domingo, 7 de junio de 2026

Del convite que nos hace Cristo en la Sagrada Comunión.

 


Martes de la II semana después de Pentecostés.

Del convite que nos hace Cristo en la Sagrada Comunión.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

MEDITACION

Martes de la II semana después de Pentecostés.

Del convite que nos hace Cristo en la Sagrada Comunión.

 

PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice Cristo por san Lucas en el Evangelio, que llamó a muchos a la cena, y todos se resumieron en tres que se escusaron, en que conocerás el sentimiento que tiene de los que no vienen a ella; pues tres le parecieron muchos, y en cada uno juzgó que le faltaban un millar. Saca de aquí el deseo que tiene el Señor de lograr este convite, y lo que siente que se escusen los hombres de llegarse a la sagrada Comunión, y procura tú cumplirle este gusto; lo primero en tu persona; disponiéndote para recibirle dignamente: lo segundo en las de tus prójimos, trayéndolos con tu ejemplo, oraciones y razones a este celestial convite.

 

PUNTO II. Considera la gran bondad y misericordia de Dios, que despreciado de los hombres, no se cansa de llamarlos y traerlos a sus delicias, y habiéndose escusado los primeros de venir a su cena, envió a sus criados a llamar a otros muchos más en número, que la viniesen a lograr ¡Oh bondad inmensa de Dios, que no cierra las puertas de su misericordia por nuestras ofensas, sino que antes las abre más y llama a más hombres a su mesa, cuando se ve despreciado y ofendido de ellos! Saca de aquí motivos de bendecir y alabar a Dios por su infinita misericordia y paciencia, y documentos para no apurar la tuya con las ofensas y la ingratitud de tus prójimos, sino serles más piadoso y liberal, cuanto menos correspondencia hallares en ellos, esperando el premio del Señor, y obrando por solo su amor y por cumplir su voluntad.

 

PUNTO III. Considera cómo en lugar de los ricos llamó a los pobres, enfermos y despreciados del mundo, porque Dios no es aceptador de personas, ni mira a lo exterior del cuerpo, sino a lo interior del alma. Pondera cómo en su acatamiento no es más el alma del noble por ser noble, ni del rico por ser rico, que la del plebeyo o pobre por serlo; sino que a cada uno estima conforme a su virtud, y muchas veces estima en más la del pobre y despreciado en el mundo, por ser más ajustado a su ley, que la del muy rico y estimado, porque no vive conforme a ella, como se vio en estos del Evangelio, que los ricos despreciaron su llamamiento y su convite, y los pobres le obedecieron y vinieron a la primera voz que les dio. Saca de aquí grande desengaño para no cegarte con el resplandor de la nobleza, ni con la opulencia de las riquezas mundanas, sino atender a la virtud, y conforme a ella hacer la estimación de los hombres; aprecia lo que Dios aprecia, y desprecia lo que Dios desprecia, y haz más caudal de la virtud interior que de la apariencia exterior, que es un poco de oropel.

 

PUNTO IV. Considera el linaje de castigo que dio a los que despreciaron su cena y no quisieron venir a ella. De verdad os digo que ninguno de ellos la gustará; porque castiga el Señor a los que le dejan, con quitarles el gusto y sabor en las cosas espirituales, permitiendo que les sean desabridas y fastidiosas, y que las dejen y se pierdan, que es uno de los mayores castigos que les puede dar. Humíllate en su presencia, y pídele que te castigue como padre, y no con este rigor de quitarte la devoción y el sabor en las cosas del cielo, y resuélvete en su presencia a no dejar la oración, ni la comunión, ni la penitencia, ni el sermón por ninguna cosa terrena, porque no te castigue Dios, quitándote el sabor en ellos.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones