viernes, 13 de marzo de 2026

La mujer adúltera

 


Sábado de la III semana de Cuaresma

La mujer adúltera

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS

DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA

 DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DE 

TIEMPO DE SEPTUAGÉSIMA,

CUARESMA

Y TIEMPO DE PASIÓN

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la III semana de Cuaresma

La mujer adúltera

Jn 8, 1-11

Trajeron a Cristo los escribas una mujer adúltera para que la juzgase; inclinóse y escribió en la tierra, y levantándose dijo: el que se hallare sin pecado la apedree; fueron unos tras otros y quedó la mujer sola, a quien dijo Cristo: ya se han ido los que te acusaban; vete tú también y no peques más.

PUNTO PRIMERO. Pon los ojos en esta mujer condenada por adúltera a ser apedreada de todo el pueblo, el cual se había convocado con los escribas y fariseos para ejecutar la sentencia. Considérala aflicción de su corazón, hallándose tan cercana a muerte tan penosa y afrentosa , la vergüenza con que estaría en medio de tanta gente, las lágrimas que correrían de sus ojos; y cuánto diera por no haber pecado, y el temblor de su alma esperando el remate de aquel juicio en que le iba vivir o morir acerbamente; mira como en espejo lo que pasa al pecador en el tribunal de Cristo, y lo que te pasará a ti cuando te llame a juicio, y cuál estarás en medio de aquel senado, y las congojas de tu corazón temiendo el suceso de la sentencia, y cuánto quisieras no haber pecado, pues por deleite tan vil y momentáneo te hallarás a pique de morir con acerbísimos tormentos eternamente; y pide a Dios que te tenga de su mano para no caer en pecado.

PUNTO II. Considera a Cristo escribiendo en la tierra, según san Agustín, a los que la acusaban, porque no eran dignos de ser escritos en el cielo, sino en la tierra; y aprende a no acusar a tus prójimos ni perseguir a los miserables si cayeren en pecado, sino antes compadecerte de ellos y rogar e interceder para que sean perdonados y no castigados, como lo hicieron estos, porque tu nombre no sea escrito como el suyo en la tierra, sino como el de los apóstoles en el cielo.

PUNTO III. Díceles Cristo que la apedree el que se hallare sin pecado, enseñando, como dice san Gregorio, que primero debemos juzgarnos a nosotros mismos que a nuestros prójimos, y meter la mano en nuestras conciencias para purificarlas de pecado, que condenemos a otros: mete la mano en tu pecho y escudriña tu conciencia cuando vieres u oyeres algún defecto de tu prójimo, y no le juzgues ni condenes hasta juzgarte a ti mismo y purificarte de toda escoria de culpa ¡Oh Señor! dadme gracia para que mire siempre por la honra de mis prójimos y nunca los condene, más antes sus caídas me sirvan de ocasión para purificar mi alma de todo pecado.

PUNTO IV. Considera la prudencia con que Cristo libró de las manos de aquellos lobos carniceros a esta pobre mujer, y cómo se fueron y la dejaron sola, pero mejor acompañada con el Salvador, el cual la absolvió de su pecado, y juntamente la amonestó a no pecar, más mostrando en lo primero su mansedumbre, y en lo segundo su rectitud y verdad, como dice san Agustín. Carga la consideración en todo esto, y mira cómo si Dios es suave, benigno y misericordioso, también es recto y justiciero y ama la verdad: ponte, pues, en el lugar de esta mujer, y oye como dichas a ti estas palabras que la dice: yo no te condeno; pero vete y no peques más. Esta merced te hace el Salvador, y esto te amonesta; rumia despacio su sentencia y mira cómo la has de cumplir.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones.