1 de julio
LA FIESTA DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
MES
A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
DE JESÚS
ORACIÓN PARA COMENZAR TODOS LOS DÍAS
Por la señal…
ORACIÓN INCIAL
Amabilísimo Jesús, bien infinito de las almas, Dios eterno e Hijo de Dios vivo des de la eternidad, salvador del hombre e hijo de María para redimirnos con el precio super abundante de vuestra vida y vuestra Sangre: mi alma se conmueve en la contemplación de vuestras inefables bondades, a la par que se abisma a la vista de su nada y de su cómo infinita ingratitud. Disteis vuestra vida temporal y vertisteis toda vuestra Sangre para redimir a esa mísera criatura, al paso que conocíais malograría yo ingrato esa misma Sangre, de la cual una sola gota infinitamente vale más que los cielos y mil mundos. Pero una misericordia tal indica lo que me amáis, y que sentís dulce complacencia en perdonar mis pecados. Ya no puedo resistir más a vuestras inspiraciones. Y en esta convicción, y sintiendo romperse de dolor mis entrañas, os digo de verdad que me pesa de haber pecado: pésame, amor mío, de haberos ofendido. Vivid y reinad en mí: purifíqueme más y más vuestra preciosísima Sangre, y el candor que me comunique, se eternice en la gloria. Amen.
1 de julio
LA FIESTA DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE
Justo a principios de este mes, dedicado a celebrar las glorias y beneficios de la Preciosísima Sangre de Jesús, la Iglesia nos hace celebrar, en honor a esta Sangre, una fiesta solemne, como colofón del mes de junio dedicado al Sagrado Corazón.
El origen de esta fiesta no es antiguo: se remonta a Pío VII, cuyo pontificado fue una de las épocas más gloriosas para el desarrollo de esta devoción. Ya se celebraba en algún lugar una fiesta de la Preciosa Sangre el viernes de la cuarta semana de Cuaresma, pero fue Pío VII quien quiso establecer una fiesta universal el primer domingo de julio, como memorial de las vicisitudes de la Santa Sede y como un “Te Deum” perpetuo de acción de gracias por la liberación obtenida del exilio de Gaeta. La fiesta fue fijada más tarde por San Pío X el 1 de julio. El Papa Pío XI, en memoria del Jubileo de la Redención, la elevó al grado de Solemnidad en 1934.
El significado de esta solemnidad que se celebra es similar a la del Sagrado Corazón, con la que tiene en común el Evangelio de la Misa. Hay una relación íntima entre el Corazón y la Sangre, no solo porque del Corazón de Jesús, atravesado por la lanza, fluyeron el agua y la Sangre; sino también porque el primer cáliz en el que esa Sangre divina fue consagrada y vivificada, fue precisamente el Corazón del Verbo encarnado. Los textos de la santa misa exaltan la eficacia redentora de la Sangre Preciosísima y nos invita a saciar nuestra sed en las fuentes divinas de las heridas de Jesús, para que su Sangre sea una promesa para nosotros de la vida eterna.
Así escribía san Gaspar de Búfalo: “¡Que gran Fiesta de Amor a Jesús es la Fiesta de la Sangre Divina! Sí, vamos a amar a Jesús sin cesar, irrevocablemente, a fin de que podamos amarlo eternamente en el paraíso. Es la Divina Sangre la que aplaca al Padre Eterno, la que purifica nuestros corazones y nos embriaga de amor a Jesús, quien nos ama y nos lava con su Sangre.”
PROPÓSITO
Hacer una buena confesión para experimentar la eficacia purificadora de la Sangre de Jesús y hacer propósito de recibir la Sagrada Comunión en la que recibimos la Sangre que hace brotar la virginidad en los corazones como remedio para las pasiones desordenadas.
ORIGEN DE LA HERMANDAD DE LA PRECIOSA SANGRE.
Desde 1600, en varios lugares de España, ya existían cofradías de la Preciosa Sangre. También había una en Rávena y otra fue erigido en Roma bajo el Papa Gregorio XIII. Pero el pontificado de Pío VII fue la gran época de florecimiento de esta devoción. Albertini, Obispo de Terracina, Bonanni, Obispo de Nursia y San Gaspar de Búfalo, erigieron en Roma, en la iglesia de San Nicolás, una archicofradía a la que más tarde se agregaron personas dispersas por todo el mundo.
PARA FINALIZAR TODOS LOS DÍAS
Pídase la gracia que sea desea alcanzar por este ejercicio en honor a la Preciosa Sangre de Cristo. (Se expresa la petición).
Oremos también por las intenciones del Romano Pontífice y de la Iglesia, que son principalmente: la exaltación de la Iglesia Católica, el fin de las herejías, la propagación de la fe, la conversión de los pecadores, la verdadera concordia y paz entre las naciones y los demás bienes del pueblo cristiano. Con este fin, recemos: