jueves, 4 de junio de 2026

Del amor de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar.

 


Viernes de la I semana después de Pentecostés

Del amor de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Viernes de la I semana después de Pentecostés

Del amor de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar.

 

PUNTO PRIMERO. Para rastrear alguna parte del amor inmenso que nos muestra Cristo en el Santísimo Sacramento del altar; conviene ponderar estas cuatro cosas, que serán los cuatro puntos de esta meditación; conviene a saber, quién da, qué da, a quién da, la causa porque da. En cuanto a lo primero, considera que quien da es Cristo, Dios y hombre verdadero, unigénito del Padre, en cuanto Dios igual suyo infinito, inmenso, omnipotente, sumamente sabio, noble, rico, poderoso y con todos los demás atributos que le tocan como a Dios, Verbo del Padre y consustancial con él; y de tal mano ¡qué pudo venir! Dios de Dios, que por este costado es de infinito valor, cuando no lo fuera como lo es de su cosecha: de donde se sigue que también fue y es infinito el amor que se da, como es infinita la persona que le da; ahonda en esta mina y admírate de la grandeza del amor de Cristo en este Santísimo Sacramento, y dale gracias por él y retórnale en agradecimiento todo tu amor.

 

PUNTO II. Considera lo que da, que es como dijimos, su carne, su sangre , su alma y su deidad unida en un supuesto al Verbo Divino; y la segunda persona de la Santísima Trinidad, su omnipotencia, su sabiduría, su santidad, su gracia, sin reservar cosa alguna: no te da solos sus tesoros, sino lo que más es, así mismo te da con ellos, dádiva tan grande, que ninguno de los ángeles la recibió semejante, ni alguno de los hombres llegó con la imaginación a pensarla, ni con la voluntad a desearla, ni menos con la boca a pedirla: verdaderamente sobrepujó la grandeza del amor que nos tuvo el Redentor a todo cuanto el entendimiento humano pudo llegar, y solo el divino pudo dar tal traza de amor y ponerla en ejecución; si acá se estima una joya que da un príncipe, y por ser dádiva suya se guarda engastada en oro y plata y se vincula en los mayorazgos para eterna memoria: joya de tan infinito valor como esta, con la cual todo lo criado no tiene comparación; joya salida de los tesoros de Dios, dada de su divina mano y que en ella recibimos al mismo que la da; piensa y considera cómo se debe estimar. Pide a Dios su gracia para que te lo dé a entender, y aquella veneración y respeto con que la debes tratar, y rastrea por el valor de este don la grandeza de su amor.

 

PUNTO III. Considera a quién la da, que es al hombre, un vil gusano, un muladar de tierra y un pozo de lodo, formado del polvo de la tierra, y en especial a ti, que por ambos costados de cuerpo y alma eres un manantial de miserias y pecados, y que se digne Dios de venir a tu morada y entrar en aposento tan oscuro, asqueroso e indigno por solo tu bien; verdaderamente no se pudo determinar a esto sino movido de la inmensa caridad e infinito amor que tiene a todos los hombres y a ti en particular. Una de las maravillas del mundo fue el magnífico templo que fabricó el rey Salomón; y con ser un pasmo de grandeza, riqueza y perfección, no se acaba de admirar que se dignase Dios venir a él ¿cuánto más se admirará y con más razón que venga y habite en los cuerpos de los hombres pecadores por la grandeza del amor que los tiene ? ¡Oh Señor! alábente los ángeles eternamente, que yo no tengo lengua ni sabiduría para alabarte y bendecirte como debo y mereces por tales muestras de amor. Si me permitieras entrar en tu acatamiento, siendo tú quién eres y yo quien soy, fuera grandísima merced y grande muestra de amor ¿cuánto y más será venir tú a mi pobre casa y darte a ti en manjar? ¡Oh Señor! esto no cabe en mi corta capacidad, ni yo lo puedo comprender ni dignamente alabar.

 

PUNTO IV. Considera la causa que le mueve a darse al hombre en manjar, cifrando toda su grandeza en un bocado, no una, sino tantas veces, en tantas partes, a todas horas y personas, grandes y pequeños, pobres y ricos que le quieren recibir; y que no fue por su interés, sino por el nuestro, por nuestro bien, por nuestra salud y por el amor que nos tiene, dio esta traza nunca pensada para unirse íntimamente con el hombre, y para unirse íntimamente contigo y comunicarte sus virtudes, como se comunica el manjar a quien le come, no pudiendo tirar más la barra en materia de amor. Contempla el fuego que arde en su pecho cuando entra en el tuyo, y quién es el que te ama y el que entra en tu casa, y el que hace tantas finezas por ti, y mira qué debes tú hacer por él; considera el empeño en que te pone y la deuda en que entras recibiendo esta merced de su mano, y derríbate a sus pies, reconociéndote indigno y deudor de ella, y dale las alabanzas y gracias que le dan todas las criaturas, y ofrécele tu alma y cuerpo, tu entendimiento, memoria y voluntad, y cuanto eres y pudieres para servirle eternamente. 

 

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones