Sábado de la III semana después de Pentecostés.
De la amabilidad de Dios por sí y por sus beneficios.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Sábado de la III semana después de Pentecostés.
De la amabilidad de Dios por sí y por sus beneficios.
PUNTO PRIMERO. Considera que si el bien es amable, porque como enseña Aristóteles, la bondad roba y cautiva la voluntad, siendo Dios infinitamente bueno, como se ha dicho, es también infinitamente amable, y solo él puede amar como merece ser amado, y todo nuestro amor le viene corto a su bondad. Considera cuánto lo has andado tú en amarle, y que lejos estás de corresponder con tu voluntad a lo que merece, empleándola en las criaturas y dejando al Criador; y la causa es porque no le miras, ni contemplas, ni conoces como debes, ocupado en esto visible y transitorio. Avergüénzate de haber dejado la suma bondad por la vileza del mundo, y levántalos ojos de la tierra a contemplar la infinita santidad de Dios, y pídele luz para conocerle y fuego de amor divino para amarle.
PUNTO II. Considera cómo le aman los ángeles, arcángeles, querubines y serafines, abrasados en su amor como está el hierro penetrado del fuego de la fragua, y cómo le aman también todos los santos en el cielo, que le conocen por clara visión de su esencia y bondad, y el gozo inefable que tienen en amarle, y cuán ajenos están de emplearse en sus criaturas, entregados de toda su alma y todo su corazón en su Criador: pídeles que te enseñen a amarle, y qué te den una centella del fuego en que se abrasan, que encienda y abrase tu corazón en su amor, y le purifique de toda la escoria del amor de las criaturas, y al mismo Señor que te alumbre con la luz de su conocimiento y te haga digno de su divino amor
PUNTO III. Considera para encender tu corazón en el amor de Dios, lo primero lo mucho que te ama, y si amor con amor se paga, el que debes a tan inmenso amor; lo segundo que su amor no es de sola voluntad, sino que siempre le muestra en las obras comunicándose a todos: discurre por las criaturas y contempla la bondad y hermosura que les comunica por amor de ti, y luego cómo se comunica a los hombres y en especial a ti mismo, pues fuera de innumerables beneficios que recibes continuamente de su mano en el cuerpo y en el alma, te amé de manera que te dio a su propio Hijo para tu rescate, el cual te comunica su alma, su cuerpo, su sangre y divinidad en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, y no deja piedra por mover por tu bien y salvación hasta comunicarse a sí mismo en el cielo por clara visión, dándote a poseer su esencia y con ella el sumo bien que encierra todos los bienes, y haciendo a los hombres semejantes a sí mismo ¡Oh divino Señor! ¿qué os daré yo por tantos y tan grandes beneficios? ¿Con qué amor os amaré por tan subido amor? ¿Cómo me daré todo a vos en retorno de tan grandes mercedes? Confieso mi pobreza, lloro mi imposibilidad, pues no puedo alcanzar a amaros ni a serviros como debo; yo os ofrezco el amor que os tienen los ángeles y el que vos mismo os tenéis, que supla las faltas de mi cortedad.
PUNTO IV. Considera la fineza con que Dios te ama y hace merced, que no es por su interés o provecho sino por solo el tuyo mirando en todas sus obras a tu bien; de lo cual has de sacar un afecto de finísima caridad, amando y sirviendo a Dios con toda tu alma y con todas tus fuerzas por su gloria y su honra, sin mirar jamás a tu interés; y si fuere necesario, dar la honra y la vida y cuanto tuvieres por su amor, y porque sea honrado y glorificado de todos: póstrate a sus pies y ofrécete a su servicio desinteresadamente, suplicándole muy de corazón que te dé su gracia para amarle y servirle como debes.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones