DÍA SEGUNDO.
SACRIFICIO DEL CORAZÓN DE JESÚS.
MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
O
PRINCIPALES VIRTUDES
DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,
CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES
A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA
DEL DIVINO SALVADOR.
Traducido libremente
de la obra del
P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,
fundador del Apostolado de la Oración
EJERCICIO PRÁCTICO
PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.
Por la señal, etc.
Señor mío Jesucristo, etc.
ORACIÓN PARA EMPEZAR.
¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.
Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.
Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.
Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.
DÍA SEGUNDO.
(Segundo año.)
SACRIFICIO DEL CORAZÓN DE JESÚS.
Primer preludio. Jesús en los brazos de María ofreciéndose al Eterno Padre.
Segundo. Pediré al Salvador divino la gracia de sacrificarme con Él.
Primer punto. Sacrificio pronto. Segundo. Sacrificio entero. — Tercero. Sacrificio continuo.
PUNTO PRIMERO
Sacrificio pronto. Para que sea meritorio un sacrificio, es menester, ante todo, que sea voluntariamente aceptado, y esto es lo primero que hizo Jesús al encargarse de nuestra redención. San Pablo dice que, al venir al mundo, se ofreció al Eterno Padre con estas palabras del salmista: “No habéis querido sacrificios ni ofrendas, Señor, pero me habéis dado un cuerpo, y yo he dicho: aquí vengo. Al principio del libro se ha escrito de mí que haga tu voluntad, Dios mío." (Heb., X.)
Para entender el mérito de este ofrecimiento que hizo el Hijo de Dios, debemos advertir que, al hacerlo, conoció la carga que echaba sobre sí, superior a todas las fuerzas humanas, y que, sin embargo, no vaciló un instante, sino que al momento se ofreció cual víctima al Señor. Este primer paso de su vida le granjeó méritos infinitos; porque de una ojeada vio lo que aceptaba con todas sus circunstancias y consecuencias, y a todo se allanó.
¡Cuánto importa entrar con paso firme en el servicio de Dios, y no andar con mezquindades cuando se trata de contentar a tan espléndido Señor! Da grima el ver cómo andan regateando con su divina Majestad algunas personas piadosas, pero de apocado corazón, que siempre creen que se les pide demasiado. No saben las infelices de qué bienes se privan y qué males se acarrean; no saben lo mucho que a Dios disgustan y cuánto se alejan de la perfección cristiana.
Examina, alma mía, si eres del número de esos infelices que andan a rastra por el camino de la vida, agobiados por la tibieza y el remordimiento. Si lo eres, pide remedio al que tan generoso se mostró contigo, y trata de servirle de veras desde este momento.
PUNTO SEGUNDO.
Sacrificio entero. Considera en qué consiste la ofrenda de Jesús, que es en darlo todo y aceptarlo todo, es decir, en dar todos los bienes que posee, y recibir las penas todas que le imponga la justicia de Dios. Desde ahora ve la larga serie de trabajos y penalidades que le esperan, el pago que a sus favores le han de dar los hombres con persecuciones, calumnias, desprecios y tormentos. Ha visto su ingratitud, malicia y sacrílega audacia; y ha contado uno a uno los fieros golpes que han de dar a su Corazón amante en el Sacramento del altar, hasta el fin de los siglos.
A vista de tales horrores, que estremecen al más tibio de los hombres, le oímos decir al Padre las citadas palabras, con las que, aboliendo las pasadas víctimas, se pone en lugar de todas ellas.
Alma cristiana, aquí tienes a tu modelo. De él aprenderás a darte toda a Dios, a no negarle nada, ejecutando cuanto sea de su agrado, a recibir de su mano cuanto te diere, y llevar en paciencia tus trabajos. Tal vez andas medrosa, sin osar ofrecerte a lo que Dios quisiera de ti. Más considera que no tienes por qué temer. ¿Te pedirá Dios cosa que no puedas dar? ¿Te cargará con una cruz tan pesada que no puedas con ella? Anímate y di: Heme aquí, Señor, dispuesto a hacer vuestra voluntad. Preparado está mi corazón.
PUNTO TERCERO.
Sacrificio continúo. No basta lo dicho. Todavía nos va a enseñar el Salvador a dar un paso más, y este es el más importante. Lo que ofreció al Padre, entrando en el mundo, lo repite en los brazos de su Madre, en el pesebre, en el templo, en Egipto, en Nazaret, en el Calvario y en todos los sagrarios de la cristiandad. Siempre estuvo en el mismo estado de sacrificio mientras vivió, y en ese estado persevera en el Sacramento.
Por desgracia, tiene pocos imitadores. Pocas almas se entregan a Dios cuando las llama y convida; menos son aún las que se entregan del todo; rarísimas las que, después de entregarse a medias, no vuelven a quitar a Dios lo que le han dado. ¿Dónde se halla un alma generosa que a toda hora y momento sepa decir con su Señor: Heme aquí, Dios mío, tomad y recibid, disponed de mí a vuestro gusto?
¿Es esta tu disposición? Muéstralo con las obras. Bien pronto, hoy mismo se te presentará la ocasión. Prepara tu corazón al sacrificio.
¿No te enterneces al ver a Jesús tan niño, en brazos de su Madre, que ansía los trabajos y las cruces, cual si fueran regalos?
Imitaros quiero, Dios mío. Tomad, Señor, y recibid.
ORACIÓN FINAL.
Acto de consagración y desagravio
al Sagrado Corazón de Jesús.
¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan, te amaré por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte. Amén.
***
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.
Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.
Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.
Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.
***
¡Comparte con tus familiares y amigos!