domingo, 7 de junio de 2026

DÍA 8. TERNURA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 


 DÍA OCTAVO.

TERNURA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

 DÍA OCTAVO.

(Octavo año.)

TERNURA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

Primer preludio. Representarse a Jesús en toda su amabilidad tratando con los hombres.

Segundo. Pedirle la gracia de amar de veras al prójimo.

Punto primero. Jesús, amigo. — Segundo. Hermano. — Tercero. Padre. — Cuarto. Esposo.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Jesús, amigo. Del amor de Dios nace el amor de los hombres, que son sus hijos, y así nos ama Jesús con un corazón de amigo, y se llama amigo nuestro, y guarda todas las leyes de la verdadera amistad. ¡Qué nombre tan dulce! “¿Qué se comparará con mi amigo fiel? Ni el oro ni la plata se le pueden poner en parangón” dice el Sabio. (Ecles., VI.)

¡Oh discípulo amado, que descansaste sobre el pecho de Jesús! Dinos si sabe amar este Señor. Este es el amigo fiel que da la vida y la inmortalidad, y sirve de defensa a los que son objeto de su ternura, como dice el Espíritu Santo en el lugar citado. No abandona a los suyos en la desgracia ni en la muerte, y esto por puro amor y sin interés alguno.

¿Cómo he correspondido yo a tan fina amistad? Yo, que me precio de amigo fiel con todos, sólo con vos he sido ingrato y desleal. Dios mío, ¡cuántas veces os he abandonado con negra traición! ¡Perdón, Jesús mío, perdón!

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Jesús, hermano. Al título de amigo añade otro más dulce, que es el de hermano. “No se avergüenza, dice San Pablo, de llamarnos hermanos suyos." (Heb., II.)

Nada más dulce que el amor fraternal, ni más íntimo que el vínculo que une a los hermanos entre sí. “Ve a mis hermanos, dice Jesús a María Magdalena, y diles que voy al Padre mío y vuestro.” (San Juan, XX.) Este título no es un nombre vano en su boca, pues quiere hacernos herederos con él del reino eterno. Semejante largueza nos parecerá más generosa aún, si consideramos que no la hemos merecido en manera alguna, sino que antes bien la hemos desmerecido por la indigna bajeza e ingratitud con que le hemos tratado; pues le hemos despreciado, ultrajado y entregado a la muerte, al paso que este Señor nos amaba, buscaba y rescataba del infierno; y de pobres desterrados que éramos, nos hacía hijos de Dios y herederos del Cielo.

Si quieres mostrar tu gratitud a este beneficio del Señor, ama a tu prójimo, sirve a Cristo, nuestro Salvador, en sus miembros, pues cuanto hicieres con ellos lo haces con Él, y tendrás la dicha de satisfacerle sus ardientes deseos y pagarle lo mucho que le debes.

 

PUNTO TERCERO.

 

Jesús, padre. Los lazos que unen a un padre con sus hijos son aún más estrechos que los que unen entre sí a los hermanos. Y este nombre ha querido tomar también el amable Jesús, llamándose padre, porque nos ama con amor paternal. Por darnos la vida ha derramado su sangre, y nos está diariamente sustentando con su carne divina, de tal suerte, que más puede llamarse padre nuestro que los padres que nos engendraron y que las madres que nos criaron a sus pechos.

Mucho deben los hijos a sus padres; pero más es lo que debemos nosotros a nuestro Salvador.

¿Qué deberé hacer para mostrarle mi agradecimiento? ¿Qué deberé hacer hoy mismo?

 

PUNTO CUARTO.

 

Jesús esposo. Tiene Jesús un corazón de esposo. Este parentesco es el más íntimo que existe en el mundo. ¿Quién podrá entender lo que encierra esta íntima alianza de la criatura con el Creador? ¿Quién hubiera creído que llegaría el Hijo de Dios a contraer desposorios con unas criaturas tan bajas y miserables, tan afeadas por el pecado, tan llenas de imperfecciones, tan desarregladas en sus deseos, tan corrompidas por sus vicios, tan despreciables en todos conceptos? Y, sin embargo, no se puede dudar que, enamorado el Señor de nuestras almas, las ha elegido por esposas. “Has herido mi corazón, hermana y esposa mía," dice en los Cantares. (Cant. IV.)

“Me alegraré en el Señor, dice el Profeta, porque me ha revestido con ornamentos de justicia, como a un esposo que ciñe corona, y como a una esposa adornada de ricas galas.'' (Is., LXI.) Semejantes desposorios contrae el Corazón de Jesús con el del hombre, obrando tal enlace la divina caridad. “Mi amado es para mí, y yo para mi amado." (Cant. II.)

¿Quién podrá, Señor, aspirar a tal unión con vuestra majestad? Escucha, alma mía, la que dice el Señor: “Me desposaré contigo para siempre con un enlace de justicia, de juicio, de misericordia y de compasión; me desposaré con fidelidad, y sabrás que Yo soy el Señor." (Os., II.)

A esta preciosa unión nos dispone la justicia, la pureza y la humildad; nos la concede la Bondad divina, y nos la conserva la fidelidad.

 

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan, te amaré por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

¡Comparte con tus familiares y amigos!