viernes, 26 de junio de 2026

De la perfección que enseñó con su vida la Santísima Virgen.

 


Sábado de la IV semana después de Pentecostés.

De la perfección que enseñó con su vida la Santísima Virgen.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Sábado de la IV semana después de Pentecostés.

De la perfección que enseñó con su vida la Santísima Virgen.

 

PUNTO PRIMERO. Por ser este día dedicado al culto de la Beatísima Virgen María nuestra Señora meditarás el ejemplo que dio al mundo de perfección y santidad de vida por los puntos siguientes. Lo primero, considera el fervor del espíritu con que anheló a la perfección desde el instante de su purísima Concepcion hasta su felicísimo tránsito al cielo, empleando todas sus fuerzas en procurarla y aumentarla por todos los medios posibles, logrando la gracia del cielo, obrando con ella perpetuamente y aumentando su caudal con cada acción, así interior como exterior, creciendo sin parar cada momento en perfección; y anímate con su ejemplo a procurarla y aumentarla continuamente con todas tus acciones, así exteriores como interiores de tu alma.

 

PUNTO II. Considera su pureza y su rectitud de intención, buscando y procurando en todo la gloria de Dios; el aborrecimiento que tuvo al pecado y a cualquiera sombra de él, sin admitir jamás la más mínima imperfección, ni cosa que pudiese manchar su alma por todos los intereses criados, en tanto grado que primero perdiera mil vidas que admitir la menor culpa, o cosa que fuese ofensa  a Dios, por lo cual es comparada al armiño, de quien se dice que aborrece de tal suerte mancharse, que si halla lodo a su puerta, se deja prender de los perros por no enlodarse, escogiendo antes la muerte que no la mancha, y por esto le pusieron este mote: malo mori, quam fædari, más quiero morir que mancharme; mayor aborrecimiento tuvo nuestra Señora a la mancha del pecado; de quien debes aprender a desterrarle, y sacar de esta meditación resolución firmísima de morir, antes que admitirle y mancharte.

 

PUNTO III. Considera la pureza de cuerpo у mente que tuvo la Purísima Virgen, discurriendo por los cinco sentidos y por las potencias interiores de su alma, y luego sube a la perfección altísima que alcanzó, a la unión a que llegó tan intima con la voluntad de Dios, sin tener otro querer o no querer en cosa alguna, más de lo que Dios quería o no quería, tan atenta a buscar en todo su mayor gloria y honra, olvidada de su propio interés. Contempla el resplandor de su ejemplo, la fragancia de sus virtudes, la santidad de su alma, la tranquilidad de su conciencia, el amor y caridad perfectísima para con Dios y para con sus prójimos, y aquel paraíso de su interior de las delicias de Dios, en quien se recreaba y complacía; y dale infinitas gracias por haber dado al mundo un dechado tan perfecto de santidad, gózate de su perfección, alábala, engrandécela y por ella a su Criador, y pídele que como te dio este ejemplo, te dé gracia para imitarle, y a la misma Virgen que te la alcance de la Divina Majestad.

 

PUNTO IV. Considera los medios con que alcanzó esta perfección, y los pasos por donde subió a esta cumbre; es a saber, por la penitencia que hizo, que nunca estuvo sin ella, por su recogimiento, silencio, ocupación y oración, por su paciencia y constancia en todos los trabajos, y por el amor encendido de Dios y de su Santísimo Hijo, y la humildad y fervor con que siempre le sirvió y por el resto de las demás virtudes; sigue sus pasos en cuanto pudieres, ajustando tu vida con la suya, que con tal guía y en tal compañía aprovecharás de tal manera, que llegues a lo alto de la perfección con la gracia del Señor.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones