lunes, 23 de marzo de 2026

DE CÓMO CRISTO FUÉ POSPUESTO A BARRABÁS.

 


Martes de Pasión.

DE CÓMO CRISTO FUÉ POSPUESTO A BARRABÁS. (Luc. 23).

MEDITACIONES

SOBRE

LA PASIÓN

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

"Mírame, oh, bueno y dulcísimo Jesús:

en tu presencia me postro de rodillas,

y con el mayor fervor de mi alma te pido y suplico que imprimas en mi corazón, dulcísimo Jesús,

vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,

verdadero dolor de mis pecados

y propósito firmísimo de enmendarme;

mientras con gran afecto y dolor

considero y contemplo en mi alma tus cinco llagas,

teniendo ante mis ojos aquello

que ya el profeta David ponía en tus labios

acerca de ti:

'Me taladran las manos y los pies,

puedo contar todos mis huesos' (Sal 21, 17-18)".

 

Esta oración tiene indulgencia parcial siempre que se rece después de la comunión ante una imagen de Cristo Crucificado. En los mismos términos, los viernes de cuaresma, se puede lucrar indulgencia plenaria con las condiciones habituales de confesión, comunión y oración por el Papa.

 

Martes de Pasión.

DE CÓMO CRISTO FUÉ POSPUESTO A BARRABÁS. (Luc. 23).

 

PUNTO PRIMERO. Ven alma mía al pretorio de Pilatos y a la plaza de Jerusalén, y mira con atención lo que allí pasa: tiende los ojos sobre toda aquella multitud de pueblo que se ha juntado a la voz de que tratan los sacerdotes de crucificar a Cristo: y como había ya andado algunas estaciones, era entrado el día y se había juntado numerosísimo pueblo a ver en qué paraba la causa del Salvador; y según san Buenaventura, asistió también la Beatísima Virgen con su santa compañía, aunque retirada de la turba, con el dolor y sentimiento que se puede entender, a quien debes acompañar sin perderla de vista; contempla, pues, ahora aquella plaza y pretorio llenos de gente, a los sacerdotes azorando al pueblo contra Cristo, a Pilatos en lo alto para dar la sentencia, al Salvador en lo bajo, solo, preso, atado, los ojos en el suelo y el corazón en Dios, mirándole todos sin tenerle compasión; mírale tú y compadécete de él y de su Santísima Madre, que no le puede valer, y ofrece al uno y al otro tu alma, tu vida, y todas tus cosas en rescate de su libertad.

PUNTO II. Considera cómo reconociendo Pilatos la inocencia de Cristo y no teniendo valor para soltarle por el temor que le habían puesto los judíos, tomó por medio darles a escoger entre él y Barrabás, que era un hombre facineroso, ladrón, y homicida; y puestos los dos en balanza, les dijo que escogiesen a cuál de los dos querían que diese libertad por la solemnidad de la Pascua; persuadido que Barrabás era tan mal hombre y tenía tantos ofendidos que no habría quién le pidiese, ni aun le quisiese en todo el pueblo, que verdaderamente fue una de las mayores ignominias que padeció el Salvador en su pasión; porque como dice Séneca, es grande honra competir con personas eminentes, pero con bajas y viles suma ignominia y afrenta; ¿pues cuál sería la que padeció el Salvador, que es la honra de los cielos y la tierra, poniéndole en balanzas y competencia con el más vil y facineroso malhechor que tuvo aquella edad? ¡Oh ángeles! ¿cómo no bajáis aquí a reconocer y publicar quién es este Señor, como bajasteis cuando le visteis humillado en el pesebre de Belén? Si entonces disteis nuevas a los pastores de su deidad y grandeza, ¿cómo no las dais ahora a este pueblo ciego para que no le hagan tan crecida afrenta? Pero, ¡oh buen Jesús! todas estas ignominias quisisteis padecer por mí, porque yo acertase a padecer las menores por vos. Y tú, alma mía, compadécete de tu Redentor y aprende a llevar en paciencia tus desprecios cuando te hallares comparado con los que fueren inferiores a tí, como lo es hoy tu Salvador.

PUNTO III. Considera lo que allí pasó en este caso; y fue que los sacerdotes por la enemiga que tenían con Cristo, y por salir con su intento y ver aprobada la sentencia que habían dado contra él en su concilio, persuadieron al pueblo que pidiese a Barrabás y no a Cristo; y habiendo entre aquellos votos tantos que habían recibido salud de sus manos y que habían oído su doctrina y visto sus milagros, de quien pudiera esperar que abogaban por él y que dieran voces al presidente pidiendo a Jesús, no hubo quien se atreviese a tomarle en boca por miedo de los sacerdotes, los cuales con toda la plebe clamaron y dijeron: a Barrabás queremos y crucifica a este, desdeñándose de nombrarle. ¡Oh cielos, cómo no perdéis el curso de vuestra carrera oyendo tan execrable maldad! ¡Oh buen Jesús! ¿este es el pueblo por quien tanto habéis hecho? ¡Oh Dios mío, cómo os ha desconocido y cómo ha caído en tan enorme yerro que os deje a vos nobleza del Padre, gloria del cielo, honra de los ángeles, vida del mundo y autor de todo lo criado, por la más vil de todas las criaturas! Aquí falta el seso y no llega el entendimiento a ponderar esta maldad; medítala tú, alma mía, y piensa y contempla qué sentiría el Salvador viéndose despreciado y pospuesto a tan vil criatura; y qué sentiría la Beatísima Vírgen oyendo aquellas voces que cada una sería un dardo que atravesaría su dolorido corazón, y toma ejemplo para llevar con paciencia si te vieres pospuesto a los que fueren inferiores a ti, pues ninguno lo será tanto como lo fue Barrabás respecto de Cristo.

PUNTO IV. Entra en cuenta contigo y considera cuántas veces te han dado a escoger a quién quieres más, a Cristo o a Barrabás, porque siempre que se ofrece alguna cosa de honra, hacienda o deleite que se opone a la voluntad y servicio de Cristo, te dan a escoger a uno de los dos, o a Cristo o al deleite; a Dios o al pecado. Mete la mano en tu pecho y examina la pasión de honra, ó venganza, ó afición desordenada, ó el vicio que reina en él, y ese es un Barrabás que se pone en balanza con Cristo, y considera que oyes la voz que te dá a escoger de los dos: mira y atiende cuánto te importa saber escoger, y a quién quieres más, a Cristo ó a ese Barrabás que reina en tu corazón, y no sigas a este ciego y depravado pueblo que quiso más a Barrabás que a Cristo; mas clama de lo íntimo de tu alma y dí con voces y lágrimas: a Jesús, a Jesús quiero y querré siempre más. ¡Oh Dios y Señor mío! a vos quiero y ser vuestro esclavo, más que a todo el mundo y más que a mí mismo, ni a todo cuanto puedo desear ni pedir fuera de vos.

 

Al finalizar

 

INVOCACIONES A JESÚS EN SU PASIÓN

San Buenaventura

 

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mí!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.

 

También puede terminarse recitando el viacrucis.