domingo, 21 de junio de 2026

De la predicación evangélica.

 


Lunes de la IV semana después de Pentecostés.

De la predicación evangélica.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Lunes de la IV semana después de Pentecostés.

De la predicación evangélica.

 

PUNTO PRIMERO. Considera cómo viniendo la gente a oír la palabra de Dios, subió Cristo en la nave de san Pedro y desde allí los enseñó; bien pudiera predicarles en la tierra o subir en otra nave, pero escogió la de san Pedro porque desde ella había de dar al mundo la doctrina católica y verdadera. Da muchas gracias a Dios por esta merced que nos hizo: mírale predicando y enseñando desde aquella nave, y saca de este sermón una estima grande de la nave de san Pedro y de la doctrina que siempre nos enseña desde ella por medio de los sumos Pontífices sucesores suyos y por medio de los doctores, predicadores y confesores, y de los Padres espirituales, que son sombra de san Pedro, y persuádete delante de Dios, que él mismo los asiste y te enseña por su boca, у toma de aquí adelante sus palabras como dichas del Señor, y pídele gracia para estimarlas como tales y ponerlas en ejecución.

 

PUNTO II. Considera lo que dice san Lucas, que rogó Cristo a Pedro que apartase la nave un poco de la tierra para predicar, a donde has de ponderar dos cosas: la primera, que le rogó y no dice que le mandó, aunque pudiera como superior, en señándonos mansedumbre y humildad en las palabras y modo de decir, y cómo debes haberte con los súbditos si fueses superior, y mucho más tus iguales, cuando les pidieres alguna cosa; la segunda que los predicadores desean siempre tener cerca el auditorio, y Cristo pidió que se retirasen de él y de la tierra, para enseñarnos que para hacer fruto en los hombres es necesario retirarse de la familiaridad de los mismos hombres, y no juntarse mucho a ellos, y menos a la tierra, sino apartarse de lo terreno y remontarse a lo alto y sublime de lo celestial, y al trato familiar con Dios ¡Oh alma mía! si tomases esta lección y supieras dar de mano a todo lo terreno y colocar tu mente en lo divino y celestial, cuánto aprovecharías para ti y para tus prójimos: pídele a Dios esta gracia y no desistas de tu petición hasta que la alcances del Señor, y con ella alcanzarás un inestimable tesoro de virtudes.

 

PUNTO III. Considera cómo los discípulos estuvieron toda la noche solos pescando y no sacaron nada, y echando la red en el día y en compañía de Cristo cogieron un lance tan copioso que restauraron con él toda la pérdida pasada, para en señarnos que los lances que se echan a solas en la noche del pecado son trabajos perdidos y no se saca nada, y los que se echan en compañía de Cristo en el día y luz clara de la gracia, se logran y dan gran fruto ¡Oh alma mía! si tomases esta lección para lograr tus trabajos y sacar fruto de ellos; oye lo que te dice san Pablo, ¿qué fruto tienes ahora de las obras pasadas que refieres con empacho? ¿Qué has cogido de tantos afanes como has pasado en las tinieblas del pecado? Vuelve la hoja y deja las tinieblas, no trabajes en la noche del pecado: pide a Dios la luz, acompáñate con el Redentor, no te apartes de su compañía, llévale siempre contigo y sacarás a cada lance inmensos frutos por su gracia: arrójate a sus pies como san Pedro y pídele que te asista y que te enseñe, y que antes te aniquile que te deje y desampare.

 

PUNTO IV. Considera la admiración de san Pedro y de los otros discípulos viendo tan copiosa pesca; y admírate tú también de la que hicieron en los hombres, por la gracia del Señor, en toda la redondez del mundo, sacándolos de la ceguedad en que estaban y del profundo cieno de sus vicios, y dándoles la luz del cielo y reduciéndolos a su gracia; y pídele a Dios que no te dejen a ti en el cieno de tus pecados, sino que te saquen de ellos y seas uno de tantos como encaminaron al cielo ¡Oh Señor! no me dejes olvidado, cogedme en vuestra red, sacadme del mar inmenso de mis vicios en que estoy anegado, y reducidme al seguro de vuestra gracia, y llevadme en vuestra nave al puerto de vuestra gloria.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones