miércoles, 17 de agosto de 2022

17 de agosto. San Jacinto, confesor

 

17 de agosto. San Jacinto, confesor

Jacinto, polaco, hijo de padres nobles y cristianos, nació en el castillo de Kamin, diócesis de Breslau. Instruido desde la infancia en las letras, estudió la jurisprudencia y la Sagrada Escritura, siendo adscrito como canónigo al cabildo de Cracovia, donde brilló entre todos por su piedad y erudición. En Roma, fue recibido en la Orden de Predicadores por su fundador, Santo Domingo, observando la perfecta regla que del Santo había aprendido, hasta el fin de su vida. Guardó la castidad, y amó la modestia, la paciencia, la humildad y la abstinencia con las demás virtudes, como seguro patrimonio de un religioso.

Su ferviente caridad para con Dios le llevaba muchas veces a pasar las noches enteras en oración y a castigar su cuerpo, al cual no permitía otro descanso que apoyarse en una piedra, ni otro lecho que el duro suelo. Enviado a su patria, erigió de paso un vasto monasterio en Frisac, y poco después otro en Cracovia. Tras fundar otros cuatro en diversas provincias del reino de Polonia, produjo grandes frutos espirituales con su predicación de la palabra divina y con la pureza de su vida, no pasando ningún día sin dar claras pruebas de su fe, de su piedad y de su santidad.

Dios glorificó con grandes milagros el celo del santo varón en la salvación del prójimo, siendo el más notable el que obró cuando se desbordaron las aguas del Vístula cerca de Wisgrado, atravesando el río con sus compañeros sin otra embarcación que su manto extendido sobre las aguas. Tras haber perseverado durante 40 años, desde su profesión, en su admirable vida, y de haber anunciado el día de su muerte, entregó su alma a Dios el día de la Asunción de la Virgen del año 1257, habiendo rezado las Horas canónicas y recibido con suma devoción los sacramentos de la Iglesia, mientras pronunciaba estas palabras: En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Clemente VIII le inscribió en el número de los santos.

 

Oremos.

¡Oh, Dios, que todos los años nos alegras con la solemnidad de San Jacinto!; al celebrar su entrada en la gloria, concédenos la gracia de imitar sus ejemplos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.