Miércoles de la I semana después de Pentecostés.
De la vida que hacían los primeros cristianos y de la elección de san Bernabé al apostolado por el Espíritu Santo.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Miércoles de la I semana después de Pentecostés.
De la vida que hacían los primeros cristianos y de la elección de san Bernabé al apostolado por el Espíritu Santo.
PUNTO PRIMERO. Considera lo que dice san Lucas, que después de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, con ser tantos los nuevos cristianos que solo en Jerusalén pasaban los primeros días de ocho mil, vivían en suma paz y concordia, teniendo todos un corazón y como un alma en muchos cuerpos; los bienes eran comunes, y cuanto tenían lo vendían y echaban el precio a los pies de los Apóstoles, y frecuentaban la sagrada comunión todos los días, los cuales gastaban en oración y santas obras. Todo esto escribe san Lucas, porque veas los efectos que hizo en aquellos nuevos cristianos la gracia del Espíritu Santo. Mete la mano en tu pecho y mira si ha hecho en ti estos efectos; y si tienes prendas de que mora en tu alma; y si has correspondido a su gracia con semejantes obras; pídele al Señor para imitar su vida, y córrete, cotejando la tuya con la suya, de la tibieza con que vives, y lo mal que logras las inspiraciones que te da el Espíritu Santo.
PUNTO II. Considera que uno de estos fieles era san Bernabé, al cual escogió y señaló el Espíritu Santo con san Pablo, por apóstol del Señor; por que entre todos se esmeraba en la santidad y en el fervor de la predicación, por el cual mereció recibir esta gracia de Dios; pondera cómo no se limita Dios a tiempos, pues después de estar Cristo en el cielo eligió para Apóstoles a estos santos porque su vida y predicación lo mereció; dale gracias por ello y anímate con su ejemplo a servirle con fervor, despreciando el mundo y entregándote todo al servicio de Dios.
PUNTO III. Considera cómo anduvo san Bernabé como peregrino por el mundo, alumbrándole con la luz de su doctrina; los trabajos que pasó, las persecuciones que tuvo, las batallas que venció y el fruto que hizo en las almas por medio de su predicación y santa vida, y toma aliento con su ejemplo para seguir sus pisadas, si Dios te llamare a su ministerio, confiando en la virtud divina que te dará la gracia a la medida de tu vocación y del ministerio y oficio en que te pusiere, como la dio a san Bernabé.
PUNTO IV. Considera su martirio y cómo firmó con su sangre la doctrina evangélica que predicaba, dando la vida alegremente por Cristo; y luego levanta los ojos al cielo y contempla la corona con que Dios le premió en el reino de la gloria: sus trabajos pasaron y sus tormentos acabaron brevemente, y su gloria dura y durará para siempre: contempla esta verdad con atención, y enciende tu corazón en vivos deseos de servir a Dios y padecer por él, y pídele su favor para cumplirlos y alcanzar la felicidad que alcanzó san Bernabé.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones