miércoles, 10 de agosto de 2022

10 de agosto. San Lorenzo, diácono, mártir

 


10 de agosto. San Lorenzo, diácono, mártir

 

Sermón de San León, Papa:

Sobre San Lorenzo

En los días en que las autoridades gentiles perseguían con furor a lo más escogido entre los miembros de Cristo, con preferencia al orden sacerdotal, el impío perseguidor fijó sus iras en el diácono Lorenzo, destinado al sagrado ministerio y a la administración del tesoro de la Iglesia. De la captura de un solo hombre, prometíase doble presa: el tesoro sagrado y la apostasía de la verdadera religión de aquel que lo entregaría. Se presentó este hombre ávido de riquezas y enemigo de la verdad armado de dos antorchas: su avaricia, para arrebatar a Lorenzo el oro de la Iglesia, y su impiedad, para arrebatarle a Cristo. Pide a aquel custodio del santuario que le entregue las riquezas de la Iglesia a que aspira su codicia. Pero el castísimo diácono le mostró dónde las había depositado, y le presenta la multitud de los pobres siervos de Dios, en cuya alimentación y vestido había puesto unas riquezas inamisibles, que estaban tanto más a salvo e íntegras, cuanto más santamente habían sido invertidas.

Frustrado el ladrón en su propósito de rapiña; y ardiendo en odio contra la religión que tal empleo de las riquezas ha instituido, no conseguiendo hallar en poder de Lorenzo riqueza alguna, se propone arrebatarle un tesoro más excelente: el depósito que constituía la más sagrada de sus riquezas. Le manda renunciar a Cristo, y se dispone a atacar el valor de aquel corazón de diácono con crueles suplicios. Resultando impotentes los primeros, los reemplaza por otros más violentos. Manda asar sobre las brasas los miembros despedazados y las carnes en que han abierto tantas heridas; manda colocarlos sobre unas parrillas de hierro ardiendo, y que vayan volviéndolos lentamente, para que las torturas resulten más crueles y más prolongado el suplicio.

Nada puedes, nada adelantas, bárbara crueldad. El elemento mortal se sustrae a tus tormentos: Lorenzo sube al cielo y te deja con tus llamas impotentes. Las llamas no han vencido la caridad de Cristo; y el fuego exterior resultó ser más débil que aquel en que dentro se abrasaba el corazón del Mártir. Te has ensañado, oh perseguidor, en este Mártir, consiguiendo añadirle una nueva corona a cada nuevo suplicio. ¿Qué no ha inventado tu ingenio para contribuir a la gloria del vencedor, ya que los mismos instrumentos de suplicio contribuyen a realzar su triunfo? Llenémonos, amadísimos, de gozo espiritual; y en la santa muerte de este héroe, glorifiquemos al Señor, que es admirable en sus santos, y nos da en ellos, el socorro y el ejemplo. Ha hecho resplandecer su gloria del uno al otro confín del orbe; desde el Oriente hasta el Occidente brillen los fulgores del diaconado, y que Roma sea ilustre por Lorenzo como lo es Jerusalén por Esteban.

 

Oremos.

Te rogamos, omnipotente Dios, la gracia de que logremos apagar las llamas de nuestros vicios, Tú que diste al bienaventurado Lorenzo superar el fuego de sus tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.