martes, 16 de junio de 2026

De la piedad y facilidad del Señor en perdonar los pecados.

 


Miércoles de la III semana después de Pentecostés.

De la piedad y facilidad del Señor en perdonar los pecados.

 

MEDITACIONES DIARIAS

DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,

 DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR

PARA EL TIEMPO DESPUÉS

DE PENTECOSTÉS

por el P. Alonso de Andrade,

DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.

 

Al comenzar

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

MEDITACION

Miércoles de la III semana después de Pentecostés.

De la piedad y facilidad del Señor en perdonar los pecados.

 

PUNTO PRIMERO. Añade a las meditaciones dichas esta que sea como epílogo y repetición de las pasadas, y considera lo primero la inclinación que Dios tiene a perdonar los pecados y hacer bien a los pecadores, en que resplandece su infinita piedad y misericordia; pues en todos tiempos y ocasiones que se conviertan a él, los perdona con sumo gusto, y los recibe en su gracia y los hace herederos de su reino. En cualquiera hora, dice por Ezequiel, que llorare el pecador, me olvidaré de tal suerte de todas sus maldades, que nunca jamás me acordaré de ellas. Pondera la infinita piedad de Dios, pues aunque hayan sido más los pecados que las arenas del mar y mayores que los montes más levantados de la tierra, en llorándolos el pecador con verdadera contrición de haberlos cometido, luego los perdona y olvida, y le recibe en su gracia y amistad ¡Oh buen Dios, infinitamente piadoso y misericordioso! bendita sea vuestra piedad por todos los siglos de los siglos sin fin. Saca de aquí grandes afectos de confianza en Dios de alcanzar perdón de tus pecados, y documento juntamente de perdonar tus injurias, como Dios te perdona a ti las tuyas.

 

PUNTO II. Considera que no solamente perdona Dios con facilidad a los que le vienen a pedir perdón, como María Magdalena y el hijo pródigo, etc., sino que pasa su misericordia adelante y viene a buscar a los pecadores, rogándoles con el perdón y la gracia, como buscó a Mateo publica no, a Zaqueo y a otros que refiere el Evangelio, y los perdonó e hizo mercedes, los cuales fueron significados en la oveja perdida que buscó el Pastor y trajo sobre sus hombros. Pídele al Señor que use contigo esta misericordia y que te busque y traiga a su rebaño cuando anduvieres perdido; y que pues tiene tanta propensión a perdonar pecadores, te reciba en su gracia ahora que entras por sus puertas; arrójate a sus pies como María Magdalena, y pídele como ella con lágrimas el perdón de tus pecados, y le alcanzarás del Señor.

 

PUNTO III. Considera lo que Dios pide de parte del pecador para perdonarle, que no es más que un pequé de corazón: un arrepentimiento de lo hecho con propósito de la enmienda en lo futuro, y luego sin más plazos ni dilación le perdona el Señor. Ponte delante de los ojos el ejemplo de David, el cual se arrepintió de su pecado con la reprensión del profeta Natán, y dijo: Pequé contra el Señor, y luego le replicó el profeta: pues ya Dios te ha perdonado, sin que hubiese distancia, como notó san Juan Crisostomo, del arrepentimiento al perdón, y del pequé a la misericordia de Dios; bendita sea su piedad por siempre jamás. Amen. Verdaderamente es joya de tan subido precio la gracia de Dios y el perdón de los pecados,  que si nos pidieran por él cuantas penitencias y mortificaciones, peregrinaciones y penalidades hay imaginables, todas las habíamos de pasar con gusto por alcanzarle, cuánto más pidiéndonos tan poco y dándonos joya tan rica a tan corto precio. Da muchas gracias a Dios porque nos hizo tan fácil la recuperación de su gracia, y por la facilidad con que nos abre las puertas de su misericordia, y nos da el perdón de los pecados: y llora la negligencia de los hombres en buscarla, y pues ves abierta la puerta, éntrate por ella y no dejes de conseguir el perdón de tus culpas y la gracia para tu alma; llora las diligencias que pones en alcanzar los bienes de la tierra, y la negligencia con que buscas los del cielo.

 

PUNTO IV. Considera que no solo perdona Dios los pecados con la facilidad dicha, sino que juntamente hace grandes mercedes a los que se arrepienten de corazón, porque fuera de recibirlos en su amistad y hacerlos herederos del cielo, les hace otras muchas mercedes, como las hizo a san Mateo, escribiéndole entre sus Apóstoles; y a santa María Magdalena, hospedándose en su casa y resucitando a su hermano Lázaro de cuatro días muerto, y defendiéndola de la murmuración del fariseo, etc. En tanto olvido pone Dios los pecados de los penitentes, que no se acuerda más de ellos como si no los hubieran cometido, y los tiene por amigos y los hace mercedes como a tales: aliéntese tu corazón con esta liberalidad; saca de aquí una resolución firme de amar y servir a tan buen Señor, y hacer bien a quien te hiciere mal.

 

Al terminar

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e ins­pi­ra­ciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.

 

Ofrecimiento diario de obras

Ven Espíritu Santo

inflama nuestros corazones

en las ansias redentoras del Corazón de Cristo

para que ofrezcamos de veras

nuestras personas y obras

en unión con Él

por la redención del mundo

 

Señor mío y Dios mío Jesucristo

Por el Corazón Inmaculado de María

me consagro a tu Corazón

y me ofrezco contigo al Padre

en tu Santo Sacrificio del altar

con mi oración y mi trabajo

sufrimientos y alegrías de hoy

en reparación de nuestros pecados

y para que venga a nosotros tu Reino.

Te pido en especial

Por el Papa y sus intenciones,

Por nuestro Obispo y sus intenciones,

Por nuestro Párroco y sus intenciones