miércoles, 24 de junio de 2026

DÍA 25. VIDA ACTIVA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 


DÍA VEINTICINCO

VIDA ACTIVA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

 DÍA VEINTICINCO

(Año veinticinco.)

VIDA ACTIVA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

Primer preludio. Jesús en Nazaret orando por los hombres.

Segundo. Pedir el celo de Jesucristo y su fervor.

Punto primero. Vida activa en el mundo. Segundo. Vida activa en el Sacramento. — Tercero. Vida activa en sus miembros.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Vida activa en el mundo. Nada más humilde que Jesucristo en su vida mortal, en la que puede siempre llamarse el Dios escondido, el Dios aniquilado, y tal como describió un Profeta cuando dijo: “Le hemos visto, y no tenía aspecto de nada. Su semblante estaba como escondido y menospreciado, por lo que no hicimos ningún caso de él” (Is., LIII).

Nace como un pobre, vive desconocido en tierra extraña los primeros años, y los demás como un pobre artesano en su tierra. A pesar de sus milagros y de su santidad y elocuencia divina, saca escaso fruto. A las afrentas de la Pasión se sigue la humillación del sepulcro, y no cuenta, al salir de este mundo, sino con un puñado, de discípulos, cuya fe, si no está perdida del todo, se halla muy quebrantada y vacilante.

¿Es ésta, Señor, la misión divina que os confió el Padre celestial? Con un solo sermón convierte San Pedro a cinco mil personas. Roma oye su voz y cree en su palabra. Los demás Apóstoles conquistan naciones enteras. San Pablo trabaja más que todos, como Apóstol de gentiles.

Y vos, ¿qué habéis hecho, Señor?

Levantemos el velo, y no nos dejemos engañar por las apariencias. ¿Quién obra por los Apóstoles y en los Apóstoles? ¿Quién convierte las almas y las salva por su ministerio? ¿Quién es el motor secreto que da impulso a los obreros evangélicos? El Corazón de Jesús. De allí sale todo. Si ves los frutos maravillosos del grande árbol que cubre al mundo bajo su sombra, baja a ver la raíz que le da vida. Como en el orden natural está todo en movimiento en virtud de una causa secreta y desconocida, que mueve y dirige en su movimiento los cuerpos celestes, así en el orden moral todo obedece a un motor conocido de nosotros, que es el Corazón de Jesús.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Vida, activa, en el Sacramento. Continúa el mismo prodigio, y de una manera más estupenda aún. Si tiendes la mirada por la Iglesia, que ocupa la redondez del orbe, y admiras el celo con que atiende a la salud de las almas todas y de cada una en particular, preguntarás tal vez: ¿De dónde salen esos rayos de luz que alumbran al mundo? ¿De dónde esos ríos de gracias, que por mil canales llevan vida y fecundidad a los miembros de Jesucristo? ¿Quién dirige este movimiento? ¿Dónde se forma la sangre preciosa que conserva en los miembros el vigor?

          A estas preguntas no se puede responder, sino que el Corazón de Jesús es el Autor de todo, y que, colocado en la Eucaristía como en su trono, puede llamarse el alma de la Iglesia, que da a su cuerpo santidad, gracia y virtudes. Desde allí dirige todo el movimiento de las operaciones divinas en las almas. Allí se reforma la sangre, que vivifica los miembros del cuerpo místico. Es la causa primera de todo acto bueno. Nada se hace en orden a la salvación eterna de la que no sea obra suya. Su acción se extiende a todos los hombres de todos los tiempos y lugares.

¿Entiendes esta verdad? ¿Acudes a Jesús en busca de luz, vida y santificación, y de las virtudes que te faltan?

 

PUNTO TERCERO.

 

Vida activa en sus miembros. Esta divina actividad la comunica Jesús a los fieles. Si participan de sus humillaciones, también han de tener parte en su poder y grandeza. Por eso vemos que unas almas oscuras y desconocidas o despreciadas del mundo son las que, con sus oraciones, penitencias y sacrificios, alcanzan las gracias que concede Dios al mundo, y desarman el brazo de su justicia. Estas almas humildes y fervorosas ejercen poderoso influjo en la Iglesia, como que de ellas se sirve Dios para comunicar sus dones a los demás miembros de ella. A impulso de la caridad que las abrasa, oran sin cesar y trabajan cuanto pueden en bien de sus prójimos. Sin cesar oran y trabajan, porque aman sin cesar y no puede dejarlas ociosas el amor; y porque aman mucho, hacen mucho, según la expresión del Kempis.

Si quieres tener la dicha de estas almas, en tu mano está, pues no te negará esta gracia el Corazón de Jesús. Mas ten entendido que del interior sale todo el mérito de las obras que tanto nos maravillan en los Santos. Sé fiel en cosas pequeñas; haz bien lo que haces de ordinario, y con eso harás mucho para Dios, para el prójimo y para ti.

          Obra con intención pura y buen consejo y dirección; y con eso estás seguro de que obras para Dios.

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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