Miércoles de la IV semana después de Pentecostés.
De la pesca que hicieron los discípulos en nombre y por mandado del Señor
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Miércoles de la IV semana después de Pentecostés.
De la pesca que hicieron los discípulos en nombre y por mandado del Señor
PUNTO PRIMERO. Considera cómo los discípulos aunque tan diestros en la pesca y tan ejercitados en aquel mar, trabajaron toda la noche sin prender un pez ni sacar nada, y en echando la red por la obediencia de Cristo, sacaron tan copiosa pesca que no la podían traer; porque sepas lo que puede la obediencia, y te persuadas que vale más un lance echado por orden del superior, que tiene el lugar de Dios, que muchos por la propia voluntad. Saca de aquí propósitos firmísimos de regirte en todo por la obediencia de tu superior, cualquiera que sea, y no por tu voluntad, y verás dichoso logro de tus acciones.
PUNTO II. Considera cómo echaron la red en el nombre del Señor diciendo: toda la noche hemos trabajado sin coger nada, ahora la echaremos en tu nombre; y con el de Jesús en la boca la lanzaron en la mar y cogieron tan gran pesca. Saca de aquí la rectitud de intención que debes tener en todas tus acciones, enderezándolas a la gloria de Dios, y no empezando alguna que no sea en el nombre suyo y para su santo servicio, y espera por su virtud buen logro de todas tus obras.
PUNTO III. Considera cómo viendo el gran lance que sacaban, llamaron a los de la otra nave, los cuales vinieron y los ayudaron, y llenaron ambas naves de la pesca que les dio el Señor; en que tienes dos documentos para tu alma: el primero contra la envidia y en favor de la fraterna caridad, dando parte de tus felicidades y de los buenos sucesos a tus hermanos, valiéndote de sus fuerzas e industria para el servicio de Dios; el segundo de ayudarlos en las ocasiones que necesitaren de ti con amor y caridad, como se ayudaron en esta ocasión los unos a los otros, y a todos hizo Dios merced, la cual puedes esperar del Señor, si los imitares tú.
PUNTO IV. Medita las últimas palabras que dijo Cristo a san Pedro: no quieras temer, porque de hoy en adelante has de ser pescador de hombres y no de peces, como lo has sido hasta aquí. Oye, alma mía, estas palabras como dichas a ti de la boca del Salvador, y no quieras temer de entrar en cual quiera ocupación que Dios te pusiere, por alta y dificultosa que sea, que él te dará la gracia y el talento necesario para ella; no quieras temer, teniendo a Cristo a tu lado, que él te sacará a paz y a salvo de las empresas en que entrares por su mandado; no le pierdas de vista, y no te perderá él a ti; no le dejes y no te dejará: acuérdate de lo que le pasó a un piloto con César, que pasando un brazo de mar y alterándose con los vientos se turbó, y César le animó diciendo: ne timeas, fortuna Cæsaris tecum est. No temas, que va contigo César y su dicha: ¿qué comparación hay de César al Salvador? Si la compañía de César y su dicha animaba al piloto en los riesgos conocidos, ¿cuánto más te debe animar a ti la asistencia y la gracia del Señor? No temas, que de aquí adelante has de ser pescador de hombres y los has de traer a Dios: echa la red, como dice Cristo, no el anzuelo, como advirtió san Bernardo; porque este pesca poсо у con dolor, pero la red mucho y con tanta blandura y suavidad, que estando los peces en la cárcel de la red presos, no lo sienten hasta que los sacan del agua; así has de procurar traer los hombres a Dios con la blandura, benignidad y mansedumbre de Cristo, con buena doctrina y mejor ejemplo, y cogerás una grande pesca; medita esto despacio, y ofrécete al Salvador para servirle, y pídele su gracia para cumplirlo.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones