miércoles, 10 de junio de 2026

DÍA 11. DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS CON RESPECTO A LAS CRIATURAS.

 


DÍA UNDÉCIMO.

DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS

CON RESPECTO A LAS CRIATURAS.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA UNDÉCIMO.

(Año undécimo.)

DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN DE JESÚS

CON RESPECTO A LAS CRIATURAS.

 

Primer Preludio. Oír a Jesús infante que dice: ¿Qué deseo yo en el Cielo y en la tierra sino a vos?

Segundo. Pedir al Señor nos aparte los ojos de la vanidad.

Punto primero. Jesús ve con indiferencia las criaturas. — Segundo. Ama a Dios en ellas. — Tercero. A ellas en Dios.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Jesús ve con indiferencia las criaturas: Como el amor desordenado de las cosas criadas es la causa de todos los pecados, conviene poner los ojos en el Salvador, y ver cómo miró esas cosas cuando vivía en el mundo.

En su infinita sabiduría veía la nada y el vacío de todas ellas, y las menospreciaba. ¿Qué podía hallar en el mundo que fuera digno de su Majestad? La Sabiduría enseña al más sabio de los hombres que todo es vanidad. ¿Qué diría, pues, el que sabía más que Salomón? ¿Qué ciencia hay comparable con la suya? Él es el resplandor de la gloria del Padre y figura de su sustancia, que todo lo sustenta con su palabra, y está sentado a la diestra de la Majestad divina en los Cielos, tanto más elevado sobre las criaturas, cuanto más alto nombre lleva que los ánge­les. Oigamos al Apóstol: “Vos al principio criasteis la tierra, y obra de vuestras manos son los cielos; ellos perecerán, y vos durareis eternamente. Ellos envejecerán como un vestido, y los cambiaréis como se cambia un traje; pero vos sois siempre el mismo, y no pasarán, vuestros años." (Heb. I.)

Toda esta grandeza, ese reino del Hijo de Dios, esa elevación suya sobre todo lo criado, todo lo has de heredar tú, alma mía. ¿Por qué te has de apegar al mundo, si eres mayor que el mundo? “No améis el mundo ni las cosas que hay en el mundo," dice San Juan.

Examina tu corazón, y mira si tal vez se encuentra esclavizado con alguna afición a cosa de la tierra, con algún temor o algún deseo que le quite la paz. ¿Por qué amas la vanidad y buscas la mentira?

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Ama Jesús a Dios en todas las criaturas. El primer fin que se propuso Dios en la creación del Universo fue la manifestación de sus divinas perfecciones.

Si no estuviera el hombre ciego con las tinieblas del pecado, encontraría en todas partes la imagen de su Creador, y por las cosas visibles subiría a la contemplación de las invisibles, y de todo se ayudaría para conocer más y más al Hacedor de todo, y crecer en su amor.

De suerte que, hallando a Dios en las criaturas, le amaría en ellas, y el amor de las criaturas se volvería amor de Dios. Esta perfección tiene en sumo grado el Corazón de Jesús, pues en Él y por Él llegan a su fin los seres criados. Aquel orden interrumpido por tantos siglos a causa del pecado, volvió a seguir su curso, y encontró un corazón, que es el Corazón de un Dios, dispuesto a unir su voz a la voz de toda la creación, para formar un magnífico concierto de alabanza y amor al Hacedor divino.

Mas el hombre desdichado de todo abusa, lo mismo de los bienes que de los males, y los convierte en veneno. Abusa de los bienes que en vez de dirigirle a su fin, le paran en el camino, le seducen con halagos y le cautivan el corazón. Los males, que debían retraerle del pecado y darle a conocer su malicia, puesto que son castigo de la culpa, son para él ocasión de nuevas faltas. Sólo el Corazón de Jesús se ha servido de las criaturas todas para glorificar a Dios. En Él han recobrado sus derechos la justicia y la verdad, pues los bienes de Jesús han mostrado la bondad, y sus males la justicia de Dios.

Considera esto, alma mía, y mira si los bienes y los males te ayudan para amar más a tu Creador. ¿Ves en todos los acontecimientos la mano de la Providencia? ¿Ben­dices a Dios en ellos?

No olvides que todo se endereza al bien de los escogidos. Nada te puede separar de Dios, Nadie te puede quitar a Dios. Con Dios todo lo tienes.

 

PUNTO TERCERO.

 

Ama el Corazón de Jesús a las criaturas en Dios. Pocos son los que entienden esta doctrina, y por eso hay muchos idólatras que atribuyen a la criatura lo que es del Creador. Confesamos todos sin dificultad que todo viene de Dios; pero en la práctica pocos son los que no agradecen a las criaturas lo que debían agradecer a su autor; pocos los que, viendo los efectos, suben a buscar la primera causa que los produce; pocos los que aman por Dios a sus padres, amigos y bienhechores. Muy difícil es no parar la atención en la criatura y seguir su camino buscando a Dios.

Por lo que a ti toca, si quieres acertar con la vía que lleva a la vida, aprende esta doctrina de San Pablo: “Los que lloran, sean como si no llorasen, y los que gozan, como si no gozasen, y los que usan de este mundo, como si no usasen” (I Cor., VII.) Sólo Dios, sólo Dios. Pasa por entre las criaturas como si no pasases; anda tu camino y no te pares.

Por este medio adquirirás la paz del corazón y el recogimiento de los sentidos, y sujetarás la imaginación y loca fantasía, que tanto te impide la oración y trato con Dios.

Todo nos conduce a Dios, pero nada se puede poner en su lugar. “¿Quién como nuestro Dios que habita en los Cielos?" (Salm. CXII.)

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan, te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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