domingo, 21 de junio de 2026

DÍA 22. ENTREGA DEL CORAZÓN DE JESÚS AL PADRE.

 


DÍA VEINTIDÓS

ENTREGA DEL CORAZÓN DE JESÚS

AL PADRE.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA VEINTIDÓS

(Año veintidós.)

ENTREGA DEL CORAZÓN DE JESÚS

AL PADRE.

 

Primer preludio. Jesús esperando las órdenes de su Padre.

Segundo. Pedir una plena sumisión a la voluntad de Dios.

Punto primero. Motivos. — Segundo. Modo. — Tercero. Efectos.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Motivos. En el dogma de la Providencia tenemos la razón y el fundamento de la confianza con que debe el cristiano entregarse en manos de Dios. Entre las verdades de la religión, pocas hay tan importantes y consoladoras como ésta, pocas que haya recomendado más el Salvador. “Ved a las aves del cielo, nos dice, que ni siembran ni siegan, y vuestro Padre celestial las mantiene. Considerad los lirios del campo cómo crecen. Si tanto cuida Dios una flor que no ha de vivir más que un día, ¿cuánto más cuidado no tendrá de vosotros, hombres de poca fe? Todos vuestros cabellos están contados. No temáis. Más valéis que los pajaritos del cielo, y ninguno de ellos caerá a tierra sin la voluntad de vuestro Padre celestial.”

¿Qué temes, pues, alma cristiana? ¿No es Dios tu Rey, tu pastor y tu padre? Si su providencia se extiende hasta a las avecillas y flores y demás cosas del orden natural, ¿cómo ha de descuidar las del orden sobrenatural? ¡Qué palabra tan consoladora! Mis intereses están en manos del Padre celestial, que sabe lo que me conviene, y puede dármelo, y quiere todo lo que me está bien, porque me ama. Dejémosle obrar y aprovechémonos de cuanto nos envíe para glorificar a nuestro Dios. En las adversidades es cuando más falta nos hace recordar esta lección. Por todo camino viene Dios a nosotros, y se nos da bajo cualquier forma, y nos favorece de todas maneras.

Mira, alma, si estás convencida de esta verdad.

El modo de practicar esta virtud nos lo enseña Jesús con su ejemplo, pues su vida y todo su ser lo puso en manos de la Providencia desde la Encarnación, según nos dice por el Profeta: “En tus brazos me he echado desde el seno de mi Madre.” (Salm. XXI,) “En ti, he buscado mi fuerza y apoyo.” (Salm. LXX.) “En tus manos está mi destino.” (Salm. XXX). Y en esta disposición estuvo toda su vida. “Yo soy, decía, un pobre y un mendigo, pero Dios tiene cuidado de mí.” (Salm. XL). Por último, al morir dijo estas palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.” (Luc. XXIII). En su vida oculta, dejó todo el cuidado de su persona a María y a José, no sólo en lo tocante al comer y al vestir, sino aun en lo que concernía a su misma existencia y salvación de su vida, como se vio en la huida a Egipto.

En la Eucaristía se entrega en manos de los sacerdotes, dejándose traer y llevar de una parte a otra, sin poner nunca resistencia, de cualquier manera que lo traten. ¡Qué ejemplo me da el Señor en su Sacramento a todas horas y momentos del día! ¡Cómo se entrega a mí cuando le recibo! ¿Vos, Señor, os entregáis a mí y yo no me entregaré a Vos?

 

PUNTO TERCERO.

 

Efectos de esta virtud. Si quieres agradar a Jesucristo, conságrate a su Corazón, ofrécete a su amor y confíale tus intereses. “Pocos llegan a esta perfecta y total entrega de sí mismos, pero todos deben trabajar por llegar a ella. Supone esta virtud tan alta una total indiferencia para todo, sin querer más que la voluntad divina en salud y enfermedad, penas y goces: teniendo en nada cuanto puede sufrirse en el mundo de tentaciones, sequedades aversiones y repugnancias. Esta es la virtud de las virtudes y la flor de la caridad.” Hasta aquí San Francisco de Sales.

Por lo que dice el santo doctor, conoceremos lo ventajosa que es al alma esta virtud, pues le da una tranquilidad inalterable en todos los acontecimientos de la vida, cuando sin ella andaría el alma cambiando del día a la noche y de la noche al día, siguiendo los cambios de todas las cosas que la rodean.

Si es de mucho valor este feliz estado, por la estabilidad que da al corazón humano, más se debe estimar, porque pone al alma en entera conformidad con los designios de Dios sobre ella. Nada puede el cirujano, si no se deja curar el paciente. Nada puede el artesano, si se le rompen las herramientas. Nada obrará Dios, si no nos dejamos gobernar por su divina mano.

Ofrécete, alma mía, al Señor que te crio, y no desarregles los planes de su Providencia sobre ti. Confía siempre, ruega con fervor y espera con calma, y di como Abraham a Isaac: “Dios proveerá.” Examina de dónde vienen tus inquietudes, y haz por sondear ese tu corazón tan lleno de excesiva solicitud y congoja. “Echad en Él toda vuestra solicitud, porque Él tiene cuidado de vosotros." (I Ped. V.)

 

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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