Lunes de la II semana después de Pentecostés
De los que se excusaron de la cena.
MEDITACIONES DIARIAS
DE LOS MISTERIOS DE NUESTRA SANTA FE,
DE LA VIDA DE CRISTO, NUESTRO SEÑOR
PARA EL TIEMPO DESPUÉS
DE PENTECOSTÉS
por el P. Alonso de Andrade,
DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS.
Al comenzar
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
MEDITACION
Lunes de la II semana después de Pentecostés
De los que se excusaron de la cena.
PUNTO PRIMERO. Considera las escusas que dieron los que no vinieron a la cena del Padre de familias, y la pena con que los castigó por ellas; el primero se escusó porque había comprado un pago o viña, y que necesitaba de verla; en que declara los hombres que se impiden de venir al convite de su celestial mesa por acudir a la hacienda, a los bienes caducos de este mundo, anteponiendo lo terreno a lo celestial, y la hacienda a la comunión y al bien de sus almas; considera cuán errados van estos, y qué burlados se hallarán cuando se vean pobres y mendigos, pasada la farsa de este mundo y perdido un bien tan grande como pudieron alcanzar, solo con venir a esta mesa y convite del Señor: llora su pérdida y escarmienta en su cabeza, y note ciegue la codicia de lo temporal por dejarlo celestial.
PUNTO II. El segundo dijo que había comprado unos bueyes y que iba a probarlos, y así no podía venir ¡Oh ceguedad de los hijos de Adán! que por unos viles animales dejáis la mesa del Altísimo: esta significa los que por la labranza y codicia de aumentarla hacienda, dejan la sagrada comunión y les parece que es bastante escusa acudir a ella para dejar a Dios, y vienen a perderlo todo: a Dios porque le dejan, y a la hacienda porque no la logran y se les deshace entre las manos: saca de aquí desengaños para tu alma y propósitos firmes de acudir primero a Dios, a los bienes espirituales y al provecho propio, confiando en el Señor que por este medio lograrás todos tus deseos mejor, y verás en tu casa los aumentos de lo espiritual y temporal.
PUNTO III. Considera la tercera escusa que dio el que dijo que se había casado y que no podía venir, en que declaró el Redentor el impedimento de muchos, que dejan la sagrada comunión por las mujeres y por sus vicios carnales, que es el mayor contrario que tiene este manjar: considera la pureza que requiere de alma y cuerpo, pues para darles Melchisedech a los soldados de David los panes de la proposición, que eran sombra de este pan, les pidió castidad y pureza aun de sus propias mujeres, y los hombres sensuales se entregan de manera a los apetitos desordenados de su carne, que no dudan dejar por ellos este celestial manjar y privarse del alimento de la vida ¡Oh ceguedad lamentable y digna de ser llorada con lágrimas de sangre! Que truequen los hombres la muerte por la vida, el manjar de los ángeles por el de los brutos animales, y el gusto celestial por el sensual: llora la perdición de tantos como arrastra este vicio, y pide a Dios que te tenga de su mano para que no te venza como a flaco; aparta las ocasiones de caer en él, y estudia con sumo cuidado de alcanzar y conservar la pureza de tu alma y cuerpo, para que seas digno de llegar a esta mesa celestial
PUNTO IV. Considera lo que dice el Evangelio, que se airó el Padre de familias contra los que se escusaron, porque delante de Dios no hay escusa fingida que valga; él conoce las intenciones y que pudieron estos, sin perder sus haciendas, ni sus casamientos, emplearse en su servicio: mira cuantas veces te ha llamado a ti, y cuántas te has escusado de venir a servirle con menos causa que estos, y teme su indignación, y que no te castigue con el rigor que a ellos, privándote de su mesa y dando a otros su manjar; desprecia todo lo terreno por alcanzar lo celestial; deja el mundo por merecer este divino manjar, olvida los festines de los hombres y la mesa del mundo por la de Cristo y por el convite de este cuerpo, en que hallarás todos los sabores y deleites que puedes desear.
Al terminar
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda: interceded por mí.
Ofrecimiento diario de obras
Ven Espíritu Santo
inflama nuestros corazones
en las ansias redentoras del Corazón de Cristo
para que ofrezcamos de veras
nuestras personas y obras
en unión con Él
por la redención del mundo
Señor mío y Dios mío Jesucristo
Por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón
y me ofrezco contigo al Padre
en tu Santo Sacrificio del altar
con mi oración y mi trabajo
sufrimientos y alegrías de hoy
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu Reino.
Te pido en especial
Por el Papa y sus intenciones,
Por nuestro Obispo y sus intenciones,
Por nuestro Párroco y sus intenciones