sábado, 27 de agosto de 2022

27 de agosto. San José de Calasanz, confesor

 

27 de agosto. San José de Calasanz, confesor

José de Calasanz de la Madre de Dios, nació de una familia noble en Peralta, Aragón. Desde niño mostró caridad por los párvulos, e interés por instruirlos, ya que les enseñaba los misterios de la fe y las oraciones piadosas. Fue profundamente educado en letras profanas y sagradas; mientras estudiaba teología en Valencia tuvo que vencer las artimañas de una dama noble y poderosa, manteniendo intacta la virginidad que había prometido a Dios. Ordenado sacerdote cumpliendo un voto, fue llamado por muchos obispos de Castilla la Nueva, Aragón y Cataluña para que le ayudasen; superando las esperanzas de todos, corrigió los modales depravados, restauró la disciplina de la Iglesia, y puso fin a las contiendas sangrientas. Pero en obediencia a una visión del cielo y muchas advertencias de la voz de Dios, se encaminó a Roma.

En Roma llevó una vida mortificada, castigando su cuerpo con vigilias y ayunos, pasando los días y las noches en la contemplación de las cosas celestiales. Durante algunos años visitó casi todas las noches las siete basílicas. Inscrito en varias cofradías socorría con celo a los pobres, a los enfermos y a los presos, ayudándoles con sus limosnas y con la práctica de la misericordia. En una epidemia que devastó la ciudad, se entregó tanto, junto con San Camilo, al ejercicio de la caridad, que además de atender con limosnas a los pobres, llegó a cargar los cadáveres sobre sus espaldas, para llevarlos hasta el lugar de la inhumación. Habiendo conocido, por revelación divina, que estaba destinado a formar en la piedad a los niños, especialmente a los pobres, fundó la Orden de los Clérigos Pobres regulares de las Escuelas Pías, de la Madre de Dios, que se obligaban, por la propia regla, a dedicarse a la instrucción de los pequeños. Aprobado por Clemente VIII, Paulo V y otros Papas, consiguió ver su Orden extenderse con rapidez en varias provincias y reinos de Europa. Para propagarla, fueron tantos los trabajos que soportó y las pruebas que atravesó sin desfallecer, que se le tenía por un prodigio de energía y por un digno imitador de la constancia del santo Job.

No obstante las carga del gobierno general de su Orden, y las continuas actividades para salvar almas, nunca dejó de instruir en persona a los niños más pobres. Coon frecuencia barría sus aulas y los acompañaba a sus casas. Perseveró durante 52, aun enfermo, en estas prácticas de paciencia y humildad, mereciendo con ellas que Dios hiciera resplandecer sus milagros delante de sus discípulos. Mientras estaban orando se le apareció la Virgen María, con el niño Jesús bendiciéndolo. Rehusó las altas dignidades. Fue célebre por sus dones de profecía, penetración de los corazones, visión de las cosas distantes, y sus milagros. Gran devoto de la Virgen, Madre de Dios, le tributó un culto particular desde niño y recomendó su devoción a los suyos. María y otros santos le favorecieron con frecuentes apariciones. Y después de haber predicho el día de su muerte y la restauración y el nuevo incremento de su Orden, a la sazón en plena decadencia, durmiose en el Señor, en Roma, en la noche de las calendas de septiembre de 1648, a la edad de 92 años. Al cabo de un siglo fueron encontrados su lengua y su corazón intactos e incorruptos. Habiéndole Dios hecho resplandecer con muchos otros milagros después de su muerte, fue beatificado por el papa Benedicto XIV y canonizado por Clemente XIII.

 

Oremos.

Oh Dios, que por medio de San José, Confesor tuyo, te dignaste proveer de un nuevo auxilio a tu Iglesia para formar en el espíritu de ciencia y de piedad a la juventud: te suplicamos nos concedas que con su ejemplo e intercesión, de tal manera obremos y enseñemos, que consigamos los premios eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

 

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