viernes, 27 de marzo de 2026

Entrada triunfal en Jerusalén

 

 


Sábado de la I semana de Pasión

Entrada triunfal en Jerusalén

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la I semana de Pasión

Entrada triunfal en Jerusalén

Jn 12, 10-36

Dice el Evangelista, cómo determinaron los judíos de quitar a Lázaro la vida, viendo que muchos venían por su causa a ser discípulos de Cristo, y cómo los gentiles vinieron también y creyeron en él, y el Eterno Padre le dio nuevo crédito con una voz que bajó del cielo; el pueblo le recibió con ramos, palmas y cánticos de alabanzas, y Cristo se retiró a la soledad de Ephren por la envidia de los judíos.

PUNTO PRIMERO. Considera la persecución que le vino a Lázaro por la merced que le hizo Cristo de restituirle la vida; pues trazaron los judíos de quitársela violentamente, para oscurecer, si pudiesen, el milagro que había obrado en él, y reconoce cuán propio es de los siervos de Dios padecer persecuciones y envidias por las mercedes que reciben de su mano; y no extrañes las que te vinieren por ellos, más dispón tu corazón para sufrir trabajos, envidias y persecuciones por su amor, y pídele su gracia para llevarlas con paciencia, que Dios te defenderá, como defendió a Lázaro de sus enemigos.

PUNTO II. Considera cómo los judíos, que tenían más luz para conocer al Salvador, le perseguían y procuraban quitarle la vida, y los gentiles que tenían menos, le buscaban para conocerle y servirle. Avergüénzate de ver cuán poco le sirves, y cuán tibiamente le buscas, habiendo recibido tanta luz y tantas mercedes de su mano, pues los que menos han recibido le sirven más que tú; resuélvete desde esta hora a servirle con fervor, y a buscarle por todos los medios que pudieres, con el ejemplo de estos gentiles que tantas diligencias hicieron para ver y conocer al Salvador.

PUNTO III. Considera cómo viendo el Salvador que la turba del pueblo le bendecía y predicaba por Salvador del mundo, y que juntamente venían a reconocerle los gentiles, hallándose aplaudido del pueblo judaico y gentílico, levantó los ojos al cielo, dando gracias a su Eterno Padre. por la merced que le hacía: y el Padre dio una voz que la oyeron todos, diciendo que le había clarificado y le había de clarificar; gózate de las glorias del Señor, y reconoce que de los más gratos servicios que le puedes hacer, es traerles las gentes a su conocimiento y servicio: pídele que te comunique su santo espíritu para convertir a los infieles y traerá sus pies a todo el mundo, y aprende juntamente a dar gracias a Dios por los beneficios que te hace, los cuales dobla a los que le son agradecidos.

PUNTO IV. Considera cómo no hay beneficio sin pensión, y que a los aplausos de Cristo y a la voz que vino del cielo, se siguió la envidia rabiosa de los escribas y fariseos, los cuales le buscaron para quitarle la vida; más él dando lugar a su ira se retiró de sus ojos: reconoce en este suceso cuán pernicioso vicio es el de la envidia, y pide a Dios que te libre de caer en él, y juntamente que te ayude para excusar a los flacos las ocasiones de caer, como lo hizo Cristo en esta ocasión con sus enemigos; ponte en sus manos, que Él te defenderá y sacará de todas con ganancia: acompáñale en su retiro, no le dejes ir solo, sino pídele con instancia que te lleve consigo al desierto de Ephren, ciudad solitaria, donde hallarás la seguridad y quietud que no puedes alcanzar en el bullicio del siglo.

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.