viernes, 19 de junio de 2026

DÍA 20. VIDA OCULTA DEL CORAZÓN.

 


DÍA VEINTE

VIDA OCULTA DEL CORAZÓN.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA VEINTE

(Año veinte.)

VIDA OCULTA DEL CORAZÓN.

Primer preludio. Ver a Jesús viviendo desconocido de los hombres.

Segundo. Pedir la gracia de vivir conocido de sólo Dios.

Punto primero. Vida oculta en el mundo. Segundo. Vida oculta en el sagrario. —  Tercero Vida oculta en la Iglesia.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Vida oculta en el mundo. “En medio de vosotros está, decía San Juan Bautista a los judíos, y vosotros no lo conocéis." Y el amado Discípulo, al principio de su Evangelio, dice: “Vino a su patria, y los suyos no le recibieron. "

Vivió Jesús en el mundo, y no le conoció el mundo, porque ni Jesús tenía el espíritu del mundo, ni estaba apegado a él, sino que, por el contrario, lo condenó y anatematizó. No es extraño, pues, que fuese despreciado, burlado y perseguido en la tierra. ¿Qué debe sacar de aquí un cristiano?

Represéntate, alma cristiana, a Jesús, Hijo de Dios, infinitamente sabio, poderoso y santo que hubiera podido, si quisiera, atraerse las miradas del universo y la admiración del género humano, y prefiere, sin embargo, la oscuridad de una vida oculta. Hijo de Dios, ¿no ambicionas tú la estima de los hombres? ¿No deseas andar en lenguas de todos? ¿No codicias los altos puestos y dignidades? Esto no es estar despegado de la tierra y de sus vanidades. Esto no es estar, como dice el Apóstol, crucificado al mundo.

Contempla el Corazón de Jesús, que se goza en la oscuridad, y gusta la vida oculta, y pone sus delicias en una condición humilde que le esconde a los ojos de los hombres. “Muertos estáis, escribía San Pablo a los primeros fieles, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” (Col., III.) Pórtate, pues, como muerto e insensible a todo lo de aquí abajo, indiferente a los bienes y males de esta vida, y peregrino en el mundo.

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Vida oculta en el sagrario. Y tan oculta, que puede también decirse ahora a los cristianos lo que San Juan decía a los judíos: “En medio de vosotros está y no le conocéis.” Bien pocos son los que, animados de viva fe, saben volver amor por amor al Señor oculto en el Sacramento. Bien pocos saben apreciar la dicha que tienen de poderle visitar siempre que quieren, de poder verle a todas horas, y pedirle lo que necesitan, y gozar de su trato y conversación, y recibir su bendición paternal. Bien pocos gustan de asistir a su divino Sacrificio y mantenerse de su carne, que se nos da en alimento. “Verdaderamente, Señor, sois el Dios escondido”, os diré con Isaías.

Y tú, a quien ha colmado de tantos bienes, ¿sabes al menos conocerle? Tú, a quien ha venido a visitar tantas veces, ¿no podrías visitarle una vez al día? ¿No podrías asistir diariamente al augusto Sacrificio de los altares?

 

PUNTO TERCERO.

 

Vida oculta de Jesús en la Iglesia. Vive Jesús en la Iglesia por su santidad, infalibilidad, poder y bondad, obrando por ella y en ella estupendas maravillas. Mas como el cuerpo ha de seguir la suerte de la cabeza, también la Iglesia ha de participar de las humillaciones de Jesucristo.

Bien sabemos que la luz del Sol divino brilla en las tinieblas del mundo, y que los hombres aman más las tinieblas que la luz. Sabemos que Cristo es despreciado, negado, perseguido y blasfemado en su Iglesia. Sabemos que el Corazón de Cristo es el foco en que se concentran los rayos divinos que alumbran y fecundan a la Iglesia, pero que muy pocos ven su luz y sienten su calor. Sabemos que en Él está el manantial de las gracias, pero que pocos van a beber a esa fuente, que es la raíz de donde brotan las virtudes, pero que la tierra permanece estéril.

Bien podemos decir que Jesús en la Iglesia es el Dios desconocido.

Yo, Señor, por lo que a mí toca, os conoceré, adoraré y amaré, y os seré eternamente agradecido.               

 Ahora consideraré cómo Jesús quiere vivir oculto con los hijos de la Iglesia, y que éstos participen aquí de su estado de humillación, para que luego resplandezcan con Él en la gloria. Aquí han de morir para luego vivir. Aquí han de sufrir desprecios y persecuciones, y han de ser tenidos por la escoria del mundo. Su santa vida, llena de méritos y virtudes, pasará por locura. Sus acciones parecerán ridiculeces. Lo sublime de su doctrina se tendrá por bajeza, y muchas veces morirán, no sólo sin honra, sino tenidos por criminales. Pero Dios los conoce y ama, y como a hijos de predilección los coloca entre los ángeles. ¡Qué maravillas se verán el día del Juicio! ¡Oh vida humilde, tan poco conocida y aun menos practicada! Tú eres la verdadera vida, la vida de Cristo, vida escondida de Dios, depositaría de sus tesoros.

Conozco esta verdad, y haré por no ser de aquellos que sacrifican lo real a lo aparente, el alma de la santidad a una sombra o apariencia de virtud. Viviré con Jesucristo en el retiro, y lejos de buscar la estima de los hombres, desearé ser ignorado de todos.

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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