingo de Cuaresma.
DE LA COMPASIÓN Y SENTIMIENTO QUE TUVO DE CRISTO LA SANTÍSIMA VIRGEN LA NOCHE QUE ESTUVO PRESO
MEDITACIONES
SOBRE
LA PASIÓN
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:
en tu presencia me postro de rodillas,
y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados
y propósito firmísimo de enmendarme;
mientras con gran afecto y dolor
considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,
teniendo ante mis ojos aquello
que ya el profeta David ponía en tus labios
acerca de ti:
'Me taladran las manos y los pies,
puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".
Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.
IV domingo de Cuaresma.
DE LA COMPASIÓN Y SENTIMIENTO QUE TUVO DE CRISTO LA SANTÍSIMA VIRGEN LA NOCHE QUE ESTUVO PRESO.
PUNTO PRIMERO. Considera que, como medita el seráfico doctor san Buenaventura (1), no se le escondía nada de lo que Cristo padecía a su Santísima Madre; ya por lo que san Juan le había referido, ya más especialmente por la luz que le comunicaba el Espíritu Santo: y así, aunque estaba ausente con el cuerpo, se hallaba presente con el alma a todos sus martirios y afrentas, sintiendo en ella lo que Cristo padecía en el cuerpo y compadeciéndose de él, abrasada de amor y de deseos de aliviar sus penas y tomarlas sobre sí misma, porque su Benditísimo Hijo no las padeciese; entra en el cenáculo, mírala acompañada de aquellas santas mujeres que la seguían, derramando todas arroyos de lágrimas; acompaña con las tuyas su dolor y sentimiento, compadeciéndote de lo mucho que padece.
PUNTO II. Considera lo que sentiría la Virgen cuando vería con el espíritu a su Benditísimo Hijo preso, atado y condenado, sin haber quien abogase por él; y a Pedro, en quien pudiera tener confianza, que preguntado tres veces le negó todas tres, diciendo y jurando que no le conocía. ¡Oh qué cuchillo de dolor traspasaría su corazón esta negación y desamparo, y cómo pediría a los ángeles y a todos los cortesanos del cielo que viniesen a reconocerle, como bajaron cuando estaba en el pesebre y le confesaron por Dios; y les pediría que le amparasen y defendiesen, y lo mismo te pide a ti en las ocasiones que se ofrecen de confesarle por tu Dios y Señor, en oposición del mundo y sus delicias: compadécete de esta Señora y dala este refrigerio, confesando a Cristo Redentor y Señor nuestro siempre que se ofreciere ocasión.
PUNTO III. Considera qué sentimiento tendría la Piadiosísima Virgen, viendo a su Hijo en tantas afrentas y malos tratamientos toda aquella noche, sin poderle dar alivio ni reposo por un momento: qué aflicción sería la de su corazón, viendo a quien tanto quería y amaba en tan continuos y dolorosos tormentos: y cómo gemiría por no poderle socorrer; y compadécete de su dolor, acompañándola y sirviéndola en todo cuanto pudieres; y saca para tu enseñanza no desmayar en los trabajos que Dios te enviare, ni tenerte por olvidado de nuestro Señor en ellos, sino antes por favorecido, pues a quien tanto amó, como fueron a Cristo y a su Madre, envió tantas ocasiones de dolor y de tormento.
PUNTO IV. Considera lo que dice san Buenaventura, conviene a saber, que la Beatísima Virgen en esta noche tenebrosa, cercada de un mar de penas se retiró como Cristo en el huerto a la oración, y allí desplegó las velas de su corazón a Dios, y le ofreció a su Santísimo Hijo y a sí misma, si fuese necesario morir con él diciendo: Señor y Dios mío, si es posible, pase este cáliz de mí, y conservad a mi Hijo y vuestro, librándole de tan acerba muerte, pues hay otros modos de redimir el mundo; pero no se haga mi voluntad sino la vuestra, ni como yo quiero, sino como vos queréis y lo habéis ordenado; y en esta oración perseveraría la noche, conformándose en todo con la voluntad de Dios, el cual le enviaría un ángel que la confortase, como le envió a Cristo. Contempla estos pasos tan tiernos, acompaña a la Piadosísima Virgen en su oración, y aprende a conformarte en los casos adversos con la voluntad de Dios.
(1) S.Buenav, medit. 75 in fine.
Al finalizar
INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN
San Buenaventura
Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!
Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!
Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!
Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.
También puede terminarse recitando el viacrucis.