sábado, 20 de junio de 2026

DÍA 21. VIDA DIVINA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 


DÍA VEINTIUNO.

VIDA DIVINA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

MES
DEL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

O

 

PRINCIPALES VIRTUDES

DE ESTE ADORABLE CORAZÓN,

CONSIDERADAS EN TREINTA Y TRES MEDITACIONES CORRESPONDIENTES

A LOS TREINTA Y TRES AÑOS DE LA VIDA

DEL DIVINO SALVADOR.

 

Traducido libremente

de la obra del

P. Francisco J. Gautrelet, de la Compañía de Jesús,

fundador del Apostolado de la Oración

 

 

EJERCICIO PRÁCTICO

PARA TODOS LOS DÍAS DEL MES.

 

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACIÓN PARA EMPEZAR.

 

¡Oh Jesús!, amable Salvador mío, que os habéis hecho hombre y quisisteis pasar treinta y tres años en este mundo miserable para mostrarnos el camino del Cielo; concededme la gracia de venerar este año de vuestra vida que voy a contemplar, y de poner en práctica las virtudes de que en él me dais tantos ejemplos. Enseñadme la imitación fiel de vuestro divino Corazón.

Y pues sois mi dueño y mi modelo, mi redentor y mi padre, ilustrad mi entendimiento, purificad mi corazón, fortificad mi voluntad, gobernad, dirigid, santificad mis acciones, enseñadme a hacer buen uso de las facultades de mi alma y de los sentidos de mi cuerpo.

Haced que os tenga siempre en mi pensamiento, que mi boca pronuncie a menudo vuestro santo nombre, que mi corazón os ame sin cesar, que no busque yo sino vuestra gloria en todo, y no trabaje ni viva sino para vos. Esta gracia os la pido también para todos mis prójimos. Bien pocos son los que os aman de veras. ¡Qué dolor ver tantas almas agobiadas de penas y trabajos, y más aún de culpas y pecados! Acordaos de esos infelices, a quienes todavía queréis llamar hermanos y tened piedad de ellos. Acabad vuestra obra, amable Redentor, dulce esperanza mía, por los méritos de vuestra santa vida, dolorosa Pasión, preciosa muerte y gloriosa resurrección. Os la pido por el dulcísimo nombre que lleváis, por ese Corazón que tanto nos ha amado, y que os habéis dignado darnos para que sea nuestro refugio, nuestro asilo, nuestra fortaleza y esperanza en estos aciagos días. Os lo pido por la intercesión de vuestra Santísima Madre, que también lo es nuestra.

Con esta intención os ofrezco mis obras y trabajos del presente día en unión de lo que por mí hicisteis y padecisteis en la tierra, y, sobre todo, en unión con el sacrificio adorable de la Misa, en cualquier parte de la tierra que se celebre. Oíd, Señor, a vuestros hijos, y tened piedad de nosotros. Amén.

 

DÍA VEINTIUNO.

(Año veintiuno.)

VIDA DIVINA DEL CORAZÓN DE JESÚS.

 

Primer preludio. Ver a Jesús trabajando en el taller.

Segundo. Pedir la gracia de vivir de su vida divina.

Punto primero. Jesús vive de Dios. — Segundo. Jesús vive en Dios. Tercero. Jesús vive para Dios.

 

PUNTO PRIMERO.

 

Vida de Dios: porque nace su vida en el seno de la divinidad, y con la vida nace la santidad y todas las virtudes que admiramos en el Hombre-Dios. Por ser Dios la fuente y manantial de todo lo que vive, se le llama el Dios vivo; y con esta denominación se da a entender que tiene la vida en sí, no como las criaturas, que la tienen prestada. Jesucristo, en cuanto Dios, es el engendrado del Padre, y por eso se llama en el Credo de la Misa Dios de Dios; como hombre, recibe cuanto tiene de la Santísima Trinidad. Por eso vive en una entera y continua dependencia de la divinidad, y en este sentido dice que el Padre es mayor que Él.

Si quieres saber hasta qué punto llega esta dependencia, oye lo que dice Él mismo: “Mi doctrina no es mía, sino del que me envió.” (San Juan, VII) “Lo que he oído al Padre, eso enseño en el mundo.” (San Juan, VIII.) Siempre ha estado en esta dependencia de la divinidad. Haz la aplicación a ti mismo y considera que debes al Corazón, de Jesús lo que el mismo Jesús debe al Padre, pues de Él has recibido la vida y el título de hijo de Dios, por el cual eres miembro suyo y como un sarmiento de esta misteriosa vid. Debes, pues, vivir en perfecta dependencia de tu Señor, como los miembros de la cabeza, y las ramas del árbol. Debes oír su voz cuando te habla al corazón; debes consultar su voluntad y obedecer a sus inspiraciones. Esto es vivir de su vida. ¿Lo haces así?

 

PUNTO SEGUNDO.

 

Jesús vive en Dios. Jesucristo, en cuanto Dios, está en el Padre, y el Padre está en Él. Otro tanto se puede decir, proporción guardada, de la unión que reina entre la divinidad y humanidad de Cristo nuestro Señor. Dios está en el hombre y el hombre en Dios; Dios para el hombre y el hombre para Dios, aunque de distinta manera. Y así puede decirse que todo allí es común. En el Padre encuentra el Hijo el principio y la regla de sus actos; así la humanidad de Cristo tiene el principio y la regla de los suyos en la divinidad.

Este es, alma fiel, el modelo que has de imitar. Como Jesús es del Padre, tú eres de Jesús, Tú has de vivir en Él y Él en ti, como la rama en el árbol y el árbol en la rama. Sólo a esta condición puedes vivir espiritualmente y ser fecunda en buenas obras. No debes ser tuya, sino de Cristo, y Él es el que ha de vivir, pensar y obrar en ti; comunicándote por gracia su vida divina; Él es el que ha de reinar en ti. ¡Dichosa esclavitud! ¡Feliz dependencia!

Mas ¿eres tú fiel en dejarte gobernar por Jesucristo, como este Señor se dejaba conducir por el Espíritu Santo? ¿Es Jesús el director de tus acciones? ¿No es más bien la naturaleza, la rutina, el espíritu del mundo, la pasión?

 

punto tercero.

 

Vive para Dios. “Como el Padre que posee la vida dice Cristo, me ha enviado, así vivo yo para el Padre." (San Juan, VI.)   Es como si dijera: a la gloria del Padre lo dirijo todo, palabras, obras y trabajos. Esto debe hacer el alma cristiana por el Salvador divino. Y luego añade el Señor: “El que me come, ha de vivir para mí.” Puesto que de Él hemos recibido la vida, y que a Él le pertenecemos, justo es que todo se lo entreguemos a Él. A Él le hemos de dar la gloria de todo bien, porque de Él viene todo bien. Él es el principio de todas nuestras acciones sobrenaturales, justo es que sea también el fin de ellas.

Ya sabes, alma cristiana, a qué te  obliga la fe y la gratitud. Debes glorificar a Jesucristo, trabajar para que le conozcan los hombres, amarle y servirle, y hacer que le amen y sirvan los demás. Este Corazón amable vive de Dios, en Dios y para Dios; y yo, miembro de Cristo, debo vivir de Él, en Él y para Él.

¿Cuándo podré yo decir como San Pablo que mi vivir es Cristo? Por desgracia, vive en mí el hombre viejo. ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo? Llamándome Dios hijo suyo, ¿no es justo que viva yo una vida digna de un hijo de Dios?

 

 

ORACIÓN FINAL.

Acto de consagración y desagravio

al Sagrado Corazón de Jesús.

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar, en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo, que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma, que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes, que florecerán al abrigo de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos, y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya en mis ojos lágrimas. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así    como tú, ¡oh Corazón divino!, has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre, no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian, y rogaré, y gemiré y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte.  Amén.

***

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío.

Corazón Sacratísimo de Jesús, ten misericordia de nosotros.

Jesús, manso y humilde de Corazón, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Inmaculado Corazón de María, sed la salvación mía.

***

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